
Los estrictos límites de tiempo impuestos por el gobierno de Estados Unidos a la selección iraní la obligan a abandonar el campo inmediatamente después de cada partido.
Paulo Alexandre Araujo, fisioterapeuta, ha trabajado con los mejores futbolistas del mundo. Pero dijo que nada lo había preparado para las condiciones a las que se enfrentó al atender a la selección de Irán en la Copa Mundial.
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El gobierno de Estados Unidos impuso a Irán límites de tiempo muy estrictos, lo que obliga al equipo a abandonar inmediatamente el estadio --y el territorio estadounidense-- después de disputar allí sus partidos del Mundial, según dijo Araujo, miembro de la delegación iraní. Tras el primer partido del equipo contra Nueva Zelanda, Araujo vendó a los jugadores durante el vuelo de vuelta a su concentración en México, un tratamiento que, según dijo, normalmente se haría en el vestuario. Ningún otro equipo del Mundial enfrenta las mismas restricciones.
Según los plazos impuestos por el gobierno de Estados Unidos, a la delegación iraní se le permite entrar en el país un día antes de cada partido y, después, dispone del tiempo justo para llegar al aeropuerto y partir.
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El capitán de Irán, Mahdi Taremi, y su entrenador, Amir Ghalenoei, expresaron su frustración por el trato recibido tanto antes como después de su partido contra Nueva Zelanda, el cual tuvo mucha más importancia que un partido típico entre dos equipos que rara vez tienen repercusión deportiva en el torneo. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha sometido su participación en el Mundial a un escrutinio severo durante meses. Además, Los Ángeles alberga una gran comunidad de la diáspora iraní y es un semillero de la oposición al gobierno de Teherán.
"Hubo tantas cosas injustas, ya sabes", dijo Araujo en una entrevista en Tijuana, México, donde la selección iraní se aloja entre partido y partido. Las dificultades, según contó, empezaron en cuanto el equipo aterrizó en Estados Unidos el domingo. Varios miembros de la delegación iraní, incluido Araujo, tuvieron que responder a preguntas minuciosas de los agentes fronterizos estadounidenses. El proceso, según explicó, duró horas, antes de que se les exigiera otro control exhaustivo fuera del aeropuerto para subir al autobús del equipo.
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El tiempo que tardaron los trámites del equipo los obligó a cambiar de planes. En lugar de descansar en su hotel, los jugadores iraníes se dirigieron directamente al SoFi Stadium, en la ciudad de Inglewood --sede de su primer partido--, para cumplir con sus obligaciones con los medios y asistir a una sesión de familiarización con el estadio que ya estaba programada.
En una rueda de prensa el domingo, Taremi se disculpó por llegar tarde y describió la llegada del equipo a Estados Unidos como tensa. Esto se sumó a otros episodios difíciles que se remontan a meses atrás, como una larga espera para obtener las visas y un cambio de última hora en la ubicación de su concentración, que pasó de Tucson, Arizona, a Tijuana.
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El impacto en los jugadores ha sido tan grande que es difícil calcularlo del todo, dijo Araujo. La selección iraní ha tenido que arreglárselas sin sus responsables de comunicación, analistas y otros miembros del personal necesarios para realizar tareas cruciales, como gestionar los cambios durante los partidos.
"Cuando los jugadores tienen que esperar en el aeropuerto, unas dos o tres horas, y al llegar se ven rodeados de tipos con ametralladoras y todo esto, no están acostumbrados a eso", dijo Araujo.
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Tras el partido, Ghalenoei describió a su equipo ante los periodistas como "el más oprimido" del torneo. Taremi añadió: "Todo es como un desastre para nosotros".
Irán ha escrito a la FIFA, dijo un responsable del equipo, para que flexibilice las normas sobre su estancia en Estados Unidos, incluida una petición de más tiempo para prepararse antes del partido. Su próximo partido arranca el domingo a mediodía contra Bélgica, una hora de inicio que, según temen los entrenadores, les deja aún menos tiempo para aclimatarse.
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"Los 55 miembros de la selección nacional de fútbol de Irán, incluidos jugadores y personal técnico, que llegaron al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles el domingo 14 de junio, fueron inspeccionados y tramitados para su entrada en el país por agentes de la CBP sin incidentes", dijo un vocero de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos en un comunicado enviado por correo electrónico. El comunicado añadía que las autoridades habían logrado un equilibrio entre "medidas de seguridad rigurosas y una tramitación eficiente" en todas las ciudades anfitrionas y puntos de entrada.
La FIFA no respondió a una solicitud de comentarios.
Mientras el autobús del equipo esperaba con el motor en marcha de camino al aeropuerto el lunes, Araujo hizo todo lo posible para atender rápidamente a los jugadores. Dijo que normalmente le pide a cada uno que pase unos 12 minutos en un baño de hielo para recuperarse del esfuerzo del partido, pero como el tiempo apremiaba, cada jugador se metió en el agua fría durante aproximadamente un minuto. "Es como meterlos en el agua, que salgan, se den una ducha y apresurarnos porque nos habían dicho que teníamos que irnos ya mismo", dijo.
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Tras el primer partido de Irán, su equipo médico no pudo realizar un seguimiento completo de las lesiones que los jugadores pudieran haber sufrido durante el partido, dijo Araujo.
Subir al avión presentó sus propios desafíos. Se instaló un control a unos metros de su avión, donde, de dos en dos, los jugadores y la delegación de Irán se sometieron a un segundo control de seguridad tras haber superado ya los controles de seguridad y de pasaportes dentro del aeropuerto. "Tardamos más de tres horas en subir al avión", dijo Araujo.
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El equipo finalmente llegó a su base en Tijuana pasadas las 2 a. m.
Cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, entró en el vestuario de Irán para darles ánimos tras el partido, Taremi dijo que el equipo necesitaba más apoyo. Araujo comentó que es poco probable que esas peticiones mejoren su situación de cara a los partidos que quedan
"A nadie le importa", dijo. "Esta no es forma de tratar a los deportistas cuando se habla de competición justa".
Tariq Panja es corresponsal mundial de deportes y se centra en historias en las que el dinero, la geopolítica y el crimen se cruzan con el mundo del deporte.
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