
Siempre una moción de vacancia presidencial genera mayor incertidumbre. Hay quienes se entusiasman con que el presidente sea vacado, y obviamente hay serias deficiencias en su gestión, pero, ¿qué vendría después? No vemos un plan de salida.
Sin duda, estos cruces del Ejecutivo y Legislativo afectan a las decisiones económicas, porque cualquier iniciativa que venga del Congreso en adelante no va a ser tomada tan en serio. Por otro lado, se puede ver que la agenda de leyes en el Parlamento que es bastante populista, y con o sin vacancia igual está perdiendo representatividad y confiabilidad.
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Se ha visto que prosperan proyectos que tratan de retrasar lo avanzado, por un lado, e introducir reformas que suenan bastante mercantilistas, como el tema de minería ilegal, las universidades o el transporte. Es decir, va ganando la parte chicha de la economía y del país.
Los intentos de imponer orden o los esfuerzos para formalizar están yendo hacia atrás, y eso afecta la productividad. A mayor informalidad, menor productividad de una economía. De paso que se van afectando las tasas de crecimiento de largo plazo.
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Recordemos que Perú está encaminado a ser miembro de la OCDE, pese a todos los problemas que tenemos. Pero obviamente, ese tipo de iniciativas legales irían en contra de las buenas prácticas en política que implican ingresar a esta organización.
Hay que tener en cuenta que por los altos precios de los minerales podríamos crecer de manera considerable, pero se están perdiendo las oportunidades. El ruido político y la agenda mercantilista chicha del Congreso nos lleva a tener ciertas preocupaciones sobre lo que pueda ocurrir los próximos cinco años.
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A veces nos comparamos con Latinoamérica, y se dice que vamos a ser de las economías que más vamos a crecer, pero somos una de las regiones que menos va a crecer en el mundo. Se espera que crezca entre 1% a 2%. Entonces, nos estamos comparando entre los malos. Nos dicen que somos una economía a prueba de bala, que aún si vacan al presidente seguimos creciendo, pero lo que nos dicen eso, son los equipos que están peleando la baja, no los más fuertes.
La conflictividad y el desorden pueden retraer los negocios formales, porque hay leyes que benefician a los informales. Y por el lado del consumo también, hay menor demanda de bienes como electrodomésticos, automóviles y vivienda. Algunos empresarios sienten que si no van a cambiar la constitución, y vamos a seguir teniendo un gobierno mediocre, se resignan a seguir con su vida, pero de manera precavida, sin embarcarse en proyectos grandes.
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Por otro lado, la institucionalidad macro se ha mantenido, y esa es una de nuestras fortalezas. Hay un equipo en el BCR incluso mejor que el anterior. En el Ministerio de Economía y Finanzas se ha visto que otra vez están cobrando fuerza los equipos técnicos, y se demostró con la pulsada que le ganaron a Petroperú, lo que es saludable.
Confío en la administración del MEF que es más ortodoxa, y que puede llevar a cabo acciones que permitan que, por lo menos, no nos sigamos deteriorando. Incluso con el ministro anterior, Pedro Francke, la cosa siguió más o menos igual porque muchos equipos se mantuvieron, se siguió creyendo en la estabilidad y en la disciplina fiscal.
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Pero para crecer no solo basta eso, la fortaleza macro es una condición necesaria pero no suficiente. Ahí entra el tema de institucionalidad, pero también está el gasto de infraestructura, inversión pública, los temas educativos, los factores que potencian el crecimiento. Faltan otro tipo de mejoras en mercados de capitales, que las tasas de interés comparadas siguen siendo algo elevadas, el mercado laboral, la reforma del Estado. En lo macro estamos bien, pero en lo micro estamos bastante mal. Eso es lo que puede terminar afectando la eficiencia del gasto y la actividad económica en el Perú.

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