Japón venderá más armas al extranjero, rompiendo con el pacifismo de posguerra

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La primera ministra Sanae Takaichi revocó los límites a las exportaciones de armas mientras Japón se enfrenta a las crecientes amenazas de China y a la imprevisibilidad de Estados Unidos.

El martes, el gobierno de Japón tomó medidas para permitir la venta de más armas al extranjero, en el más reciente distanciamiento respecto a las políticas pacifistas impuestas tras la Segunda Guerra Mundial, mientras lidia con crecientes amenazas de seguridad por parte de China y un orden global en rápida transformación.

En una reunión celebrada en Tokio, la primera ministra Sanae Takaichi y sus altos funcionarios revocaron los límites impuestos hace tiempo a la venta de armas de fabricación japonesa en el extranjero. La medida se produce días después de que Japón recibiera a más de 30 enviados de la OTAN en una visita destinada a mostrar vínculos más estrechos, y después de que Tokio cerrara un acuerdo de 6500 millones de dólares para suministrar buques de guerra a Australia.

Takaichi dijo en una publicación en X que este cambio era necesario en un "entorno de seguridad cada vez más desafiante".

"Ahora ningún país puede proteger por sí solo su propia paz y seguridad", dijo.

Takaichi, una abierta crítica de Pekín que ascendió al poder el año pasado, pretende apuntalar la industria de defensa de Japón y construir una red de aliados más diversa, ante la creciente incertidumbre sobre la fiabilidad de su socio principal, Estados Unidos. Japón espera que flexibilizar las reglas de exportación contribuya a fortalecer la estrategia de disuasión en la región al demostrar a China, Corea del Norte y Rusia que los países democráticos del Pacífico están construyendo una cadena mundial de suministro de armas.

Los cambios aprobados el martes flexibilizarán las condiciones para los contratistas de defensa, y les permitirán vender sistemas de armas letales a 17 países. Eso permitirá a Japón proporcionar fragatas avanzadas a Filipinas, por ejemplo, o submarinos a Indonesia. Sin embargo, Japón seguirá prohibiendo la transferencia de armas letales a países en combate activo, a menos que altos funcionarios determinen que la seguridad nacional está en juego.

Las guerras de Irán y Ucrania han tensado los arsenales de municiones en todo el mundo, y han avivado el temor a que los aliados estadounidenses puedan ser vulnerables a ataques. Aunque los expertos dijeron que la decisión de Japón podría no contribuir mucho a solucionar la escasez a corto plazo --se necesitará tiempo para aumentar la producción--, podría ayudar a reponer los suministros mundiales a largo plazo.

Funcionarios de la OTAN dijeron que recibían con satisfacción la ayuda de Japón.

Anita Nergaard, representante permanente de Noruega ante la OTAN, quien ayudó a dirigir una visita de tres días de unos 30 enviados a Tokio la semana pasada, dijo que los cambios permitirían que hubiera una mayor cooperación industrial en materia de defensa con Japón y serían "muy valiosos para nosotros, para Europa y para toda la alianza".

"Estamos exactamente en el punto en el que necesitamos convertir esos compromisos y financiación en capacidades concretas", afirmó en una entrevista el viernes, después de hablar con funcionarios japoneses sobre los cambios propuestos.

Japón, que adoptó el pacifismo tras la Segunda Guerra Mundial, ha relajado gradualmente los límites a la exportación de armas durante la última década, y ha permitido algunas excepciones, como para fines de rescate, vigilancia o en virtud de acuerdos de licencia.

El martes, Takaichi abordó las preocupaciones sobre el abandono por parte de Japón de su pacifismo de posguerra, y escribió que "no hay absolutamente ningún cambio en nuestro compromiso de mantener el camino y los principios fundamentales que hemos seguido como nación pacífica durante más de 80 años desde la guerra".

Japón da un paso adelante en un momento en que Estados Unidos está distraído por la guerra en Irán. La decisión del gobierno de Donald Trump de trasladar algunos activos militares fuera de Asia en las últimas semanas para apoyar la guerra ha avivado la preocupación sobre el compromiso estadounidense con la región.

