
Los presidentes de Brasil, Colombia y México tienen la responsabilidad de encausar una transición pacífica del poder en Venezuela, partiendo de un hecho incontrovertible y que ellos mismo saben, Edmundo González ganó ampliamente las elecciones y las pruebas son las actas que están cargadas en https://resultadosconvzla.com/.
Es difícil pensar cómo negociar en Venezuela cuando los resultados son tan blancos y negros. No es que el margen es pequeño, es que estamos hablando de una diferencia a favor de María Corina Machado y Edmundo González de casi 4 millones de votos. No es que son sospechas, es que tenemos en este momento más del 80% de las actas y el CNE de Maduro también las tiene, pero se niega a publicarlas. Hasta Cristina Fernández de Kirchner les ha pedido que la publiquen. Por un momento piensen, ¿qué pasaría en cualquier país donde el ente comicial anuncie un resultado sin respaldo? Nadie lo reconocería. Y es precisamente eso lo que está pasando en Venezuela.
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El país y el mundo entero vieron lo que ocurrió en Venezuela el pasado domingo. Los ojos de todos presenciaron la gesta libertaria más gloriosa que se haya dado en este siglo en América Latina. Más de 13 millones de venezolanos salieron a votar masivamente para decidir su futuro. Aunque la dictadura de Maduro ha pretendido clausurar lo que sucedió ese día por medio de un fraude monumental, la comunidad internacional, el pueblo venezolano, y María Corina Machado y Edmundo González están decididos a avanzar para que la voluntad popular sea respetada y se inicie cuanto antes una transición pacífica de poder en Venezuela.
A Maduro no le ha quedado otra opción que intentar imponerse por la fuerza. Para el momento en que escribo esta columna, hay más de 19 venezolanos asesinados, cerca de 2,500 detenidos y otros tantos heridos. En tan solo cinco días, la dictadura ha desatado una represión nunca vista sobre miles de manifestantes que salen a la calle, pero también sobre el liderazgo de la oposición. Han secuestrado a dirigentes políticos nacionales, así como a personas que participaron en la elección como miembros de mesa o como testigos. Ni hablar de las amenazas de cárcel que hoy pesan sobre María Corina Machado y Edmundo González por encabezar la resistencia democrática.
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Pero la desesperación y la violencia del dictador nacen de un hecho muy concreto: Maduro nunca imaginó que la oposición, encabezada por María Corina Machado y Edmundo González, iba a lograr recopilar las actas de escrutinio de las 30,026 mesas de votación de manera tan rápida. Hoy tenemos 24,532 actas (81.70% del total) en nuestras manos y el resultado es el siguiente: Edmundo González 7,156,462 votos (67%) y el dictador Maduro 3,241,461 votos (30%). Estamos hablando de una diferencia de 37 puntos, que además no son cifras inventadas; son las actas que ellos también tienen y por eso el Consejo Nacional Electoral se niega a publicarlas, a pesar de que todo el país y la comunidad internacional se lo pide a gritos. Esta cifra de 67% coincide con lo que proyectaban las encuestas, pero también con lo que presentaron las exit polls de firmas como Edison Research, una prestigiosa empresa dedicada a realizar estudios a boca de urna en más de 40 países.
De este modo, lo que quiero transmitir es que las matemáticas del 28 de julio en las elecciones venezolanas son incontrovertibles. El fraude que Maduro ha hecho es tan burdo que, en menos de doce horas, obligó a que lo proclamaran como el ganador de la elección, aún sin haber terminado de dar los datos falsos que leyó el presidente del Consejo Nacional Electoral, Elvis Amoroso, que es amigo personal y cómplice de Maduro desde hace muchos años.
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Ahora mismo debemos trabajar en tres frentes de manera unida y decidida. En primer lugar, luchar para completar el cien por ciento de las actas; la dictadura debe hacer públicos los resultados, como lo ha pedido toda la comunidad internacional, incluso sus propios observadores internacionales. En segundo lugar, iniciar, como han anunciado María Corina Machado y Edmundo González, una enorme movilización popular a favor de la transición democrática venezolana. Nuestro pueblo está tan harto de la dictadura que, en las últimas horas, ha salido a protestar y a destruir las estatuas de Hugo Chávez. Y, en tercer lugar, es fundamental que la denuncia y el apoyo internacional, que hasta ahora ha exigido poder auditar todas las actas que Maduro esconde, además de construir amenazas creíbles de mayor presión sobre Maduro y su círculo de poder.
El mundo debe entender de una vez por todas que el problema de Venezuela no es simplemente Nicolás Maduro, un dictador en un país de Sudamérica. Se trata del campo abierto en el corazón de América para que, desde Venezuela, la agenda de Rusia, China, Irán, Cuba y Nicaragua pueda desarrollarse en la erosión de la democracia en todo el continente y una agenda antioccidental. Venezuela, recordemos, tiene la cuarta parte de las reservas petroleras del mundo y las octavas reservas de gas. Por eso, este cuadrante antidemocrático y antioccidental ve en Venezuela un espacio vital para minar la presencia de los valores occidentales. Además, la continuidad de Maduro será la profundización del éxodo más grande de este continente; se estima que un 20% de los venezolanos abandonaría el país si el dictador se impone por la fuerza.
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Llegó la hora de la libertad.
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