
El narcoterrorismo es “el terrorismo vinculado con el tráfico de drogas del que obtiene su financiación” y en el siglo XXI es la forma de agresión más cruel contra los pueblos de las Américas. El narcoterrorismo ha tomado control de países en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, y de estados o territorios dentro de México, Colombia y Argentina, detentando el poder y suplantando la política. En esta crisis, Estados Unidos ha establecido como elemento de su política exterior la guerra contra el narcoterrorismo, un paradigma que cambia la geopolítica en la región y el mundo.
El narcoterrorismo que en el siglo pasado describía la alianza entre el narcotráfico y grupos insurgentes o guerrilleros como las FARC, el ELN, M-19 en Colombia, Sendero Luminoso y el MRTA en Perú, y más, ha pasado en el siglo XXI a la toma del poder político y el control de gobiernos nacionales y locales. Con el salvataje que hizo en 1999 Hugo Chávez de la dictadura de Fidel Castro en Cuba, se organizó el narcoterrorismo para detentar indefinidamente el poder en Cuba y Venezuela y expandirse en el modelo cubano.
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El narcotráfico es fuente de financiamiento de la dictadura de Cuba que en los 80s se estableció como el primer narcoestado de las Américas con la asociación de los Castro con los narcotraficantes Pablo Escobar de Colombia y Roberto Suarez de Bolivia. En el siglo XXI el narcotráfico es fuente fundamental del terrorismo de Estado para sostener las dictaduras y la agresión permanente a las democracias.
La geopolítica estudia “cómo se desarrolla la soberanía política sobre el espacio geográfico y las relaciones internacionales referentes a la ocupación territorial, sus límites, fronteras y recursos”.
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La “guerra contra las drogas” fue un paradigma a partir del presidente Richard Nixon en 1971; el presidente Ronald Reagan “centralizó y sistematizó el ataque contra toda la cadena de drogas desde los productores a los distribuidores y usuarios, empezando a atacar el problema desde la fuente”; la política exterior de Estados Unidos se convirtió en política interamericana de guerra contra el narcotráfico en la Primera Cumbre de las Américas de 1994 con importantes resultados.
El “Plan Colombia” fue el último éxito de la guerra contra el narcotráfico, pero realidad objetiva prueba que “la lucha contra el narcotráfico fracasa cuando los narcos toman el poder” y esto fue lo que sucedió con el empoderamiento del llamado socialismo del siglo 21 —mascarón político del narcoterrorismo— que expandiendo Cuba instaló narcoestados en Venezuela con Chávez y Maduro, Ecuador con Correa, Bolivia con Morales y Arce, y Nicaragua con Ortega y Murillo.
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El narcoterrorismo adquirió la condición de “sujeto de derecho internacional” con el control de gobiernos que a su vez controlaron Latinoamérica, siendo su momento de mayor poder el reconocimiento que el presidente Barack Obama otorgó al jefe del narcoterrorismo el dictador Raúl Castro en la Cumbre de las Américas de Panamá en Abril de 2015.
La expansión del narcoterrorismo se produjo además con influencia en elecciones y control de gobiernos en países democráticos por medio de financiamiento y sostenimiento de candidatos como los Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Humala en Perú, López Obrador y Sheinbaum en México, Petro en Colombia, Lula en Brasil, Castro en Honduras, y más, autores de la “ola de legitimación y pretendida legalización del narcoterrorismo” bajo narrativa del supuesto fracaso de la lucha contra el narcotráfico, la pacificación del terrorismo y la legalización de las drogas.
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Los cultivos de coca ilegal y producción de cocaína en Colombia, Perú y Bolivia se incrementaron, Venezuela se convirtió en el “hub de la cocaína” con el “cartel de los soles” bajo alias de “revolución bolivariana”, y agregaron el fentanilo con México y China para atacar a EEUU y la región. Además del control narcoterrorista de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, controlan territorios en México con carteles que dominan estados completos, en Colombia con las FARC y el ELN, y en Argentina donde la prensa y estudios señalan provincias controladas o portaviones del narcotráfico.
La búsqueda de los centros de mando del narcoterrorismo conducen a las dictaduras de Cuba y Venezuela y sus satélites de Nicaragua y Bolivia, que además de ser narcoestados ejercen terrorismo interno o “terrorismo de Estado”, y donde se entrena, promueve, exporta y protege terrorismo internacional.
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Estas constataciones han creado el nuevo paradigma de la “guerra contra el narcoterrorismo” en la que EEUU ejecuta la “Operación Lanza del Sur” como “misión que defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege nuestra patria de las drogas que están matando nuestra gente. El hemisferio occidental es la vecindad de EEUU y la protegeremos”. EEUU ha llamado a las democracias de las Américas a unirse mediante “sanciones financieras, asistencia en seguridad, uso de tecnologías de vigilancia, desarticular el blanqueo de capitales”.
La geopolítica cambia y señala el fin de las dictaduras narcoterroristas.
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*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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