"La idea de que Estados Unidos defendería el orden mundial ha resultado ser una especie de ilusión, y esa es una realidad muy inconveniente", dijo Michito Tsuruoka, profesor de la Universidad Keio de Tokio. "Ahora Japón se apresura a encontrar alternativas viables para su propia seguridad y defensa".

El cambio de política está agravando las tensiones con China, la cual ha acusado a Takaichi de revivir el militarismo de la época de la Segunda Guerra Mundial. China ha desencadenado una oleada de represalias económicas contra Japón en los últimos cinco meses para castigar a Takaichi por decir que Japón podría intervenir militarmente si Pekín atacara Taiwán.

Las tensiones han aumentado desde el pasado viernes, cuando Japón envió un buque de guerra a través del estrecho de Taiwán. En respuesta, China dijo el domingo que enviaría buques de guerra a través de una vía fluvial próxima al sur de Japón, cerca de la prefectura de Kagoshima.

Japón debe "actuar con prudencia en los ámbitos militar y de seguridad, y dejar de seguir avanzando por el camino equivocado", dijo Mao Ning, vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, al preguntarle sobre posibles cambios en las normas de exportación en una reciente conferencia de prensa.

El embajador estadounidense en Japón, George Glass, escribió en X que el cambio ayudaría a mejorar las capacidades de defensa de los aliados estadounidenses y japoneses y "allanaría el camino hacia un Indo-Pacífico más seguro y estable".

Ante la política exterior cada vez más impredecible del presidente Trump, Japón ha adoptado una estrategia de cautela. Takaichi recibió recientemente en Tokio a una comitiva de funcionarios europeos, entre ellos los dirigentes del Reino Unido, Francia, Italia y Polonia. En las próximas semanas, se espera que visite Vietnam y Australia.

La delegación de la OTAN que visitó Japón la semana pasada fue la mayor desde que Tokio estableció una asociación con el grupo hace más de una década.

Tanto Japón como la OTAN se enfrentan al reto de tratar con Trump, quien ha criticado a Japón y a los países de la OTAN por su falta de apoyo en la guerra de Irán.

Dan Neculaescu, representante permanente de Rumania ante la OTAN, quien también ayudó a dirigir la delegación, dijo que las preocupaciones sobre el papel de Estados Unidos no dominaron la conversación en Tokio.

"Llevamos 70 años con Estados Unidos en la OTAN", dijo en una entrevista. "Podemos ver la dinámica en el exterior. Pero dentro, la alianza es bastante poderosa".

Añadió que la extensión de los conflictos por todo el mundo dejaba claro que "tenemos que trabajar con Japón y ellos tienen que trabajar con nosotros".

Japón ha ido modificando gradualmente su enfoque sobre las armas a medida que ha buscado un papel más relevante en la seguridad mundial. En 2014, Shinzo Abe, entonces primer ministro de Japón y mentor de Takaichi, revisó la normativa para permitir la exportación de armas destinadas a esfuerzos de seguridad internacional, como las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Esto puso fin a una estricta prohibición que había estado en vigor durante casi 50 años.

Las normas volvieron a cambiar en 2023, cuando Japón permitió la venta de sistemas avanzados de defensa antiaérea a Estados Unidos en virtud de un acuerdo de licencia. La medida contribuyó a reforzar los arsenales militares estadounidenses en un momento en que Washington ayudaba a Ucrania en su lucha contra Rusia.

En el mercado mundial, la demanda de material militar japonés es fuerte. Los aliados de Japón están ávidos de adquirir sus fragatas y patrulleras, así como de misiles, radares, aviones de combate y sistemas antidrones.

El sábado, el gobierno japonés ultimó los contratos para entregar los tres primeros buques de un total de 11 a la Marina australiana, a partir de 2029. Se trata de fragatas furtivas de la clase Mogami, que cuentan con sistemas de radar y sonar de alta gama, además de algunas capacidades de rastreo de minas.

Hisako Ueno y Kiuko Notoya colaboraron con reportería.

Javier C. Hernández es el jefe de la corresponsalía de Tokio del Times, desde donde dirige la cobertura informativa sobre Japón. Ha informado desde Asia durante gran parte de la última década y anteriormente fue corresponsal para China en Pekín.

Hisako Ueno y Kiuko Notoya colaboraron con reportería.