
El título corresponde al de un artículo escrito por un conocido intelectual, el profesor Roger Bartra, en la prestigiosa revista mexicana Letras Libres.
Para mí no hubiese tenido la misma importancia, si no fuera porque relata un episodio de mi vida que había ocurrido tres décadas antes. Lo recibí por casualidad. Le había llegado a Diamora, compañera venezolana de la universidad inglesa en la que hice mis posgrados, y ella me lo trasladó. Quien se lo envió, quizás como advertencia de lo que podía ocurrirle a su país, no sabía que nos conocíamos. Lo recibí en mayo de 2009 y relata una situación que tuvo lugar en Cuba en 1978.
PUBLICIDAD
Correspondía a un ensayo que envié por sugerencia de Ernesto Laclau, quien no solo había sido mi profesor, sino también guía de la tesis en la cual se basaba, y lo que en definitiva despaché a Cuba, revisaba distintas aproximaciones teóricas al fenómeno del fascismo.
Más allá de la impresión que le causa a cualquier persona enterarse tres décadas después de algo muy kafkiano de lo que no tenía idea, fue escrito por un académico muy respetado que había sido Jurado del Premio Casa de las Américas.
PUBLICIDAD
Me ha surgido el deseo de hacerlo público, ya que probablemente refleja en forma veraz la forma como funcionaba un sistema de características estalinistas, al menos en lo intelectual, y hace luz sobre el poco conocido rol jugado por escritores de la talla de Mario Benedetti.
Por ello, voy a transcribir textualmente lo que recibí, ya que habla por sí solo:
“Recuerdo Cubano
Por Roger Bartra
“Me sorprendió un poco que me invitaran a formar parte del jurado del Premio Casa de las Américas en 1978. Yo vivía en esa época en Paris y mi fe en la revolución cubana se había extinguido hacía mucho tiempo. Pero lo que no se había extinguido era mi curiosidad política. Nunca había estado en Cuba y tenía interés en ver con mis propios ojos el fenómeno político que hacía años había encendida la imaginación de tantos latinoamericanos. Así que acepté hacer el largo viaje a La Habana en enero de 1978.
PUBLICIDAD
Desde el comienzo recibieron a los jurados como si fuésemos altos dignatarios, protegidos por soldados y trasladados en autobuses que circulaban por la mitad de la carretera obligando a todo el tráfico a apartarse a nuestro paso. Nos recluyeron los primeros días en un lugar aislado de la sierra de Escambray, en el Hotel Hanabanilla, al lado de un tranquilo lago. Allí tendríamos todo el día para leer los manuscritos. Mis compañeros en el jurado de ensayo fueron el historiador venezolano Federico Brito Figueroa, el sociólogo ecuatoriano Agustín Cueva y el profesor Alberto Prieto de la Universidad de la Habana.
El mejor de los ensayos propuestos fue sin duda, de lejos, el escrito por el chileno Ricardo Israel Z., titulado “Un caso de fascismo dependiente”. Pero en su texto citaba a Trotsky para hacer una crítica de sus interpretaciones del fascismo. El profesor cubano nos advirtió que no podría ser premiado un ensayo que mencionara a Trotsky sin denunciarlo como traidor y agente de las potencias imperialistas. Yo defendí el ensayo de Ricardo Israel abiertamente. Brito y Cueva me apoyaron. Las discusiones fueron interminables y absurdas. Nada conmovía el dogmatismo del cubano, que seguía la línea oficial.
PUBLICIDAD
De regreso en La Habana, Agustín Cueva y yo nos reunimos a comer con Fernando Retamar y Mario Benedetti (escritores y funcionarios de Casa de las Américas) para protestar e intentar convencerlos. No hubo nada que hacer, no los persuadimos. Nos explicaron, además, que la votación final para aprobar cada premio, en los diferentes rubros (poesía, novela, etc.) se haría en sesión plenaria de todo el jurado, y allí no tendríamos ninguna posibilidad de que nos apoyasen. Aunque la mayoría de los jurados de ensayo propusimos premiar al chileno, no pasaría en la votación final si los cubanos se oponían. Haydé Santamaría, directora de la Casa de las Américas, rechazó también la posibilidad de premiar un ensayo que citase a Trotsky, aunque fuese para criticarlo. Lo único que se logró fue que el premio de ensayo de ese año fuese declarado desierto.
Nunca más quise volver a Cuba”
Hasta ahí en forma textual el artículo citado. Habla por sí mismo, y como corolario, al leerlo no dejé de sentir pena por alguien que hasta entonces admiraba como Benedetti. También decidí no viajar a Cuba, país donde no he estado, hasta que exista la libertad sobre la cual giraba el relato y la denuncia del profesor Bartra.
PUBLICIDAD
*@israelzipper es abogado. Máster y PhD. en Ciencia Política, Escritor, Profesor universitario en Chile, Estados Unidos, Inglaterra, Suecia.
Seguir leyendo:
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El peligroso y heroico viaje en plena guerra del Presidente de Francia a Sarajevo
En junio de 1992, la visita de François Mitterrand alteró los cálculos militares y diplomáticos en Bosnia-Herzegovina, expuso los límites operativos de Naciones Unidas y abrió el camino para una acción internacional sostenida

Samuelandia frente a la Constitución
Cuando un gobierno deja de servir a las instituciones y pretende que las instituciones sirvan al gobernante, el juicio político se convierte en un deber cívico

La paradoja de Ormuz: por qué la amenaza iraní sobre el estrecho beneficia a Estados Unidos y a la Argentina
La guerra que Teherán imagina como palanca contra Occidente es, en términos económicos fríos, una guerra que lastima menos a Washington, que beneficia a Buenos Aires y que lastima más a China
La irrelevancia de la Organización de Estados Americanos con opción de reformas de fondo o el fin
El organismo parece no entender el cambio geopolítico ni el momento histórico
Pedro Sánchez y las dos Españas
El país atraviesa una división política entre una España tradicional y una progresista




