Del COVID-19 a la “enfermedad X”: un experto en epidemias explica por qué siempre habrá brotes con potencial pandémico

El doctor estadounidense Jonathan Quick, profesor en las universidades de Harvard y Duke, es un especialista en salud global. En diálogo con Infobae, el autor de “El fin de las epidemias” explicó que si bien la aparición de un nuevo virus pandémico era predecible e inevitable, una crisis de esta magnitud era prevenible

mputruele@infobae.com
Los brotes de enfermedades conocidas y desconocidas son inevitables, pero la magnitud de su impacto en la humanidad sí puede controlarse, según un experto estadounidense (cnsphoto via REUTERS)
Los brotes de enfermedades conocidas y desconocidas son inevitables, pero la magnitud de su impacto en la humanidad sí puede controlarse, según un experto estadounidense (cnsphoto via REUTERS)

“Es una pesadilla distópica y podría suceder mañana. Una pandemia incontrolable abruma los sistemas de salud pública y acaba con millones de personas en menos de un año. Los negocios y la industria se paralizan. Hasta USD 3 billones -una décima parte del producto interno bruto mundial de Estados Unidos- se evaporan a medida que el miedo a la infección sofoca los viajes, el turismo, el comercio, las instituciones financieras, el empleo y las cadenas de suministro enteras. Los niños dejan de asistir a la escuela. Abundan los rumores; los vecinos culpan a los vecinos. Millones de desempleados pobres, siempre los más golpeados, recurren al robo y a la violencia en un esfuerzo por mantenerse con vida. La gente muere de hambre, incluso en los Estados Unidos. Los que sobreviven se encuentran con la vida dada vuelta”.

Cuando el doctor estadounidense Jonathan Quick, líder en materias de salud global, escribía en el 2018 estas palabras en su libro The End of Epidemics: The Looming Threat to Humanity and How to Stop It (El fin de las epidemias: la inminente amenaza a la humanidad y cómo detenerla, en español) poco se imaginaba que una pandemia de la magnitud que describía llegaría para devastar al mundo apenas dos años después. Claro que había previsto una catástrofe sanitaria similar, pero esperaba que no ocurriera tan pronto, y que cuando llegara, el mundo estuviera más preparado.

Claro que eso no ocurrió, y el mundo entró en caos. Quick -profesor en el Instituto de Salud Global de Duke; en la Facultad de Medicina de Harvard; y en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston- trabajó como director de Medicamentos Esenciales y Política Farmacéutica en la Organización Mundial de la Salud entre 1996 y 2004, y en marzo fue nombrado director ejecutivo del departamento de Respuesta, Preparación y Prevención Pandémicas de la Fundación Rockefeller.

Jonathan Quick, autor de "The End of Epidemics", es profesor en el Instituto de Salud Global de Duke; en la Facultad de Medicina de Harvard; y en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston
Jonathan Quick, autor de "The End of Epidemics", es profesor en el Instituto de Salud Global de Duke; en la Facultad de Medicina de Harvard; y en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston

Expertos como el doctor Quick o el epidemiólogo Michael Osterholm alertan hace años sobre la necesidad de prepararse para inminentes crisis sanitarias. A nivel mundial, el número de patógenos potenciales es tan grande -y los recursos para investigar enfermedades son tan limitados- que la OMS incluye desde febrero del 2018 a la “enfermedad X” en su lista de enfermedades prioritarias.

La enfermedad X representa el conocimiento de que una epidemia internacional seria puede llegar a ser causada por un patógeno del que actualmente se desconoce la posibilidad de que provoque una enfermedad en el ser humano. La OMS adoptó esta etiqueta para asegurarse de que sus planes sean lo suficientemente flexibles como para adaptarse a un patógeno desconocido, como aclaró el mismo Anthony Fauci, el máximo experto epidemiológico del gobierno estadounidense, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.

La Bill & Melinda Gates Foundation (con apoyo de PricewaterhouseCoopers) coordinó a un grupo de expertos para crear un plan para atender a una futura enfermedad X, según se detalló en un paper publicado el 16 de octubre de este año en la revista científica The Lancet.

A principio del 2020, varios expertos teorizaron que el COVID-19 era esa enfermedad X, e incluso el ecologista especializado en enfermedades Peter Daszak publicó una columna en The New York Times titulada Sabíamos que venía la enfermedad X. Está aquí ahora. Sin embargo, hoy la OMS clasifica al COVID-19 y a la enfermedad X de manera separada.

