Un hombre arrastra botes de basura lejos de una propiedad en llamas en el lago Conjola, en Nueva Gales del Sur, Australia, el 31 de diciembre de 2019. (Matthew Abbott/The New York Times)
Un hombre arrastra botes de basura lejos de una propiedad en llamas en el lago Conjola, en Nueva Gales del Sur, Australia, el 31 de diciembre de 2019. (Matthew Abbott/The New York Times)

SUTHERLAND, Australia - En el transcurso de la devastadora temporada de incendios de Australia, una página de Facebook ha amasado un público furioso como ningún otro, con más publicaciones compartidas y comentarios que cualquier cosa que provenga del primer ministro o de los grupos ambientalistas más grandes del país.

Esa página le pertenece a Craig Kelly, un ex vendedor de muebles que ha pasado la última década posicionándose en el Parlamento como el negacionista en jefe del cambio climático.

Ahora, en el momento más oscuro de Australia, Kelly ha encontrado su momento de brillar.

Mientras el país teme estar condenado a un futuro plagado de fuego y sequía, Kelly ha estado movilizando y estimulando a una tribu de derecha en torno a consignas publicadas en redes sociales en puras mayúsculas: “Los incendios forestales no tienen nada que ver con ‘el cambio climático’” o “Ten cuidado con los alarmistas del clima: todo lo que dicen es mentira”.

Kelly, de 56 años, insiste en que solo intenta proteger a los australianos comunes de los precios más elevados de la energía y de la pérdida de empleos en las industrias del carbón y de otro tipo.

Sin embargo, con las publicaciones y los comentarios en su página de Facebook que destacan datos a conveniencia e incitan a la violencia en contra de los ambientalistas, Kelly se ha posicionado como el rostro público de un universo paralelo: la fuerza poderosa que ayuda a impedir que el gobierno tome medidas más severas para combatir el cambio climático, pese a los deseos de una gran mayoría de australianos.

Para otros políticos, este es el momento de demostrar empatía hacia las víctimas de los incendios y prometerles ayudar.

Kelly prefiere el pugilismo. Arguye que los incendios no son más terribles que los que se han vivido en el país anteriormente, que los pirómanos y los socialistas son los culpables de las llamaradas, que la industria del carbón está prosperando, que el hielo del Ártico no se está derritiendo, y que aquellos que opinan lo contrario son tan terribles como los censores en la novela “1984” de Orwell.

Todo es bastante vil”, dijo Michael E. Mann, climatólogo estadounidense en periodo sabático en Australia, quien alguna vez fue atacado por negacionistas climáticos. “Los soldados fieles a la industria de los combustibles fósiles como Kelly promueven estos temas de conversación y provocan a las multitudes”.

Muchos australianos, incluso los climatólogos, rechazan a Kelly como un Falstaff político, escandaloso, pero sin poder. Sin embargo, sus seguidores han crecido hasta abarcar una gran franja del país, que incluye a bomberos rurales que comparten sus publicaciones en Facebook, y sus esfuerzos a menudo se alinean con los del primer ministro Scott Morrison que buscan evitar que la gente vea los incendios como un punto de inflexión para el enfoque que da la nación a las cuestiones climáticas.

Antes de que Morrison empezara a enfatizar que la mejor manera de combatir los futuros incendios sería mediante más quemas preventivas en lugar de una acción contundente contra el calentamiento global, Kelly ya estaba inculcando esa estrategia. Culpaba a la “locura ecológica” y a los “alarmistas climáticos” -un término que utilizó el presidente Donald Trump esta semana en Davos, Suiza- por exagerar el papel del cambio climático e impedir las quemas de defensa, a pesar de que los funcionarios del departamento de bomberos han dicho que el problema se basa en recursos y tiempo, no en política.

Haciendo eco del argumento de Kelly de que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de Australia no evitará los incendios, el primer ministro también ha pasado directamente a la etapa de reconstrucción y recuperación en vez de atender las inquietudes del público con respecto al calentamiento del planeta.

