
El Super Bowl nunca ha tenido un artista de medio tiempo --ni una polémica-- como Bad Bunny.
La superestrella latina, quien conquistó el streaming mundial a punta de canciones de reguetón aderezadas con sonidos nostálgicos de su Puerto Rico natal, se dispone a hacer historia el domingo, ofreciendo la primera actuación totalmente en español en los 60 años de historia del partido. Será el remate de una figura transformadora del pop latino, que ha batido récords de taquilla en todo el mundo, ha acumulado 15 éxitos en el Top 10 y el domingo se llevó el álbum del año en los Grammy, otro hito para la música latina.
Sin embargo, antes de que haya cantado una sola nota, la participación de Bad Bunny en el Super Bowl se ha convertido en un foco de tensión política en medio de la represión migratoria por parte del gobierno de Donald Trump, y ha suscitado temores entre las comunidades latinas de Estados Unidos, inmigrantes o no. En septiembre, cuando la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) lo anunció como estrella principal del medio tiempo, los comentaristas deportivos y de los medios de comunicación interpretaron la medida como un movimiento astuto por parte de una liga que pretendía ampliar su presencia mundial. Pero la Casa Blanca y los medios de comunicación de derecha se volcaron a condenar la decisión.
Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, dijo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas "estaría por todas partes" en el partido, a celebrarse en el estadio Levi's de Santa Clara, California. La comentarista conservadora Tomi Lahren desestimó a Bad Bunny por "no ser un artista estadounidense". (Puerto Rico es, por supuesto, un territorio estadounidense). En una entrevista reciente, el presidente Trump dijo que no asistiría al partido, calificando la selección de Bad Bunny de "elección terrible" y diciendo que "lo único que hace es sembrar el odio".
Turning Point USA, la organización conservadora fundada por Charlie Kirk, dijo que presentaría su propia contraprogramación, un "evento de streaming único en su género" llamado All-American Halftime Show que contará con Kid Rock y los cantantes de country Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett. "Llevamos la guerra cultural estadounidense al ESCENARIO PRINCIPAL", dijo la organización en su sitio web el mes pasado, y añadió: "Nada de basura 'woke'. Solo VERDAD. Solo LIBERTAD. Solo AMERICA".
Bad Bunny dijo el año pasado que evitaría hacer giras en lugares de Estados Unidos por temor a que los agentes de inmigración pudieran ir a por sus seguidores. Pero desde que fue anunciado para el Super Bowl, su mensaje ha sido más de alegría y solidaridad que de miedo. En un avance para el partido publicado el mes pasado, se le ve bailando al ritmo de su éxito tierno y salsero "Baile Inolvidable" con parejas de distintas edades, sexos y etnias, bajo las brillantes hojas rojas como el fuego de un flamboyán, árbol que es emblemático de Puerto Rico y el Caribe. "El mundo bailará", reza una leyenda.
En un discurso de aceptación en los Grammy, Bad Bunny también indicó que no se echaría atrás. "Antes de dar las gracias a Dios, voy a decir 'fuera ICE'", dijo en inglés. "No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos y somos estadounidenses".
Con la sangre que se ha derramado en las calles de Mineápolis en las últimas semanas durante las manifestaciones de oposición al plan de aplicación de las leyes migratorias del gobierno de Trump, la actuación de Bad Bunny en el Super Bowl ha adquirido una urgencia especial, y no necesita hacer ninguna protesta explícita para transmitir su mensaje.
"Estamos en esta época de retórica antiinmigrante, y los latinos y los inmigrantes latinoamericanos en particular han sufrido mucho de su odio", dijo Petra Rivera-Rideau, profesora de Estudios Estadounidenses en el Wellesley College y coautora de un libro reciente sobre el ascenso mundial de Bad Bunny.
"Incluso la presencia de Bad Bunny allí", añadió Rivera-Rideau, "debido a este contexto político, es una declaración".
EL INTÉRPRETE Benito Antonio Martínez Ocasio, nacido hace 31 años, adoptó su nombre artístico en recuerdo del disfraz de conejo que le disgustó y que le hicieron ponerse de niño para una fiesta de Pascua.