La pobreza, uno de los efectos de la devastación de la pandemia en la eocnomía global (REUTERS/Carlo Allegri)
La pobreza, uno de los efectos de la devastación de la pandemia en la eocnomía global (REUTERS/Carlo Allegri)

Lo que es seguro es que los brotes de enfermedades conocidas y desconocidas son inevitables, pero la magnitud de su impacto en la humanidad sí puede controlarse. Pero hay que estar listos, claro. En diálogo con Infobae, el doctor Quick explica por qué deberíamos haber previsto esta crisis sanitaria global, qué es lo que hicimos mal y por qué duda de que para la próxima pandemia estemos preparados.

-¿Deberíamos haber previsto esta pandemia y así poder estar preparados?

-Si bien la aparición de un nuevo virus pandémico como el COVID-19 era predecible e inevitable, creo que una pandemia de esta magnitud se podía prevenir. No tenía por qué ser así.

Hay dos lecciones generales que surgen de un análisis cuidadoso de las epidemias y pandemias a gran escala en el último siglo. Primero, siempre habrá brotes de nuevas enfermedades infecciosas como el COVID-19, así como resurgimientos periódicos de enfermedades conocidas como el ébola. En segundo lugar, en gran medida, la diferencia entre un brote de enfermedad a pequeña escala y epidemias regionales devastadoras como el ébola y pandemias catastróficas como el COVID-19 es la acción humana, o, más a menudo, la inacción.

-¿Por qué el mundo no estaba preparado para la crisis de COVID?

-Teniendo en cuenta lo que el mundo ha experimentado con esta pandemia y lo que sabemos sobre el virus SARS-CoV-2, podemos esperar que el COVID-19 nos acompañe durante mucho tiempo. Sin embargo, estoy seguro de que con nuestro ingenio, tenacidad, perseverancia y fe humanos vamos a contener el COVID-19 en la mayor parte del mundo. El tiempo dirá si esto sucederá pronto con vacunas seguras, efectivas y ampliamente administradas, o más tarde, después de sufrir más oleadas, muertes y trastornos económicos.

Tengo menos confianza en que en el futuro recordaremos este momento y tomaremos medidas para prepararnos, y tal vez incluso prevenir, la próxima pandemia que sacuda al mundo. Después de haber abierto nuestras puertas, haber abierto cada grifo de nuestras economías y haber dado un paso atrás en el mundo, ¿descenderemos a un valle de complacencia? ¿O recordaremos y haremos lo que sea necesario para proteger a la humanidad?

-Usted dijo que para luchar con este virus necesitamos “un equipo, un plan”. ¿Podría dar más detalles sobre esta estrategia?

-Detener una pandemia requiere el esfuerzo coordinado de líderes de muchas ramas del sector público, incluidos funcionarios electos, así como líderes de salud pública, atención médica clínica, policía, transporte público y otras áreas. También requiere una estrecha coordinación con el sector privado. Y, sobre todo, requiere la cooperación y el sacrificio de un público informado y confiado. Para tener éxito, todas las partes deben trabajar juntas como un solo equipo, desarrollar un plan y hablar con una sola voz con respecto a los mensajes sobre cómo protestar ellos mismos y sus comunidades.

La diferencia entre un brote de enfermedad a pequeña escala y epidemias regionales devastadoras como el ébola y pandemias catastróficas como el COVID-19 es la acción humana, o, más a menudo, la inacción, afirma Quick (REUTERS/Kim Hong-Ji)
La diferencia entre un brote de enfermedad a pequeña escala y epidemias regionales devastadoras como el ébola y pandemias catastróficas como el COVID-19 es la acción humana, o, más a menudo, la inacción, afirma Quick (REUTERS/Kim Hong-Ji)

-¿Qué países estaban mejor equipados para combatir este virus e implementaron con éxito estrategias para proteger a su gente?

-Países como Corea del Sur, Singapur y Australia, que habían experimentado el SARS en 2003 -y Corea del Sur también el MERS en 2012- estaban mucho mejor preparados. Tailandia, Japón y varios otros países asiáticos también lo hicieron muy bien porque estaban preparados y porque sus poblaciones respondieron con un mayor sentido de solidaridad.

