
El pasado mes de julio tuve el honor de ser invitado por el Gobierno de Guyana a la Cumbre de la Alianza Global por la Biodiversidad. El encuentro, al que asistieron personalidades del mundo político, empresarial y científico, giró alrededor de un concepto central: soluciones basadas en la naturaleza y orientadas por el mercado para enfrentar las crisis climáticas con un sentido práctico, algo que es esencial para nuestros países.
Guyana vive un momento decisivo, con ingresos petroleros crecientes: más de 400 mil barriles diarios y proyectado a triplicar esa producción para el próximo año. Esta bonanza está transformando su economía y también exige una visión estratégica y un compromiso ambiental. Estos temas fueron ampliamente abordados por el presidente Irfaan Ali, anfitrión oficial del evento.
En este, como en otros encuentros internacionales a los que asisto, me resulta imposible evitar las comparaciones y proyectar todos los desafíos desde la piel de un orgulloso costarricense. La nuestra es una nación que ha hecho de la preservación de la naturaleza una causa nacional, hasta el punto de convertirse en parte esencial de nuestra identidad y de nuestra estrategia de desarrollo. Basta recordar que Costa Rica alberga cerca del 5% de la biodiversidad mundial en apenas un 0,03 % de la superficie terrestre, un privilegio que hemos protegido mediante políticas públicas pioneras. Este compromiso nos ha permitido alcanzar una matriz eléctrica renovable en más del 98%, ser un referente en turismo sostenible y consolidar una imagen internacional de país verde, pacífico y democrático.
Al llegar a Georgetown, me impactaron algunos detalles inesperados. Por ejemplo: en migración, el proceso fue excesivamente largo, a pesar de que la llegada se encontraba prácticamente vacía; sin escáneres para el equipaje, la revisión se hizo manualmente no solo agregando tiempo sino también incomodidad si uno piensa en la necesaria bienvenida a visitantes y turistas. En el hotel, el registro también implicó una larga demora. Esto, lejos de ser anecdótico, da cuenta de la necesidad de modernizar procesos e invertir en eficiencia institucional.
La cultura de un país se refleja en los pequeños detalles de la vida diaria. En Guyana, las playas en zonas pobladas parecen basureros a cielo abierto. Para consolidar cualquier política pública comprometida con el ambiente, Guyana requerirá consolidar en su contexto de diversidad (tres culturas conviven en su territorio) una sólida apuesta por la educación ambiental y una ciudadanía comprometida con ella en los actos cotidianos. Costa Rica tiene mucho que compartir con el mundo en ese sentido y podemos dar un gran ejemplo.
Costa Rica sigue enfrentando grandes retos, pero experiencias como esta fortalecen nuestra capacidad de valorar y apreciar todo lo que hemos alcanzado como país. A pesar de todos los desafíos, nuestros logros se hacen aún más evidentes al viajar a otros países de la región y hacer comparaciones que se hacen inevitables. Guyana tiene ante sí una oportunidad histórica: transformar la riqueza del presente en el capital cultural, social y ambiental del mañana.
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