
Irak está atrapado en el conflicto entre Washington y Teherán, ya que el gobierno de Trump insiste en que el gobierno iraquí desarme a las poderosas milicias respaldadas por Irán.
Los iraquíes eligen el martes un nuevo Parlamento en unas elecciones que Washington sigue de cerca, ya que ha estado presionando al gobierno de Irak para frenar la influencia del vecino Irán.
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Para el iraquí promedio, la atención se centra en mantener la estabilidad y el crecimiento económico que tanto ha costado conseguir tras casi dos décadas de ocupación estadounidense, guerra sectaria e insurgencia yihadista. Pero las elecciones también tienen graves consecuencias geopolíticas.
El gobierno de Donald Trump ha insistido en que el próximo gobierno de Irak asuma la ardua tarea de desarmar al conjunto de poderosas milicias iraquíes respaldadas por Irán.
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Aunque es mucho lo que está en juego, la confianza pública en el proceso democrático iraquí es baja. Algunos sondeos indican que estas elecciones podrían ser las de menor participación electoral en los 20 años de democracia iraquí.
"Muchos de mis amigos y familiares, incluso personas con estudios superiores, han perdido la fe en votar", dijo Kawthar Jaber, ingeniera jubilada, al salir de su centro electoral local en Bagdad. "Pero creo que tenemos que seguir intentándolo, mantener la esperanza. Si no me gusta tal o cual grupo, tengo que hacer oír mi voz".
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Esto es lo que hay que saber sobre las elecciones iraquíes.
¿Qué está en juego?
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Desde que una invasión dirigida por Estados Unidos derrocó a Sadam Huseín en 2003, los partidos de la mayoría musulmana chiita han dominado el gobierno de Irak y el país se ha visto atrapado en un tira y afloja entre Estados Unidos e Irán, la potencia chií de la región.
Tanto Washington como Teherán quieren influir en el próximo gobierno iraquí.
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La gran pregunta es qué hará el próximo gobierno con respecto a las milicias respaldadas por Irán que operan al margen del control gubernamental. Algunas se han enriquecido gracias a su creciente poder en la política iraquí. Cinco de los 22 ministerios iraquíes están controlados por políticos vinculados a las milicias. Casi todas las milicias tienen candidatos que compiten en estas elecciones.
El actual primer ministro iraquí, Mohammed al-Sudani, se presenta como un líder capaz de lograr el equilibrio adecuado entre Teherán y Washington.
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¿Quién se espera que gane?
Hay 7743 candidatos de 114 listas diferentes que compiten por 329 escaños parlamentarios, muy cifra muy superior a la de elecciones anteriores.
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Una vez elegido el nuevo Parlamento, este votará a su nuevo presidente. El presidente de Parlamento nombra a un presidente de la república, sujeto al apoyo de dos tercios de la asamblea legislativa. El nuevo presidente puede nombrar a un primer ministro con el apoyo de una mayoría simple de los legisladores.
Se espera que la alianza de partidos encabezada por el primer ministro Al-Sudani obtenga el mayor número de escaños, ya que muchos iraquíes le atribuyen el auge de la construcción y la estabilidad política de los últimos años.
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Pero es posible que tenga dificultades para dirigir el próximo gobierno.
Al-Sudani tendrá que formar una coalición de gobierno con el apoyo de otros partidos, pero ha enfadado a algunos antiguos aliados políticos que lo ayudaron a llegar al poder, según los analistas políticos.
La alianza de partidos chiitas más poderosa lo apoyó para que fuera primer ministro en 2022 con la condición de que no volviera a presentarse ni formara su propio partido. Ha hecho ambas cosas.
A muchos de estos grupos les preocupa que haya consolidado demasiado poder, según los observadores políticos iraquíes.
¿Son libres y justas estas elecciones?
Irak no es un Estado autoritario en el que la población se vea obligada a votar en masa a un líder dictatorial. Pero los ministerios federales ejercen una influencia decisiva sobre las lucrativas concesiones comerciales del Estado rico en petróleo, el verdadero premio de cualquier formación de gobierno.
La compra de votos se ha disparado en estas elecciones, según muchos políticos iraquíes.
El ambiente en torno al proceso democrático de Irak ha sido tan agrio que uno de los líderes políticos más poderosos, el clérigo chiita Muqtada al-Sadr, pidió a sus seguidores que boicotearan la votación, o que aceptaran cualquier soborno que se les ofreciera, y luego estropearan sus papeletas.
A mediodía del martes, la comisión electoral iraquí anunció un índice de participación del 23,9 por ciento, pero los analistas políticos afirman que esta cifra oscurece el panorama: la comisión contabiliza el porcentaje de votantes registrados, en contraposición a los votantes con derecho a voto.
Algunos iraquíes decidieron no registrarse para votar.
"Por supuesto que no voy a votar", dijo Ahmed Bdeiri, empleado estatal jubilado de Bagdad. "Las elecciones aquí no tienen sentido. Los nombres y los partidos pueden ser diferentes, pero las personas que hay detrás siguen siendo las mismas".
¿Cuándo se conocerá el resultado?
Los centros electorales cierran a las 6:00 p. m., hora local, y los funcionarios electorales afirman que los resultados iniciales de la votación electrónica estarán disponibles en una hora. Pero no habrá recuento oficial hasta al menos el próximo martes.
Después vendrán meses de regateos políticos para formar gobierno. En las anteriores elecciones, hicieron falta unos seis meses de negociaciones para que surgiera un primer ministro.
¿Cómo afecta el sectarismo al voto?
Las campañas electorales iraquíes se basan menos en los problemas y más en las lealtades sectarias. Los expertos consideran que se trata de un desafortunado legado de un sistema informal desarrollado bajo la ocupación estadounidense, que reparte los altos cargos según criterios étnicos y sectarios.
El presidente del Parlamento pertenece siempre a la minoría árabe suní. El presidente de la república pertenece a la minoría étnica kurda. El primer ministro procede de la mayoría árabe chiita.
El sistema pretendía garantizar la representación demográfica, pero se ha endurecido hasta convertirse en redes clientelares. Los partidos y los candidatos obtienen apoyo prometiendo garantizar servicios o inversiones para su secta o etnia.
Esto ha desilusionado a muchos iraquíes.
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