Comenzó su carrera musical en 2016, y rápidamente se hizo un espacio en el reguetón y el hip-hop como estrella invitada --con Drake, Cardi B, Daddy Yankee--, de modo que cuando publicó su álbum debut, "X 100PRE", en 2018, ya era indispensable. En 2020, hizo su primera aparición en el Super Bowl como invitado de las protagonistas del espectáculo, Jennifer Lopez y Shakira. En un llamativo comentario sobre las separaciones de familias migrantes durante el primer gobierno de Trump, su espectáculo mostró a niños en jaulas; Lopez llevaba una capa de plumas al estilo Las Vegas que cambiaba de una bandera estadounidense a la puertorriqueña.
El ascenso inicial de Bad Bunny coincidió con la popularidad de la canción "Despacito" de Luis Fonsi y Daddy Yankee, que explotó --gracias en parte a una remezcla con aportaciones en inglés de Justin Bieber-- y demostró que el pop latino podía prosperar en el dominio sin fronteras de YouTube y las plataformas de streaming.
Durante años, actuar en inglés era el peaje que las estrellas latinas --ya fueran Ricky Martin o Shakira-- no tenían más remedio que pagar, en gran medida para hacerse apetecibles en la radio estadounidense. Utilizando el streaming como atajo, y ciñéndose al español, Bad Bunny ha sido un fenómeno, convirtiéndose en el artista global más importante de Spotify en cuatro de los últimos seis años. Cabalgó esa fama hasta conseguir papeles en películas de Hollywood como Tren bala y Caught Stealing. Por el camino llegaron otros indicadores de máxima celebridad, como salir con Kendall Jenner (y promocionar productos de Gucci con ella).
Al mismo tiempo, la música de Bad Bunny se volvía cada vez más hacia Puerto Rico de formas tanto explícitas como sutiles, como salpicando sus letras con la idiosincrásica jerga local. En la Gala del Met del año pasado, llevó una versión personalizada de la pava, el sombrero de paja típico de Puerto Rico. Su último álbum, "Debí Tirar Más Fotos", completa esa trayectoria, mezclando ritmos y formas musicales tradicionales de Puerto Rico, como la bomba y la plena, con atronadores ritmos trap.
"Ha desplazado el centro de gravedad del pop global sin desconectarse de su lugar de origen", dijo Sulinna Ong, responsable editorial global de Spotify.
Centrarse en los problemas sociales de Puerto Rico, como la gentrificación y los fracasos de gobernanza, también ha convertido a Bad Bunny en el defensor más reconocible de la isla. El video musical de su canción de 2022 "El Apagón", sobre los frecuentes cortes de electricidad en la isla, incluía un documental de 18 minutos sobre esos temas. La mascota no oficial de su era "Debí Tirar Más Fotos" es el sapo concho, el sapo crestado puertorriqueño, en peligro de extinción por el desarrollo excesivo.
Cuando llegó el momento de hacer la gira de "Debí Tirar Más Fotos", Bad Bunny evitó presentarse en el territorio continental de Estados Unidos mientras el gobierno de Trump intensificaba las operaciones contra la inmigración y las deportaciones, reflejo de un temor que se ha extendido por el negocio de la música latina desde que Trump volvió a asumir el poder. "El ICE podría estar fuera" de una de las salas de conciertos, dijo a la revista I-D en septiembre. "Es algo de lo que hablábamos y nos preocupaba mucho".
Así que mejor realizó una residencia de 31 fechas en Puerto Rico --llamada No Me Quiero Ir de Aquí-- que dio un impulso a la economía local. Como parte de su escenografía, presentaba una casita rosa y amarilla: una humilde vivienda con porche, símbolo de la vida cotidiana puertorriqueña, aunque para los espectáculos de Bad Bunny se convirtió en una sección VIP híbrida, donde se reunían famosos como LeBron James y Penélope Cruz.
Días después de que Bad Bunny concluyó su residencia, fue anunciado como artista principal del espectáculo del medio tiempo. En la ceremonia inaugural del partido también actuará Green Day, la veterana banda punk, que lleva años modificando viejas letras de canciones en protesta contra el presidente Trump y sus aliados, como Elon Musk. Cuando The New York Post preguntó al presidente el mes pasado su opinión sobre los artistas, éste dijo: "Soy anti-ellos".
Benjamín Torres Gotay, columnista del periódico puertorriqueño El Nuevo Día, dijo que, en lo que respecta al Super Bowl, "la gente de Puerto Rico entiende que no se trata solo de elegir a un artista pop porque es famoso".
"La mayoría entendemos que esto tiene una dimensión política", añadió Torres Gotay, "en el sentido de que existe todo este debate sobre: ¿Qué es Estados Unidos? ¿Cuál es el papel de los inmigrantes, de los latinoamericanos o de los no blancos en la sociedad estadounidense?".
