Las canciones de Olivia Rodrigo no siempre están a la altura de su impecable gusto

The New York Times: Edición Español

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En la primera estrofa de "Drop Dead", el conmovedor sencillo de synthpop que da inicio al tercer álbum de Olivia Rodrigo, «You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love», la cantautora se derrite por un chico que "se sabe toda la letra de 'Just Like Heaven'", un clásico de 1987 de The Cure que, para Rodrigo, de 23 años, ya es un éxito consagrado.

Rodrigo dejó aún más clara la admiración que siente por el new wave y el rock alternativo en el lanzamiento del segundo sencillo del álbum, una desgarradora y conmovedora canción de autodesprecio impulsada por la guitarra acústica que suena a una mezcla entre "Disarm" de Smashing Pumpkins y "Everlong" de Foo Fighters, titulada --sí-- "The Cure". Insistió en que el título no era otra referencia a la leyenda del rock gótico, pero eso se hizo más inverosímil cuando el fin de semana pasado, reveló en el escenario de un festival en Barcelona durante una actuación sorpresa que el nuevo álbum también incluía una canción llamada "What's Wrong With Me»" un dueto con el vocalista de The Cure, Robert Smith.

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Dicha devoción, desplegada con tanto cuidado y decididamente fiel a su mensaje, hacia sus relativamente nuevas influencias captura tanto lo refrescante de Rodrigo como lo que, tras cinco años de superestrellato, se ha convertido en una especie de obstáculo.

En un mundo por lo demás poblado de estrellas pop alegres y descaradas, con sonrisas eternas y gustos predecibles, los puntos de referencia melancólicos, poco ortodoxos y a veces incluso contraculturales de Rodrigo son un soplo de aire fresco. Por ejemplo, cuando recientemente recibió críticas (cuestionables) por su afición a los vestidos babydoll, citó fervientemente al movimiento punk feminista antipatriarcal de principios de los 90 y a las vocalistas revoltosas del grunge, como Courtney Love y Kat Bjelland de Babes in Toyland, como sus inspiraciones. Así, demostró una vez más ser una estudiante sobresaliente de los símbolos de la Generación X. (Incluso invitó a The Breeders como grupo abridor en varias fechas de su gira Guts World Tour).

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Aun así, esas comparaciones autoimpuestas con sus anárquicas predecesoras llaman la atención por un brillo inherente que sigue rodeando a Rodrigo: una antigua actriz infantil que comenzó su carrera protagonizando una película de "American Girl" y dos series de Disney de gran repercusión. Incluso cuando toca acordes distorsionados de guitarra eléctrica con un vestido punk rock , sigue desprendiendo una presencia telegénica.

Aun así, los sobresalientes primeros dos álbumes de Rodrigo --el enérgico debut de 2021 «Sour» y su sucesor de 2023, «Guts», más maduro pero efervescente, dos de los LP pop más agudos y congruentes de la década hasta el momento-- inyectaron una energía inteligente y aguda a la música comercial de la Generación Z. Aunque «You Seem Pretty Sad» tiene momentos que están a la altura de su obra más inspirada, en general es el primer álbum que publica que no es tan revelador.

Rodrigo saltó a la fama con "Driver's License", una conmovedora confesión con piano, escrita y producida por el veterano del emo de Long Island Dan Nigro, con quien ha seguido trabajando desde entonces. Al fusionar a la perfección sentimientos universales con los detalles de la propia vida de Rodrigo, "Driver's License" tenía el poder de elevar la experiencia adolescente a un estado máximo de exaltación y de hacer que cualquiera mayor de esa edad recordara, de forma bastante visceral, cómo era ser joven y tener el corazón roto.

Sin embargo, ese éxito temprano puede explicar por qué los álbumes posteriores de Rodrigo están cada vez más cargados de baladas de piano inertes, un pequeño defecto de «Guts» que se hace más notable en este solemne tercer álbum, que narra una relación romántica en su totalidad, desde el cosquilleo del enamoramiento hasta la lenta acumulación de dudas y la eventual ruptura.

El estricto apego a esa cronología a veces frena el impulso del álbum. "Drop Dead" es un tema inicial exuberante, pero hay una caída inmediata de energía en las dos pistas siguientes: la ansiosamente apasionada "Stupid Song", que comienza con acordes de piano melancólicos y tarda demasiado en llegar a una segunda mitad más emocionante, al estilo de Lorde y la ensoñadora y atmosférica canción de amor "Honeybee", una de las dos canciones de las que Rodrigo es la única autora, y que interpreta con delicada fragilidad. (La compositora Amy Allen, más conocida por su trabajo con la exrival de Rodrigo, Sabrina Carpenter, figura como coautora en cinco de las 13 canciones.) "Es demasiado difícil describir esto de una forma que resulte honesta", canta Rodrigo, haciendo eco al sentimiento de la canción anterior, en la que apenas acababa de exclamar: "Te quiero más de lo que ninguna estúpida canción podría expresar jamás".

Rodrigo es una vocalista potente con un amplio registro, pero prefiere las notas que se balancean peligrosamente en el límite superior de su registro vocal. Su canto tiende a ser más conmovedor cuando explora las profundidades de su voz de pecho, como hace en el desgarrador estribillo de "The Cure": "Tengo toxinas en el torrente sanguíneo", le confiesa a un amante bienintencionado, "que te esforzaste en succionar". Así también, en la ensoñadora pero devastadora canción final "Cigarette Smoke", en la que libera su agresividad reprimida: "Nunca conocerás mi dolor", canta, como a punto de llorar. "¿Por qué lo intenté siquiera?".

El álbum suele funcionar mejor cuando Rodrigo se apoya directamente en esa influencia new wave que ya había confesado, aunque el dueto con Smith resulta más eficaz como colaboración que como tema independiente. Construida en torno a un riff que habría encajado perfectamente en una emisora de rock universitaria de los 80, "Maggots for Brains" es una melodía animada sobre la decadencia emocional depresiva que se produce cuando su novio está fuera de la ciudad. Ese sonido exuberante continúa en la siguiente canción, aún más potente, "U + Me = <3", un tema destacado que hace un guiño eficaz al dream pop retro y a las que lo revivieron recientemente, como Snail Mail y Soccer Mommy. Resulta menos convincente la animada pero triste "My Way", liderada por un riff de sintetizador chirriante, en la que Rodrigo reprende con fuerza a una chica que se está acercando demasiado a su chico, con el amargo frenesí de "Misery Business" de Paramore o "Better Than Revenge" de Taylor Swift.

Puede parecer injusto decir que me gustaría que Rodrigo sonara como si se lo estuviera pasando mejor en un álbum titulado «You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love», pero ella misma ha demostrado muy bien en el pasado que una canción puede nacer de difíciles revelaciones y seguir siendo una explosión de adrenalina. Al nuevo material le vendría bien algo de su antigua vitalidad. Es refrescante cuando el ambiente por fin se aligera en la penúltima pista, "Expectations", un tema de synthpop enérgico y luminoso al estilo de Chappell Roan en el que una Rodrigo recién salida de una ruptura se burla de algunos de sus nuevos pretendientes ("No creas que mi futuro marido está en este bar de Silver Lake") y jura, con un guiño autocrítico, que su próximo romance será diferente.

"En un par de meses, encontraré a un hombre", canta. "Él será maduro y yo seré adorada". ¿Y si no? Al menos sabrá exactamente qué discos poner para ayudarla a superarlo.

Olivia Rodrigo canta en el Acrisure Arena de Palm Springs, California, el 24 de febrero de 2024. (OK McCausland/The New York Times)

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