República Dominicana acepta recibir a migrantes de terceros países deportados por EE. UU.

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La nación caribeña se une a otros países latinoamericanos, como El Salvador, Costa Rica y Panamá, que han alcanzado este tipo de acuerdos.

República Dominicana dijo el martes que había aceptado recibir a personas deportadas de Estados Unidos y originarias de terceros países, en un intento de la nación caribeña de estrechar sus lazos con el gobierno de Donald Trump y unirse a otros países latinoamericanos que han alcanzado acuerdos de este tipo.

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La medida supuso un giro radical para el presidente del país, Luis Abinader, quien dijo el año pasado que República Dominicana no aceptaría deportados de otros países, "solamente los dominicanos, que tenemos el deber y el derecho de hacerlo".

El nuevo pacto forma parte de los esfuerzos del presidente Trump por encontrar naciones dispuestas a acoger a los migrantes detenidos en Estados Unidos. Muchos deportados proceden de países de África, Europa Oriental y Asia, a donde las autoridades estadounidenses no pueden enviarlos de regreso con facilidad. Muchos migrantes tampoco pueden ser devueltos legalmente a sus países de origen por temor a la persecución o abusos.

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El Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano anunció un "memorando de entendimiento de carácter no vinculante" con Estados Unidos para aceptar a personas deportadas originarias de terceros países sin antecedentes penales. No incluiría a nacionales haitianos ni a menores de edad no acompañados. El comunicado dice que los deportados serían considerados "en condiciones de tránsito" por el país. La legislación dominicana no especifica un límite de tiempo para las personas en tránsito.

Tampoco quedó claro de inmediato cuántos deportados se enviarían desde Estados Unidos. El gobierno dominicano dijo que sería un "número limitado".

Bernardo Vega, economista y exembajador dominicano en Estados Unidos, dijo en una entrevista en la televisión dominicana que el acuerdo era una "mala noticia" y una señal de que Estados Unidos estaba presionando a República Dominicana.

En otros países de la región, como El Salvador, Costa Rica y Panamá, la deportación estadounidense de migrantes de otros países ha sido objeto de un fuerte escrutinio y de impugnaciones legales.

Bajo el mandato de Abinader, el gobierno dominicano ha estado deportando agresivamente a haitianos, incluidos niños no acompañados, a Haití, un país devastado por la violencia con el que comparte una isla. Casi 380.000 haitianos fueron deportados el año pasado, según cifras del gobierno dominicano.

El gobierno dominicano dijo que las deportaciones estadounidenses se producirían caso por caso, y contarían con "respaldo financiero y operativo del Gobierno estadounidense para asegurar condiciones adecuadas durante la permanencia temporal y facilitar el retorno ordenado a los países de origen".

El Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano y el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense no respondieron inmediatamente a las peticiones de comentarios sobre el número de deportados o la frecuencia de las deportaciones.

"La cooperación entre República Dominicana y Estados Unidos se desarrolla sobre la base del respeto mutuo, la responsabilidad compartida y la transparencia, con el propósito de fortalecer la seguridad regional, enfrentar el narcotráfico y el crimen transnacional organizado, combatir el terrorismo en todas sus manifestaciones y contribuir a una gestión ordenada y humana de los flujos migratorios", dijo el ministerio en el comunicado.

No quedó claro por qué Abinader había dado marcha atrás. Ha mantenido una relación sólida con el gobierno de Trump y fue uno de los líderes conservadores latinoamericanos invitados a la cumbre inaugural del Escudo de las Américas, organizada por Trump en Florida en marzo.

El secretario de Estado Marco Rubio también elogió el año pasado a República Dominicana como uno de los países de América Latina que "lo estaba haciendo bien".

Antes de la visita de Rubio a la isla en febrero de 2025, se le preguntó a Abinader si su país se uniría a otras naciones para aceptar a los migrantes extranjeros deportados de Estados Unidos.

"Nosotros no tenemos, ni aceptaremos, ni tenemos obligación, ni aceptaremos recibir personas de otros países", dijo entonces.

La embajadora estadounidense en República Dominicana, Leah F. Campos, dijo el martes en una publicación en las redes sociales que el acuerdo permitía a Estados Unidos repatriar a los migrantes "con mayor rapidez", y al mismo tiempo respetar la legislación, la soberanía y los procedimientos fronterizos dominicanos.

"Estados Unidos agradece la amistad que nos une a la República Dominicana, con la que colaboramos para reforzar la seguridad regional", añadió.

El gobierno dominicano también anunció el martes que había concedido una prórroga temporal al ejército estadounidense para operar dentro de zonas restringidas en su parte de la isla. Ese acuerdo se anunció inicialmente en noviembre. Abinader dijo entonces que el Pentágono podría utilizar las zonas restringidas de la Base Aérea San Isidro y del Aeropuerto Internacional de Las Américas, en las afueras de la capital dominicana, Santo Domingo, para repostar aviones y transportar equipos y personal técnico.

El Pentágono ha estado atacando embarcaciones que, según afirma, trafican con drogas en el Caribe y el Pacífico oriental. El ejército estadounidense ha llevado a cabo casi 60 ataques de este tipo desde septiembre, en los que han muerto al menos 192 personas.

En otra señal de mayor alineamiento con el gobierno de Trump, el gobierno dominicano anunció el martes que había designado organizaciones terroristas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y a Hizbulá, el grupo militante libanés respaldado por Irán.

James Wagner cubre noticias y cultura en América Latina para el Times. Radica en Ciudad de México.

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