Mark Zuckerberg (AP)
Mark Zuckerberg (AP)

Primera pregunta: ¿conocemos el mismo número de personas que nos conocen? Segunda pregunta: ¿conocen los lectores de esta columna la obra del escritor ‎Karinthy Frigyes? En caso de resultar afirmativa la respuesta a ésta pregunta, obtenemos también la respuesta a la primera.

Hace 90 años el escritor húngaro Karinthy Frigyes escribió un cuento titulado “Cadenas” en el que plantea el siguiente juego: “Uno de nosotros propuso realizar el siguiente experimento para demostrar que la población de la tierra está ahora más cercana que nunca antes. Hay que seleccionar a una persona de los 1,5 billones de habitantes de la tierra – cualquiera, en cualquier lugar-. La apuesta realizada consistió en tratar de contactar a esta persona a partir de no más de cinco individuos de los cuales solo uno de ellos puede ser un conocido personal. Por ejemplo “Usted conoce al Señor XY, pídale por favor que se ponga en contacto con el Señor QZ” y así sucesivamente de persona en persona. Cada persona debe preguntar a un amigo de su círculo si conoce al Señor XY y trasmitir el mensaje”.

Durante la década de los 60 la teoría de los seis grados fue conceptualizada por el académico estadounidense Stanley Milgram a partir de experimentos en los que se le solicitaba a la gente que le hiciera llegar una carta a alguien que solo conociera por el nombre con el objetivo de que la carta arribara a manos de una persona en otra ciudad. De esta manera, para Milgram, el número promedio de veces que la carta pasaba de manos para llegar a estas personas era seis.

En el año 2013 el sociólogo estadounidense Duncan J. Watts publicó una obra titulada “Six Degrees: The Science of a Connected Age” en la que sistematizaba el trabajo que había escrito diez años antes junto a Meter Dodds y Roby Muhamad sobre la elaboración de un mapa de la conectividad entre personas a través de Internet. Para el experimento realizado a través del correo electrónico participaron más de 60.000 personas residentes en 166 países.

Se buscaba demostrar que una persona puede estar conectada a cualquier otra a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios, es decir, que ambas personas conecten con sólo seis enlaces.

Previamente en el año 2006, un estudiante de la Universidad de Virginia llamado Brett C. Djaden decidió crear un juego online que consistía en conectar a cualquier actor que uno eligiese con Kevin Bacon a través de películas. El juego puede encontrarse en la web oracleofbacon.org.

Sorprendido por el fulminante éxito del entretenimiento, el mismo Bacon lanzó el sitio web sixdegrees.org con el apoyo de empresas de primera línea el cual está destinado a recaudar fondos para misiones de caridad.

Cuando le preguntaron si dedicaba mucho tiempo al tema, expresó: “¿Yo lo juego? Honestamente no, pero como un agradecimiento a Andy Gotts (famoso fotógrafo de Hollywood), y usando únicamente a actores involucrados en su libro, me conectaré a mí mismo a seis grados de Sir Alan Bates, quien escribió el prefacio. Ahí va: yo (Kevin Bacon) estuve en Línea Mortal con Julia Roberts, que estuvo en Closer con Jude Law, quien estuvo en El talentoso Sr. Ripley con Gwyneth Paltrow, quien estuvo en Seven (Pecados Capitales) con Morgan Freeman, que estuvo en La suma de todos los miedos ¡con Sir Alan Bates!".

En 2011 Facebook, la empresa de Mark Zuckerberg, encargó a las Universidades de Cornell y de Milán un estudio (revisado en 2016) que determinó que cada persona en el mundo (al menos entre los 1,59 mil millones de personas activas en Facebook) está conectada a cualquier otra persona por un promedio de otras tres personas y media. Algo así como decir que entre los amigos de los amigos de mis amigos podría estar cualquier persona. En definitiva, casi la mitad de esos seis grados que se supone que mediaban entre las personas a partir de la estimación imaginada por el húngaro Frygies hace nueve décadas.

En 1996 Umberto Eco brindó una conferencia en los Estados Unidos titulada “De Gutenberg a Internet”. El gran semiólogo italiano comenzaba a describir su malestar con la naciente world wide web que estrechaba rápidamente las fronteras de la aldea global.

“Pienso que las computadoras están difundiendo una nueva forma de instrucción pero son incapaces de satisfacer todas las necesidades intelectuales que ellas mismas están estimulando. En mis mejores momentos de optimismo sueño con una generación digital que lea en la pantalla del computador, pero que en cierto momento se sienta insatisfecho, y busque un momento de placidez y relajación para leer un buen libro”.

Más allá de los beneficios de los seis grados de separación me animo a sostener que entre los amigos de carne y hueso y los digitales existe la misma relación que la que se produce entre la lectura realizada a través de la pantalla y aquella que se tiene con los libros de papel.