Es una estrategia muy cínica basada en la idea de que los incendios terminarán, la sequía cesará y la gente seguirá con sus vidas”, dijo John Hewson, ex líder del partido de centroderecha Partido Liberal de Australia, al que pertenecen Morrison y Kelly. El primer ministro, agregó, “está tratando de aparentar que está haciendo mucho, pero, en realidad, está haciendo muy poco”.

Kelly y Morrison, que sirven en distritos adyacentes con muchas iglesias, pequeños apartamentos y trabajadores de diversas industrias, se han impulsado mutuamente hasta la posición que ocupan hoy en día. Kelly y otros legisladores de derecha derrocaron al primer ministro Malcolm Turnbull en un golpe al interior del partido en 2018, lo cual hizo que Morrison se convirtiera en el nuevo líder. Después, Morrison invalidó la preferencia del partido por una alternativa moderada para Kelly, con lo que protegió su candidatura.

Morrison no fue el único. Turnbull y otro primer ministro, Tony Abbott, también hicieron a un lado a otros rivales moderados para garantizar que Kelly regresara al Parlamento, lo cual demuestra lo útil que les resulta a los líderes, quienes lo aprovechan para movilizar a su base conservadora.

Él es el rabo que mueve al perro”, afirmó Tom Kristensen, artista, activista climático y bombero voluntario en el distrito de Kelly que ha seguido muy de cerca sus publicaciones de Facebook. “Es parte de una pequeña minoría que tiene demasiado poder”.

En ocasiones, Kelly ha ido demasiado lejos, incluso para su propio partido. A principios de este mes, expuso sus opiniones sobre los incendios en una entrevista en la televisión británica con Piers Morgan, comentarista conservador, quien se sintió tan horrorizado que llamó a Kelly deplorable”.

Como respuesta, algunos miembros del Gabinete de Morrison intentaron distanciarse de Kelly. David Littleproud, el ministro de Agricultura encargado de lidiar con la sequía, desestimó a Kelly como una “atracción secundaria” que “no representa la perspectiva del gobierno”.

(Algunos detractores señalaron que Littleproud hace poco también había puesto en duda que el cambio climático fuera provocado por la actividad humana).

Tras la debacle, Morrison solicitó una moratoria en su partido para realizar entrevistas con los medios noticiosos internacionales.

Sin embargo, Kelly aceptó conceder una extensa entrevista a The New York Times, no sin antes anunciar: “Debo ser cuidadoso porque el primer ministro nos dijo que no debíamos hablar con los medios internacionales”.

En una llamada telefónica, Kelly arguyó que sus enemigos lo habían tachado de negacionista para hacerlo ver como un negacionista del Holocausto. Kelly, quien no tiene un título universitario ni conocimientos científicos, dijo que concordaba con que las temperaturas habían estado en aumento desde la década de los setenta, pero agregó que la contribución humana era “cuestión de debate” (los científicos afirman que esto no es un hecho cuestionable).

También insistió en que la sequía que exacerba los incendios de esta temporada no estaba relacionada con el cambio climático (aunque hay evidencia de que las temperaturas en ascenso han sido un factor importante, en parte porque han desplazado las lluvias más hacia el sur). Además, dijo que estos incendios eran malos, pero no terribles.

La gente se ha olvidado de nuestro pasado, ya hemos visto incendios forestales parecidos a estos”, declaró.

La realidad es que los incendios de esta temporada son insólitos por varias razones. Se han extendido por un área geográfica mayor a la de incendios anteriores, en un año sin las condiciones de El Niño que normalmente acompañan las peores temporadas de incendios del país. Además, comenzaron cuando Australia ya padecía uno de los años más calurosos y secos de su historia.

A varios meses del inicio de las llamaradas, que han arrasado con la selva subtropical desde septiembre, 6.474.970 hectáreas se han reducido a cenizas, más de 2000 hogares han quedado destruidos y al menos 29 personas han perdido la vida.

(C) The New York Times.-

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