Cuando se trata de decisiones sobre la apertura de lugares de trabajo, escuelas, deportes y otras partes de la vida comunitaria, las dicotomías de “abierto o cerrado” y “salvar vidas o salvar la economía” son claramente opciones falsas. Las decisiones y comunicaciones públicas sobre la restricción de cualquier parte de la sociedad, en primer lugar, deben considerar la escala y la dinámica de la enfermedad de la pandemia de COVID-19 a nivel nacional y local. En la medida de lo posible, deberían ser informados por una revisión desapasionada de la experiencia de todo el país y de otros países.

Dependiendo del país, el éxito se ha atribuido a diversas combinaciones de bloqueos por tiempo limitado, enmascaramiento facial, distanciamiento, lavado de manos, evitación de entornos de alto riesgo, pruebas a gran escala y un seguimiento de contactos vigoroso. La información disponible también apunta a las diferencias en la cultura y los patrones de interacciones sociales diarias como factores que afectan la propagación del COVID-19. Las tasas de mortalidad también varían mucho entre países, y las diferencias se atribuyen de diversas formas al acceso al tratamiento, la calidad de la atención, la prevalencia de enfermedades como la obesidad y las enfermedades crónicas, la distribución nacional por edades y otros factores.

-¿De qué manera las fake news y la falta de comunicación por parte de figuras públicas ayudaron a propagar el virus y a generar confusión?

-Cuando los líderes actúan con urgencia, decisión y coraje, pueden derrotar a los enemigos virales más letales. El 11 de marzo de 2020, la OMS clasificó al COVID-19 como una pandemia mundial. A pesar de esta clara señal de la amenaza que representa el COVID-19, a los líderes de algunos países les costó responder, no estaban preparados y fueron tomados por sorpresa. Los gobiernos no aseguraron a tiempo las pruebas, el equipo de protección personal, los respiradores ni las camas de hospital. Los retrasos en la implementación de cierres u otras medidas de distanciamiento social resultaron en pérdidas de vidas adicionales e innecesarias.

De hecho, varios líderes mundiales han tenido una actitud desdeñosa hacia la pandemia. El presidente Trump ha vacilado entre descartar el virus como insignificante y un engaño para declarar la guerra. Se ha negado a usar máscara ante la cámara, a pesar de que los miembros del personal de la Casa Blanca habían dado positivo.

La canciller de Alemania, Angela Merkel, con un doctorado en química cuántica, navega por el liderazgo y las situaciones difíciles con el enfoque riguroso de un científico (Olivier Matthys/Pool via REUTERS/File Photo)
La canciller de Alemania, Angela Merkel, con un doctorado en química cuántica, navega por el liderazgo y las situaciones difíciles con el enfoque riguroso de un científico (Olivier Matthys/Pool via REUTERS/File Photo)

Las mejores herramientas para combatir las enfermedades son la comunicación confiable, la escucha atenta y el compromiso local. La comunicación coherente basada en hechos es esencial para tener éxito contra una pandemia, especialmente en el contexto de la incertidumbre, el miedo y la ansiedad que las pandemias suelen generar. La canciller de Alemania, Angela Merkel, con un doctorado en química cuántica, navega por el liderazgo y las situaciones difíciles con el enfoque riguroso de un científico. Ha compartido información sobre el coronavirus basada en datos y ha sido transparente sobre lo que ella y su círculo de expertos saben y no saben. Este enfoque de las comunicaciones pandémicas contrasta con el pronunciamiento del presidente Bolsonaro de que el virus es solo una “pequeña gripe”, o una de las declaraciones más audaces del presidente Trump, repetida en público al menos 15 veces, que dice: “Un día, como un milagro, desaparecerá.”

En una entrevista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, John Barry, historiador y autor de la pandemia, dijo que lo principal que aprendió mientras investigaba la icónica pandemia de influenza de 1918 fue la importancia de la verdad: “Las personas con autoridad deben decir la verdad”.

-¿Cuál fue la razón principal por la que Estados Unidos no logró manejar la crisis?

-La principal razón por la que Estados Unidos falló fue la falta de un liderazgo fuerte, coordinado y basado en la ciencia por parte del presidente. Estados Unidos habría tenido muchas menos muertes -especialmente entre las minorías y las poblaciones vulnerables- si el presidente Trump, los miembros del gabinete y todos los gobernadores, independientemente del partido político, hubieran dado los mismos mensajes de salud pública claros y consistentes sobre el enmascaramiento, el distanciamiento y evitar los entornos de alto riesgo.

-¿Qué pasará en el mundo cuando las vacunas estén listas? ¿Se erradicará esta enfermedad o es una quimera?

