Ecuador y Lenín Moreno hacen historia con transición a la democracia

Tras una difícil gestión, bajo permanente asedio y conspiración de Rafael Correa y los operadores transnacionales y nacionales del castrochavismo, el país ha recuperado los elementos esenciales de la democracia

En la imagen, el presidente saliente de Ecuador, Lenín Moreno. EFE/José Jácome/Archivo
En la imagen, el presidente saliente de Ecuador, Lenín Moreno. EFE/José Jácome/Archivo

Hace cuatro años Ecuador era parte del grupo de dictaduras del socialismo del siglo XXI en las Américas. En más de diez años en el poder, Rafael Correa había implantado el modelo vigente en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, dirigido por Cuba. Presos, perseguidos y exiliados políticos, ley mordaza, violación institucionalizada de los derechos humanos, ausencia de estado de derecho, inexistencia de separación e independencia de poderes, elecciones manipuladas, narcoestado, eran algunas las características de Ecuador que con la elección del candidato oficialista Lenín Moreno parecía condenado al continuismo castrochavista. Contra todo pronóstico, el Presidente Moreno ha terminado esas lacras con una exitosa transición a la democracia que es un hito histórico.

El libro “Fallos Judiciales que Violan los Derechos Humanos en Ecuador” (Fondo Editorial IID. Amazon) contiene seis estudios de caso en los que notables jurisconsultos ecuatorianos presentan sentencias y resoluciones judiciales que violan los derechos humanos en el Ecuador controlado por Rafael Correa. Como en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, los jueces que tienen obligación de ser imparciales y proteger la libertad y los derechos humanos de los ciudadanos, hacían todo lo contrario y habían convertido la justicia en mecanismo de represión política, estableciendo un régimen de miedo y un estado de indefensión de la población.

El informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos para el año 2015 expresa respecto a Ecuador, que “los principales abusos de los derechos humanos son la falta de independencia en el sector judicial y las restricciones a la libertades de expresión, prensa, asamblea y asociación”, con la precisión contenida en el mismo informe, que los jueces decidieron casos “en base a la influencia de los medios de presiones políticas o económicas en casos donde el gobierno expresó interés”, que de acuerdo a abogados de derechos humanos “el gobierno también ordenó a los jueces denegar todo recurso de amparo que argumenta que el gobierno había violado los derechos constitucionales a la libertad de movimiento, al debido proceso de ley y al trato igual ante la ley”.

La condición de dictadura del régimen de Rafael Correa fue valientemente denunciada y académicamente desnudada por el ex Presidente de Ecuador Osvaldo Hurtado en su libro “Dictaduras del Socialismo del Siglo XXI. El caso Ecuatoriano”, en cuya primera página transcribe una de las más importantes confesiones del dictador Correa, que expresa: “Porque el presidente la República, escúchenme bien, no es solo el jefe del Poder Ejecutivo, es jefe de todo el Estado ecuatoriano y el Estado ecuatoriano es Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral, Transparencia Social, superintendencias, Procuraduría, Contraloría, todo eso es el Estado Ecuatoriano”.

El presidente electo Guillermo Lasso junto a Lenín Moreno (Presidencia de Ecuador vía Reuters)
El presidente electo Guillermo Lasso junto a Lenín Moreno (Presidencia de Ecuador vía Reuters)

Casos como la persecución de periodistas y empresarios del diario El Universo, el apresamiento y tortura del asambleísta Galo Lara y su pareja con el denunciado asesinato de su hijo en gestación, el caso del asambleísta secuestrado en Colombia Fernando Balda, la persecución contra Fernando Villavicencio y centenas de ecuatorianos más, las confiscaciones de medios de comunicación como RTC TV y Gamma Visión para usarlas como instrumentos de la dictadura; el bombardeo de Colombia en la Angostura contra fuerzas de las FARC protegidas en territorio ecuatoriano, la expulsión de la DEA, el cierre de las bases antinarcóticos de Manta, el caso de la narco valija diplomática, el “lavajato” y más, son pruebas de la corrupción y dictadura en la que Ecuador se encontraba en mayo de 2017 cuando Lenín Moreno -bajo sombra de fraude electoral- asumió la presidencia.

Una difícil gestión de Lenín Moreno, bajo permanente asedio y conspiración de Correa y los operadores transnacionales y nacionales del castrochavismo, que incluso le dieron un golpe de estado en octubre de 2019, presenta ahora un Ecuador que ha recuperado los elementos esenciales de la democracia, con respeto a los derechos humanos y libertades individuales, vigencia del estado de derecho, separación e independencia de los poderes públicos, libre organización política y que acaba de realizar ejemplares elecciones libres en las que el pueblo ha elegido continuar en democracia derrotando al candidato de la dictadura.

Ecuador, con Lenín Moreno, hace historia por la transición efectiva a la democracia que se evidencia con resultados. Es el buen ejemplo de la región que ha frenado la conspiración castrochavista y que da a Ecuador la oportunidad de seguir construyendo un futuro de libertad y progreso. No se trata de una cuestión ideológica, no es una confrontación de derechas e izquierdas, porque sin duda Moreno es un hombre de izquierda. Se trata de la demostración que el eje de confrontación en el siglo XXI en las Américas es entre democracia y dictadura. Es la constatación que hay dos Américas, una democrática y la otra dictatorial; y que la dictatorial ha perdido Ecuador para aliento de los pueblos de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, que continúan luchando por su libertad.

El legado de Lenín Moreno para Ecuador y las Américas se llama “democracia”. Una transición de la dictadura castrochavista de Correa a la democracia con los elementos de la Carta Democrática Interamericana, transición hecha por un hombre de izquierda que demuestra que la política es diferente al crimen organizado disfrazado de política que oprime a Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

*El autor es abogado y politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy.