Trump celebró su cumpleaños 80 con peleas en el jardín de la Casa Blanca

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El evento de la UFC realizado el domingo por la noche en el jardín sur de la Casa Blanca fue un espectáculo mediático sin precedentes en la historia de la presidencia estadounidense.

La exhibición de la Ultimate Fighting Championship (UFC) con motivo del cumpleaños número 80 del presidente Donald Trump, celebrada el domingo por la noche en el jardín sur de la Casa Blanca, fue un espectáculo mediático sin precedentes en la historia de la presidencia.

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Trump se sentó junto al ring, al lado de su esposa, Melania Trump, mientras los luchadores se golpeaban a escasos centímetros de distancia dentro de una jaula octogonal cubierta de anuncios de criptomonedas. Sus cinco hijos y casi todos sus nietos se sentaron a su alrededor.

Miles de personas más se congregaron en el jardín, bajo una estructura de acero en forma de arco de 544 toneladas llamada "la Garra". La Casa Blanca se alzaba imponente sobre una arena de combate repleta de multimillonarios, miembros del gabinete y legisladores republicanos.

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Fue un espectáculo sorprendente por muchas razones: el uso de la pompa de la Casa Blanca para violentas peleas en jaula. Los patrocinios corporativos. Los estallidos de crueldad casual. En un momento dado, un luchador tomó el micrófono e hizo una broma de mal gusto sobre Michelle Obama mientras estaba de pie frente a la casa en la que ella vivió con su esposo, sus hijas y su madre.

Incluso para un presidente con una inclinación de toda la vida por estratagemas al estilo del empresario circense P. T. Barnum, esta fue algo excepcional.

Gran parte de la Casa Blanca se dedicó a esta producción. Se grabó a los luchadores atravesando varias salas de la residencia y calentando, descalzos, en la Sala del Tratado Indio del antiguo edificio de oficinas ejecutivas, al otro lado de la calle.

Entre el público se encontraban los multimillonarios de la tecnología y los medios Mark Zuckerberg y David Ellison. El senador John Thune, por Dakota del Sur, líder de la mayoría, estaba allí, al igual que el senador Ted Cruz, por Texas. Los secretarios de Estado, del Tesoro, de Defensa, de Comercio y de Seguridad Nacional estaban allí. También estaban el vicepresidente, el director del FBI y Karoline Leavitt, quien es la secretaria de prensa de la Casa Blanca, que pronto volverá de su baja por maternidad. Kid Rock apareció, al igual que Roger Clemens y Robert Kraft. James Dolan, el dueño de los New York Knicks, se acercó al presidente para saludarlo.

Las luces de los focos se deslizaban por el antiguo edificio ejecutivo y por los majestuosos magnolios y robles de los jardines de la Casa Blanca. A veces reinaba un silencio inquietante dentro de la Garra mientras los luchadores se rodeaban unos a otros, a la espera del momento para atacar. Pero en cuanto alguien lanzaba su golpe y empezaba a dar una paliza de verdad, la Garra cobraba vida.

En el primer asalto, un luchador llamado Diego Lopes se impuso, se subió a la jaula justo delante del rostro del presidente y levantó el puño al aire. Trump lo miró fijamente, sonriendo.

Joe Rogan saltó al ring un momento después para hacer un pequeño análisis tras el combate: "Le conectaste un precioso gancho de izquierda".

De vez en cuando, las enormes pantallas que colgaban en cada una de las cuatro esquinas de la Garra reproducían un video. En uno de los clips, el secretario de Defensa Pete Hegseth y Trump hablaban del poderío militar estadounidense mientras imágenes de explosiones y disparos iluminaban la arena. Mientras tanto, nubes de tormenta se arremolinaban de forma cinematográfica sobre la Casa Blanca.

En cierto sentido, la pelea del cumpleaños 80 de Trump en el jardín fue la culminación de una serie de acciones que ha estado llevando a cabo durante la mitad de su vida.

Un momento decisivo se produjo a finales de la década de 1980, cuando consiguió convencer al boxeador Mike Tyson para que peleara en Atlantic City. Tyson era entonces el campeón mundial de peso pesado. Sus combates atrajeron a las mayores celebridades de la época a las propiedades de Trump. Sinatra. Beatty y Nicholson. Sean y Madonna. El dinero, el ego, la sangre, la vanidad, el bombo publicitario y el destello de las cámaras se mezclaron en primera fila, y así se escribió un capítulo fundamental del manual de Trump.

Trump aprendió en aquellos años y en los que siguieron de dos de los promotores de boxeo más famosos de todos los tiempos, Don King ("¡Solo en Estados Unidos!") y Vince McMahon (su esposa es nuestra actual secretaria de Educación). WrestleMania llegó al Trump Plaza, y Trump hizo muchas apariciones especiales en escenas kayfabe. (¿Es de extrañar que a Hulk Hogan le dieran un turno para hablar en la Convención Nacional Republicana?)

Trump acabó por encontrar a un nuevo Don King en Dana White, el director ejecutivo de la UFC. Juntos, los dos hacen lo que Trump ha hecho prácticamente siempre. El escenario es más grande que nunca, el contexto más surrealista, pero el número en sí y los instintos que lo impulsan son familiares. Dinero, ego, sangre, vanidad, bombo publicitario y el destello de las cámaras, todo ello mezclándose en el jardín sur de la Casa Blanca. Trump, a sus 80 años, ha montado un espectáculo tal y como aprendió a hacerlo a los 40. Los estadounidenses eligieron a un promotor de peleas como presidente, dos veces, y eso es lo obtuvieron.

Una cosa que ha cambiado con los años es la naturaleza de la lucha en sí. La UFC es un tipo de combate de lucha libre muy diferente de los enfrentamientos de boxeo que Trump organizaba en los años 80. En comparación, la lucha libre profesional es el Ballet de Nueva York. El octágono es un lugar de entretenimiento brutal, un espectáculo crudo de dolor. Es una pelea de gallos con hombres en lugar de aves.

Entre combate y combate, mujeres con trajes reveladores de Mujer Maravilla deambulaban por el borde del ring. En un momento dado, un luchador triunfante llamado Josh Hokit --quien hizo el comentario sobre Obama-- se acercó al borde del ring, se inclinó hacia delante y le colocó una cadena alrededor del cuello a Trump.

Y así siguió y siguió. Más hombres se daban de golpes. En el jardín se proyectó a todo volumen un video de Conor McGregor soltando insultos. Salían fuegos artificiales de los apéndices de la Garra. Aviones a reacción volaron a baja altura por encima de nuestras cabezas.

Hubo varias peleas a lo largo de la noche. En una de ellas, un hombre de Filadelfia con el pelo teñido de rubio estaba tumbado de espaldas, intentando defenderse de un luchador llamado Bo Nickal. Una ráfaga de viento sopló y le levantó el pelo al presidente. Este se lo alisó con la mano a los lados de la cabeza. Nickal le estaba dando una buena paliza al tipo de Filadelfia.

El asalto terminó. Nickal salió del ring, se inclinó y le dio la mano al presidente y a la primera dama. Rogan volvió al ring para narrar. "Bo", dijo, "sé lo patriota que eres". Bo le dio las gracias al presidente por ser el anfitrión.

"Se necesita ser una persona muy especial", dijo, "para tener el valor de hacer algo así".

Shawn McCreesh es un reportero del Times que cubre el gobierno de Trump.

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