LA ACTUACIÓN DE BAD BUNNY también es una victoria para Jay-Z, quien ha contratado a los artistas para cada espectáculo del medio tiempo desde 2020, a través de Roc Nation, su empresa de entretenimiento.
Cuando Roc Nation llegó a un acuerdo con la NFL en 2019, la liga se enfrentaba a una crisis por el aparente rechazo de Colin Kaepernick, el mariscal de campo que se había arrodillado durante el himno nacional como protesta contra el racismo y la brutalidad policial. Algunos artistas negros habían rechazado ofertas para actuar en el espectáculo del descanso, que suele atraer a más de 100 millones de espectadores.
Jay-Z se llevó no pocas críticas por aceptar trabajar con la NFL, pero argumentó que podía ayudar a hacerla "inclusiva", y dijo que la liga estaba comprometida con iniciativas de justicia social. "Ya no nos arrodillamos", dijo. De hecho, los espectáculos de Roc Nation en el medio tiempo han tenido un éxito arrollador y han reflejado el espíritu de los tiempos, con Rihanna, una concierto de hip-hop liderado por Dre y la aparición triunfal de Kendrick Lamar el año pasado.
La elección de Bad Bunny también se ajusta a los objetivos de la NFL, que se ha ido expandiendo gradualmente a nivel internacional, también en Latinoamérica, donde una aparición del artista funcionaría como la mercadotecnia ideal. Hans Schafer, ejecutivo de Live Nation que ha trabajado mucho con Bad Bunny, calificó la aparición en el Super Bowl de "relevo cultural" simbólico.
"Durante décadas, el medio tiempo del Super Bowl era una especie de último desafío del pop anglosajón", añadió Schafer. "Esto señala más una cultura global que ha cambiado oficialmente. Bad Bunny representa lo que realmente escucha el mundo".
Para comprender plenamente el significado, Schafer sugirió un cambio de perspectiva. "Hablamos de qué significa que Bad Bunny esté en el Super Bowl", dijo. "Creo que es mucho más interesante plantear la pregunta como: ¿Qué significa para el Super Bowl tener a Bad Bunny?".
La reacción política a Bad Bunny, sin embargo, puede ser una señal de que una gran parte de la audiencia tradicional del Super Bowl no está interesada en compartir el juego con el resto del mundo.
Para muchos estadounidenses, el Super Bowl es un acontecimiento ultrapatriótico, casi sagrado en sus rituales, y su estatus de gran carpa monocultural ha sobrevivido incluso en una era de fractura. "Creo que la gente no debería venir al Super Bowl a menos que sean estadounidenses respetuosos de la ley y que amen a este país", dijo Noem al conductor de pódcast conservador Benny Johnson, en la misma entrevista en la que confirmó que habría agentes del ICE en el estadio, declaración de la que no se ha retractado. (Aunque a menudo se envían agentes federales a los grandes acontecimientos deportivos, incluido el Super Bowl, la jefa de seguridad de la NFL dijo esta semana que confiaba en que no habría "operativos de aplicación de las leyes de inmigración" en el partido del domingo).
En 1968, José Feliciano, que había nacido en Puerto Rico, interpretó una versión distintiva de "The Star-Spangled Banner" --respetuosa, pero con ciertas libertades-- en un partido de las Series Mundiales, y hubo una fuerte reacción negativa, y al menos un aficionado, citado en su momento, lo calificó de "una vergüenza, un insulto". En el partido de las Estrellas de las Grandes Ligas de Béisbol de 2013, Marc Anthony, quien nació en Nueva York de padres puertorriqueños, cantó un encumbrado "God Bless America"; Twitter estalló con insultos racistas.
Bad Bunny no cantará el himno nacional --eso le toca a Charlie Puth--, pero su actuación igual puede considerarse peligrosamente cercana a un tótem estadounidense.
Desiree Perez, directora ejecutiva de Roc Nation, no respondió a las preguntas sobre la polémica política suscitada por el anuncio de Bad Bunny. Pero lo aclamó como una elección ideal para el momento.
"Bad Bunny es un fenómeno mundial cuyo impacto cultural trasciende la música", dijo Perez. "Será una celebración, con un público mundial puesto en pie".
Ben Sisario , periodista especializado en música e industria musical, lleva más de 20 años escribiendo para el Times.
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