
En este próximo Pésaj, que comienza el viernes 15 de abril a la noche, recordaremos un acontecimiento fundacional del pueblo hebreo: la liberación de la esclavitud faraónica y la creación del pueblo de Israel. Esa noche leeremos un texto que narra este acontecimiento: la Hagadá de Pésaj.
Hay una frase que resuena fuertemente en la Hagadá y que nos toca de manera íntima y personal: “En cada generación, la persona está obligada a verse (o mostrarse) a sí misma como si fuera que salió de la esclavitud a la libertad”. Cada uno de nosotros tiene que sentir internamente como si fuera que estuviera liberándose de la opresión faraónica y expresarlo a otros con sus acciones.
Es interesante que el texto de la Hagadá no habla de “judíos” sino de “personas”. Cada ser humano tiene que verse y mostrarse como si fuera que está saliendo de la esclavitud faraónica. Esto quiere decir que la libertad experimentada aquella noche tiene una dimensión universal, que va más allá del particularismo judía. Hay un mensaje importante para toda la humanidad.
Para poder dilucidar ese mensaje, tenemos que comenzar con una pregunta: ¿Qué significa ser esclavo?
Una de las definiciones que dan los sabios judíos de la esclavitud es que la persona libre trabaja para sí misma, mientras que el esclavo trabaja para otra persona. Por ello, el esclavo no es dueño de su propio tiempo: depende completamente de la voluntad de otra persona, que controla su vida. Toda su existencia está subyugada a un tercero, que decide qué puede y qué no puede hacer. Si trabaja, lo hace para beneficio de esa otra persona, en vez de para beneficio propio.
El esclavo tiene su libertad completamente limitada: no puede decidir qué hacer con su tiempo o su cuerpo. No puede elegir qué comer, qué consumir o con quién casarse. Su patrón domina todas las aristas de su vida. Es propiedad de su dueño.
¿Cuánto de lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos surge realmente de nosotros y cuánto es producto de las imposiciones del ambiente y las presiones sociales o culturales? Quizás nuestra libertad no esté limitada por un Faraón, pero sí por los límites que nos imponemos por vergüenza o miedo, por la moda y la opinión del entorno.
Este es el mensaje de Pésaj: cada persona tiene el derecho y la obligación primaria a crear su propia vida. Es decir: hacer su propio camino, sin imposiciones externas. Solo así alcanzará la manifestación real del sentido de su existencia.
Quien se somete a la esclavitud de seguir la corriente y no pensar comete un acto de autoanulación, sin darse cuenta, desprecia su propio potencial como ser humano. Por otra parte, los que pretenden someter a otros con imposiciones estrafalarias cometen el pecado de coartar la libertad del prójimo.
Solo la vida tiene sentido en la medida que seamos libres de pensar y actuar sin dejarnos llevar por nadie. Si Dios nos creó, es para que seamos nosotros mismos, sometiéndonos solo a la voluntad de Dios de hacer el bien, y no al capricho de los tiranos.
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