Fairbanks es la tercera ciudad más importante de Alaska.
Fairbanks es la tercera ciudad más importante de Alaska.

Lo primero que pensé cuando el avión empezó a descender en Alaska, en medio de una tormenta de nieve y después de cuatro horas sobrevolando montañas solitarias fue ¿cómo es posible que vivan acá hace miles de años?,¿cuánto conservarán de los esquimales primitivos?, ¿cómo les afectará la tecnología?

Fueron esas algunas de las preguntas que me llevaron a pasar una semana en Fairbanks, la tercera ciudad más importante de Alaska, el estado más grande de Estados Unidos.

Decidí alejarme de la ciudad y para eso manejé casi dos horas hacia el Oeste, por caminos desbordados de nieve y 25 grados bajo cero hasta la ciudad de Nenana, donde viven 365 personas.

En la única cafetería del pueblo comencé a conversar con Jeff, que me presentó a su amigo Ricko, quién al igual que su padre, abuelo, bisabuelo y las 3 generaciones subsiguientes, nacieron y vivieron toda su vida en Nenana.

Ricko vive de la tierra como casi todos los habitantes de éste pueblo. Caza, pesca y siembra para comer. Utiliza plantas y raíces para medicina. Se orienta mirando las estrellas, calefacciona su casa con trozos de madera de árboles que él mismo corta, pero se comunica con un iphone 7 que compró usado. Vende el excedente de los alimentos que consigue, para pagar los pocos gastos que tiene.

Ese contraste entre naturaleza y tecnología es cada vez más habitual. “Mi padre estaba en contra de cualquier tipo de ayuda tecnológica. Utilizó su hacha hasta el último día. Yo uso un smartphone viejo y una moto sierra. Mi hijo mayor es Ingeniero y piloto de drones”, me contó. Y siguió: “Cuando era chico salíamos al bosque con mi padre y a veces estábamos hasta dos semanas acampando para conseguir alimentos para toda la familia. Nuestras vidas siempre estaban en peligro. Hoy hago lo mismo con mi hijo, pero él maneja su drone y eso nos permite hacerlo de forma más eficiente, respetuosa y segura”.

La Universidad de Fairbanks tiene un laboratorio de robótica que cuenta con patrocinio de la NASA.
La Universidad de Fairbanks tiene un laboratorio de robótica que cuenta con patrocinio de la NASA.

Ricko solo considera utilizar tecnología cuando es beneficiosa tanto para él como para el medio ambiente. Con el sistema que creó su hijo, todos los días, de forma automática y sin ser operado por ninguna persona, 4 drones hacen un vuelo de rutina que graba todo el área de interés. Esa información se descarga, se procesa y queda disponible para todos los habitantes de la ciudad.

“El drone le permite a la comunidad saber en qué zonas se encuentran animales protegidos, y nos permite cuidarlos, ayudarlos y curarlos. También ayuda a prevenir ataques de animales salvajes que accidentalmente llegan hasta el pueblo”, dijo.

Me contó que por primera vez en la historia, llevan 4 años consecutivos sin sufrir ningún episodio importante.

Al día siguiente llegué al parque nacional Denali, donde me encontré con Agnes, primera generación de una familia local que completó sus estudios universitarios. Agnes es programadora y lidera un equipo que está revolucionando la industria de la pesca. “En Alaska no estamos sobreviviendo. Nosotros vivimos acá. Cuanto más eficientes somos, es mejor para nosotros, nuestras familias, la comunidad y el entorno”, dijo.

Creó un software conectado a una cámara filmadora con sensores especiales para trabajar en temperaturas de hasta -35 grados, que está constantemente monitoreando los peces que hay en cada lago, y una inteligencia artificial que identifica qué especie de pez es, predice su edad, peso y género. Compara la información obtenido con valores históricos y en función del resultado, permiten o prohíben la pesca de una u otra especie.

Con una tecnología similar, conectada a una red de pesca sumergida en el agua, pescan solo lo necesario para abastecer a la comunidad. Cuando el sistema detecta la cantidad de alimento que necesitan, automáticamente se abre la red liberando el excedente y se queda en reposo hasta el próximo uso.

Fui a conocer la Universidad de Fairbanks, donde concurren casi 10.000 estudiantes de todo el país. Es una universidad muy prestigiosa y no es fácil ni económico ser admitido.

Tienen un laboratorio de robótica de última tecnología que está parcialmente patrocinado por la NASA. En los últimos 10 años el laboratorio tuvo tres mudanzas, y fue ocupado cada vez espacios más grandes y centrales. Hoy lo usan, además de casi todos los alumnos de la universidad, biólogos e investigadores.

Jeremy Nicoll, docente a cargo del laboratorio me contó y mostró algunos proyectos en los que están trabajando en meteorología, medicina, ciencia aplicada y espacio exterior. “Nativos de Alaska están concurriendo a la universidad como nunca antes. Lo sorprendente es que no buscan trabajos en grandes empresas o ciudades populares. Se quedan voluntaria y orgullosamente a vivir acá”, destacó.

Quieren aprender para poder aplicar ese conocimiento en sus vidas. Con sus familias. Con sus comunidades.

Están construyendo barrios inteligentes, utilizando energías renovables, creando criptomonedas, y digitalizando archivos públicos. Algunas empresas del Top 100 están analizando abrir oficinas aquí.

En las ciudades más grandes (Janeau, Anchorage y Fairbanks), existen fondos de inversión, hay startaps locales que facturan millones, ganan premios en innovación, tienen empresas que venden sus servicios al mundo y emprendedores agregando valor todos los días. Algunos lo llaman “La revolución fría” (The cold revolution), otros se refieren como “El Silicon Valley Helado" (The frozen Silicon Valley).

En un lugar con condiciones únicas, con políticas publicas enfocadas en la educación tecnológica de los más chicos, con incentivos para emprendedores y beneficios para empresas, la tendencia es clara y probablemente irreversible: Alaska será un jugador importante en la industria tecnológica de la próxima década.

Leandro Swietarski es fundador y CEO de TecnoKids, academia de Programación y Robótica para chicos.


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