
La región es conocida como los pulmones de la Tierra porque sus árboles ayudan a regular el clima global, pero décadas de talas y quemas a gran escala han cambiado esta situación.
Durante décadas, la estación seca de la selva amazónica ha sido cada vez más seca. Un nuevo estudio, publicado el martes, descubrió que alrededor del 75 por ciento de la disminución de las precipitaciones está directamente relacionada con la deforestación.
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El estudio, publicado en Nature Communications, también descubrió que la pérdida de árboles era en parte responsable del aumento del calor en la Amazonía. Desde 1985, los días más calurosos de la Amazonía han incrementado unos 2 grados Celsius. Según los investigadores, alrededor del 16 por ciento de este aumento se debió a la deforestación.
Marco Franco, profesor adjunto de la Universidad de São Paulo, quien dirigió el estudio, dijo que le habían sorprendido los resultados. “Esperábamos que la deforestación fuera un factor determinante, pero no tanto”, dijo. “Nos dice mucho sobre lo que ocurre en el bioma”.
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A menudo se llama a la selva amazónica los pulmones de la Tierra porque sus árboles ayudan a regular el clima global al absorber el dióxido de carbono que calienta el planeta. Pero décadas de talas y quemas a gran escala en la selva han cambiado recientemente esta situación, y algunas partes de la región se han convertido en productoras netas de gases de efecto invernadero.
La Amazonía también dirige los patrones climáticos regionales. Sus árboles extraen agua del suelo y, mediante un proceso conocido como transpiración, liberan esa humedad a través de los diminutos poros de sus hojas. Hay cientos de miles de millones de árboles en la cuenca del Amazonas, y se calcula que el agua que liberan colectivamente al aire aporta más del 40 por ciento de todas las precipitaciones de la región.
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“Puedes imaginar un árbol como una gran bomba de agua”, dijo Callum Smith, investigador postdoctoral de la Universidad de Leeds, en Inglaterra, que estudia la deforestación tropical y no participó en el estudio de Nature Communications. “Si talas un árbol, reduces la humedad que va a la atmósfera”.
En 2023, Smith dirigió un estudio que empleaba grandes conjuntos de datos de satélite para comprender mejor la relación entre la deforestación y la disminución de las precipitaciones. Dijo que los científicos conocen este efecto desde hace tiempo, pero que los cambios meteorológicos no siempre aparecen en el mismo lugar que la deforestación, lo que hace que las relaciones sean difíciles de cuantificar.
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El nuevo estudio, dijo Smith, utilizó métodos analíticos sofisticados y representó un paso adelante en el conocimiento.
Luiz Machado, profesor de clima y meteorología de la Universidad de São Paulo y uno de los autores del nuevo estudio, dijo que “todo el mundo sabe” que el clima de la Amazonía ha cambiado debido al cambio climático y a la deforestación. Pero hasta ahora, dijo, “nadie sabía exactamente a qué contribuía cada una de estas cosas”.
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El estudio analizó 29 secciones de la cuenca amazónica dentro de las fronteras de Brasil y utilizó grandes conjuntos de datos de satélite para separar influencias como la evolución de los paisajes, el cambio climático y los cambios en las condiciones meteorológicas entre 1985 y 2020.
Aunque Franco y Machado descubrieron que la deforestación había provocado el 74,5 por ciento de la disminución de las precipitaciones en toda la cuenca, subrayaron que se trataba solo del promedio. Las regiones con mayor deforestación sufrieron mayores pérdidas de precipitaciones, señalaron.
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En los trópicos, el año se divide en dos estaciones: seca y húmeda. El estudio constató que la deforestación provocaba pérdidas de precipitaciones en ambas estaciones. Pero como el efecto en la estación seca era mucho más pronunciado, dijeron los investigadores, decidieron centrarse en ese periodo. (A efectos del estudio, la definición de estación seca variaba según las zonas. En todo el país, se considera generalmente que va de junio a noviembre).

Incluso durante la estación seca, los ecosistemas dependen de la lluvia. “Como broma, solíamos decir que la estación lluviosa en la Amazonía era cuando llovía todo el día, y que en la estación seca en la Amazonía llovía todos los días”, dijo Machado. “Pero eso ya no es cierto”.
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Menos precipitaciones no solo significan menos agua para las plantas y los animales. A medida que la selva se vuelve más seca, se vuelve más propensa a los incendios forestales, que, a su vez, eliminan más árboles. La región se ha visto asolada por la agricultura de roza y quema, en la que se utilizan los incendios para despejar grandes extensiones de tierra para la ganadería y la agricultura. A veces, estos incendios arden fuera de control.
En 2024, más de 16 millones de hectáreas de selva amazónica se convirtieron en humo. Y en el primer semestre de 2025, según las observaciones de la agencia espacial brasileña, la deforestación ya era un 27 por ciento mayor que en el mismo periodo del año anterior. Se trata de un circuito de retroalimentación que amenaza con mantener el descenso de las precipitaciones, afirman los investigadores.
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Y no solo sufren los ecosistemas salvajes. Los mayores centros agrícolas de Brasil son directamente adyacentes a la Amazonía. Los investigadores dijeron que la pluviosidad adecuada para los cultivos de estas regiones también requiere una selva sana.
Los agricultores de estados como Mato Grosso, dijo Franco, ya están perdiendo cosechas por la sequía. En 2024, el estado pasó 150 días seguidos sin lluvia.
“Si no llueve, no llueve para cultivar en Brasil”, dijo. “Esto no es algo para el futuro. Esto ya está ocurriendo ahora”.
*Sachi Kitajima Mulkey cubre el clima y el medioambiente para el Times.
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