-A pesar del récord de más de 100 vacunas candidatas, es probable que sea a mediados de 2021 o más tarde que tengamos una vacuna segura, eficaz y ampliamente disponible. Mientras tanto, nuestro único recurso es reducir la transmisión de persona a persona.

Prevenimos los brotes de enfermedades infecciosas cuando una parte suficientemente alta de la población (el “rebaño”) ha desarrollado inmunidad, ya sea por inmunización o por haber desarrollado inmunidad por infección. Para lograr la inmunidad colectiva, se estima que entre el 60 y el 70% de la población necesitaría vacunarse o tener inmunidad duradera frente a una infección previa. Dado que la mayoría de las vacunas en desarrollo requieren dos dosis, incluso si se determinara que entre el 5 y el 10% de la población tiene inmunidad duradera, se necesitarían entre 9 y 10 mil millones de dosis.

No existe una vacuna probada para el SARS y el MERS, los otros dos coronavirus mortales, pero los científicos actualmente creen que la inmunidad inducida por infecciones dura de 24 a 34 meses para estos virus. Para el COVID-19, los investigadores se centran intensamente en determinar el alcance y la duración de la inmunidad protectora tanto de la vacuna como de una infección previa.

Más del 90% de eficacia de al menos dos vacunas y resultados muy prometedores para al menos dos vacunas más han sido enormemente alentadores. Estados Unidos y el Reino Unido anticipan la vacunación de los trabajadores de la salud y las poblaciones más vulnerables.

A pesar del récord de más de 100 vacunas candidatas, es probable que sea a mediados de 2021 o más tarde que tengamos una vacuna segura, eficaz y ampliamente disponible (Frank Augstein/Pool via REUTERS/File Phot)
A pesar del récord de más de 100 vacunas candidatas, es probable que sea a mediados de 2021 o más tarde que tengamos una vacuna segura, eficaz y ampliamente disponible (Frank Augstein/Pool via REUTERS/File Phot)

-Considerando la Enfermedad X, catalogada por la OMS como una de las mayores amenazas por venir, ¿cree que habrá peores pandemias en el futuro?

-Con el crecimiento de la población, la urbanización, los viajes internacionales, las desigualdades en el acceso a la atención médica, el calentamiento global y otros factores de riesgo, seguirá habiendo brotes de enfermedades con potencial pandémico. La gravedad de estos brotes dependerá mucho más de nuestra preparación y respuesta que del virus mismo.

-¿Son las zoonosis nuestra mayor amenaza?

-Tres cuartos de los nuevos patógenos se propagan de animales a humanos. La invasión humana de tierras anteriormente salvajes, la deforestación y el comercio no regulado de animales vivos se encuentran entre las acciones humanas que aumentan la posibilidad de pandemias catastróficas.

-¿Qué podemos hacer para estar preparados?

-Liderazgo fuerte, sistemas de salud resilientes, prevención activa, comunicación eficaz, innovaciones revolucionarias, inversiones inteligentes y ciudadanos comprometidos. Nosotros podemos hacer que el mundo esté mucho más seguro frente a la próxima pandemia de influenza, coronavirus o algún virus aún desconocido.

Siempre habrá brotes de enfermedades locales de virus conocidos y previamente desconocidos. Pero los científicos y los funcionarios de salud pública saben cómo hacer que el mundo sea más seguro reduciendo el riesgo de que estos brotes se conviertan en pandemias globales. Los sistemas nacionales de salud pública sólidos y las agencias internacionales sólidas son vitales para garantizar la seguridad sanitaria para todos. En 2005, el experto en enfermedades infecciosas Michael Osterholm, en un artículo de Foreign Affairs, advirtió que “la llegada de una influenza pandémica desencadenaría una reacción que cambiaría el mundo de la noche a la mañana”. Terminó su predicción, que esencialmente se cumplió en 2020, diciendo que “este es un punto crítico en nuestra historia. Se está acabando el tiempo para prepararse para la próxima pandemia. Debemos actuar ahora con decisión y determinación “. Esto fue hace 15 años, pero los hospitales de todo el mundo no estaban preparados y todavía no están preparados para situaciones como la pandemia de coronavirus.

Sabemos cómo hacer que el mundo esté más seguro frente a las amenazas de una pandemia. El costo de hacerlo es asequible para el mundo: una fracción del costo humano y económico que se genera cuando se permite que las pandemias exploten en todo el mundo como lo ha hecho el COVID-19.

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