Un esqueleto recuperado de La Braña, en León, España. (Julio Manuel Vidal Encinas via The New York Times)
Un esqueleto recuperado de La Braña, en León, España. (Julio Manuel Vidal Encinas via The New York Times)

La península ibérica, donde se ubican España y Portugal, ha servido como un lugar de cruce durante miles de años.

Los fenicios de Medio Oriente construyeron puertos comerciales en ese punto hace tres mil años y los romanos conquistaron la región en el año 200 a. C., aproximadamente. Los ejércitos musulmanes navegaron desde el norte de África y tomaron el control de Iberia en el siglo VIII d. C. Casi tres siglos después comenzaron a perder territorio ante estados cristianos.

Ahora, junto con registros históricos y excavaciones arqueológicas, los investigadores tienen una perspectiva nueva del pasado de Iberia: el ADN conservado en los esqueletos antiguos de la región. Los arqueólogos y genetistas están extrayendo el material genético que abarca no solo la historia escrita de la península, sino también su prehistoria.

"Queríamos relacionar a las poblaciones antiguas con las modernas", comentó Íñigo Olalde, un genetista de la Facultad de Medicina de Harvard. Olalde es el autor principal de un ensayo publicado el 14 de marzo en Science que analiza el ADN de 271 íberos de la antigüedad.

Con un total de 419 genomas pertenecientes a humanos de la antigüedad y obtenidos por distintos laboratorios, Iberia ofrece un tesoro valioso. Los científicos han recuperado solo 174 genomas antiguos en el Reino Unido y apenas ocho en Japón.

Este denso registro demuestra que el perfil genético de Iberia cambió notablemente en respuesta a sucesos relevantes de la historia, como la conquista romana. No obstante, los investigadores también descubrieron pruebas de que hubo migraciones que anteriormente se desconocían.

El ADN más antiguo del que se tenía registro en Iberia pertenece a un esqueleto de 19.000 años de antigüedad encontrado en 2010 en una cueva llamada El Mirón, al norte de España. El esqueleto perteneció a una mujer de una tribu de cazadores y recolectores de la Edad de Hielo.

Un esqueleto recuperado de La Braña, en León, España. (Julio Manuel Vidal Encinas via The New York Times)
Un esqueleto recuperado de La Braña, en León, España. (Julio Manuel Vidal Encinas via The New York Times)

Olalde y sus colegas analizaron el ADN de otros cuatro cazadores y recolectores, mientras que un equipo por separado, con sede en el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, extrajo el ADN de otros diez.

Ambos equipos obtuvieron el mismo resultado sorprendente: los cazadores y recolectores ibéricos presentaban una mezcla extraordinaria de genes, lo que demuestra que provenían de dos grupos extremadamente distintos de los primeros cazadores y recolectores europeos.

Es posible rastrear que el origen de uno de estos grupos se remonta hasta hace 35.000 años, gracias a un esqueleto descubierto en una zona de Bélgica conocida como Goyet. La población de Goyet se dispersó por toda Europa, para terminar siendo remplazada en gran parte del continente hacia finales de la Era de Hielo por una población genéticamente distinta.

El primer indicio del segundo grupo apareció hace 14.000 años, cuando los investigadores lo identificaron por medio del ADN en un esqueleto encontrado en una región italiana llamada Villabruna.

Los nuevos estudios revelaron que, en Iberia, los habitantes de Goyet y Villabruna coexistieron. Los cazadores y recolectores de toda la península presentaban una mezcla de linaje de ambos pueblos.

"Esto es bastante sorprendente, porque no está sucediendo en otras áreas", comentó Vanessa Villalba-Mouco, autora principal del estudio de Max Planck, publicado en Current Biology.

Villalba-Mouco especuló que la geografía de Iberia podría haber permitido al pueblo de Goyet sobrevivir en ese sitio después de haber desaparecido de los demás lugares. "Tal vez nadie molestaba a estos cazadores y recolectores", dijo.

Sin embargo, cualquier tipo de aislamiento que Iberia pudo haber ofrecido llegó a su fin hace unos 7500 años, cuando llegaron nuevos grupos provenientes de Anatolia con cultivos y ganado.

Después de su llegada, la configuración genética de los íberos cambió de forma drástica. El 90 por ciento del ADN de los esqueletos más recientes proviene de agricultores de Anatolia; el diez por ciento proviene de cazadores y recolectores.

Los investigadores descubrieron que, durante los siglos posteriores, hubo muy pocos cambios en el perfil genético de los íberos, sin embargo, hay pistas de algunas migraciones relevantes.

Un esqueleto de una tumba muy elaborada que se halló en el centro de España, de 4400 años de antigüedad aproximadamente, perteneció a un hombre cuya ascendencia era cien por ciento norafricana.

"Es una locura", afirmó David Reich, genetista de la Facultad de Medicina de Harvard y coautor del ensayo publicado en Science. "Lo verificamos más de una vez porque nos parecía muy extraño".

Hubo otro resultado sorprendente que surgió cuando los investigadores analizaban el ADN de una mujer que vivió hace 3500 años. Llegaron a la conclusión de que tenía un abuelo norafricano.

Estos descubrimientos sugieren que los grupos se trasladaban de África a Iberia más de tres mil años antes del surgimiento del Imperio romano.

El linaje norafricano aumentó en Iberia todavía más después de que los romanos tomaron el control. Entonces la península fue parte de un imperio que floreció gracias al comercio generalizado. Al mismo tiempo, habitantes del sur de Europa y del Medio Oriente también comenzaron a dejar ahí huella.

Este cambio en el linaje podría explicar uno de los misterios más grandes de la historia ibérica. Desde hace mucho tiempo, los investigadores han estado intrigados por la cultura de la zona vasca al norte de España.

Los vascos hablan un idioma que no tiene relación con las lenguas europeas. Algunos investigadores han especulado que estos habitantes descienden de una población que se había diferenciado desde la Edad del Bronce o antes.

Parece que no es así, al menos en lo que respecta a la genética. Antes de la época de los romanos, los vascos tenían un ADN idéntico al de otros íberos de la Edad del Hierro. No obstante, los genes romanos no entraron al País Vasco.

Después de la caída de Roma, el ADN antiguo en Iberia refleja su historia medieval. Los esqueletos de la era musulmana muestran un crecimiento del linaje tanto del norte de África como del África subsahariana.

Esto nos trae, un milenio más tarde, a la época actual. En febrero, Clare Bycroft, del Centro Wellcome Trust de Genética Humana en la Universidad de Oxford, y sus colegas publicaron un estudio del ADN de 1413 personas en España.

El equipo identificó fragmentos de ADN norafricano en personas de toda España. Los investigadores calcularon que los ancestros norafricanos de los participantes vivieron hace ochocientos años, durante el dominio musulmán.

Los investigadores también lograron agrupar a los españoles en cinco subgrupos genéticos. En un mapa, estos grupos forman cinco franjas con dirección de norte a sur. Estas franjas se alinean a la perfección con la historia.

En la cumbre del dominio musulmán, unos cuantos pequeños estados cristianos sobrevivieron en la costa norte de España. Cuando los musulmanes empezaron a perder el poder, esos estados expandieron sus fronteras del sur, hace novecientos años aproximadamente.

Hasta ahora, los estudios genéticos de personas vivas estaban separados de los estudios de ADN antiguo por amplias brechas de tiempo, pero ahora, en lugares como Iberia, se empiezan a llenar los huecos y se crea una cronología genética ininterrumpida.

"Ambos mundos comienzan a encontrarse", afirmó Bycroft.

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