
La demanda global de materias primas está llevando a selvas cruciales al límite de su resiliencia, según un informe encargado por Rainforest Foundation Norway y elaborado por la organización holandesa Profundo, especializada en investigación financiera y ambiental. El estudio, divulgado por el periódico británico The Guardian, indica que la extracción de minerales críticos, biocombustibles y pulpa se suma a las presiones históricas de la ganadería, la agricultura intensiva, el petróleo y la tala de árboles, debilitando la capacidad de las selvas para regular la temperatura, almacenar carbono y conservar la biodiversidad.
El documento subraya que la presión sobre la Amazonía, la cuenca del Congo y el sudeste asiático alcanzó niveles sin precedentes y crece año tras año. El deterioro de estos biomas podría desencadenar pérdidas ecológicas irreversibles, comprometiendo no solo la diversidad biológica, sino también el equilibrio climático global.
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Distintas industrias, desde la tecnológica hasta la alimentaria, exacerban el deterioro de estos ecosistemas al demandar recursos cuyos métodos de extracción y producción multiplican los impactos negativos sobre las selvas.
El peso de la minería y la expansión agrícola
La minería, en especial la de oro y minerales para dispositivos electrónicos, está provocando un impacto ambiental mayor al que se calculaba previamente. El informe afirma que entre 10% y un tercio de los bosques del mundo ya muestran señales de degradación derivadas de actividades mineras, con una clara tendencia al aumento. La contaminación hídrica, la construcción de rutas y nuevas poblaciones agudizan el problema.
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Otro vector de presión es la producción de carne de res en Brasil, una de las más demandadas a nivel internacional. Según el informe, este fenómeno podría causar la deforestación de al menos 57.000 km² de la Amazonía para 2034. La avanzada de la frontera agropecuaria desplaza comunidades y fauna, y contribuye sustancialmente a las emisiones de gases de efecto invernadero.
A estas amenazas se suman la tala selectiva y la expansión de monocultivos industriales, que erosionan el suelo y degradan los sistemas hídricos en grandes extensiones de selva tropical.
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Datos y proyecciones
Las cifras expuestas en el informe son contundentes. En el bioma amazónico, las minas de oro a cielo abierto cubren ya 1,9 millones de hectáreas. La demanda internacional de oro —utilizado en joyería, dispositivos tecnológicos y reservas de valor— está estrechamente relacionada con 375 km² adicionales de deforestación proyectados hasta 2028.
El informe de Rainforest Foundation Norway y Profundo, replicado por el periódico británico, revela también que la extracción de petróleo, gas y carbón no disminuye. Brasil, Surinam, Ecuador, Colombia y Perú concentran los nuevos emprendimientos. Entre 2022 y 2024, casi una quinta parte de las reservas mundiales recién descubiertas de petróleo y gas se localizaron en la Amazonía o zonas marinas aledañas.
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Minerales estratégicos como litio, níquel y cobalto, fundamentales para la transición energética, añaden una amenaza emergente: la deforestación vinculada a la flota global de vehículos eléctricos podría alcanzar entre 1.500 y 4.700 km² para 2050, lo que representa aproximadamente el 1% del total estimado para entonces. Sin embargo, los efectos colaterales, como la contaminación del aire y el agua, se extienden hasta 50 kilómetros a la redonda de las áreas de minería.

Biocombustibles y palma aceitera: nuevos límites de expansión
El crecimiento del mercado internacional de biocombustibles propicia la transformación de vastas áreas en plantaciones agrícolas. El informe advierte que satisfacer la demanda global de estos combustibles requerirá 52 millones de hectáreas adicionales de tierras agrícolas para 2030.
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La expansión sojera destinada a biocombustibles conlleva otra preocupación para la Amazonía: la estimación apunta a la conversión de hasta 35.000 km² de vegetación amazónica en cultivos para 2035. En tanto, el cultivo de palma aceitera —otrora característico del sudeste asiático— comienza a desplazar bosques en la cuenca del Congo, sumando presión a otro de los grandes pulmones verdes del mundo.
Varias empresas y gobiernos promueven la certificación ambiental de estos cultivos, pero los especialistas advierten sobre la insuficiencia de los mecanismos actuales de trazabilidad y monitoreo.
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Productos “ecológicos” y percepciones cuestionadas
Una de las advertencias que arroja el informe gira en torno a productos comercializados como “ecológicos”, tales como la viscosa empleada en la moda rápida y las bolsas de papel. Aunque se etiquetan como alternativas sostenibles, la demanda de pulpa de madera para fabricarlos genera presión sobre los bosques tropicales. Muchos de estos insumos provienen de fuentes sin certificación de sustentabilidad ni gestión adecuada, lo que desmiente su presunta menor huella ecológica.

La acelerada expansión del comercio electrónico incrementa la utilización indiscriminada de embalajes y envases con alto costo ambiental, intensificando el desgaste de los recursos forestales.
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El informe remarca que la falta de políticas integrales, controles efectivos y transparencia en las cadenas de suministro contribuye a que la huella de estos productos siga creciendo a espaldas de los consumidores y de los países productores.
Voces expertas y advertencias
En este contexto, los especialistas recomiendan acciones inmediatas para limitar la demanda y sustituir el uso extensivo de productos originados en los bosques tropicales. La referente de Rainforest Foundation Norway, Ingrid Turgen, señaló que la acumulación de amenazas afecta simultáneamente a la Amazonía, la cuenca del Congo y el sudeste asiático.
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Turgen enfatizó que, sin una intervención coordinada a nivel global, regiones enteras podrían enfrentar un futuro incierto. En tanto, Barbara Kuepper, autora principal e investigadora de Profundo, indicó que si bien el reciclaje y la transparencia en las cadenas de valor son herramientas imprescindibles, no bastan en ausencia de una reducción absoluta en el consumo. Kuepper advirtió de manera tajante: “El consumo total de recursos es excesivo y la reducción es inevitable”.
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