(Reuters)
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Los comicios en Egipto han culminado y Abdel Fattah al Sisi fue reelecto. Sin embargo, después de las elecciones, diferentes preocupaciones continuarán en la vida de los ciudadanos. Los egipcios viven en un mundo distinto al de los medios de comunicación. Su realidad es tan diferente que ni los medios locales, privados u oficiales, ni los regionales, pueden reflexionar sobre ello de manera genuina y profesional.

La campaña electoral presidencial estuvo lejos de ser perfecta. Esto era tan cierto como la llegada aparentemente repentina de las elecciones, algo que pareció tomar incluso a los responsables por sorpresa.

Pero como todo, la vida política de los pueblos árabes no es perfecta. La democracia es un proceso continuo. Es deber de los ciudadanos involucrarse completamente para mejorar la situación de su país. En el caso egipcio, ha sido obvio que millones de personas se politizaron o al menos desarrollaron un nuevo interés por la política luego de la Revolución del 25 de enero. Este fue un signo extremadamente positivo. No obstante, lo negativo fue limitar ese interés a las plataformas virtuales, donde las minorías pueden convertirse fácilmente en mayorías, las opiniones ganan el estatus de hechos y las noticias falsas se convierten en noticias creíbles.

La escena política después de las elecciones de 2018 necesitará mucho trabajo y no solo buena voluntad para que funcione. Egipto necesita reconvertirse y replantearse su papel de liderazgo entre los pueblos árabes.

Muchos egipcios se cuestionan si el presidente Al Sisi ha estado cediendo a la interferencia del exterior y los intentos de dominación o si está haciendo todo lo posible para lograr un equilibrio realista. Como sea, el presidente ha estado actuando de manera inteligente y astuta.

Hace unas semanas, la revista estadounidense Foreign Policy publicó un artículo titulado "Elecciones antidemocráticas de Egipto". En la nota se afirmaba que "la votación de marzo no confirmará de ninguna manera la popularidad del presidente Abdel Fattah al Sisi entre el pueblo egipcio". "Esta campaña electoral es simplemente una extensión de la lucha interna de poder entre los militares y los servicios de seguridad del régimen, y no tiene nada que ver con mecanismos democráticos dignos de ese nombre", señaló Foreing Policy.

Unos días más tarde, la agencia de noticias estadounidense Bloomberg publicó un artículo titulado "En las elecciones presidenciales de Egipto, el verdadero drama está al margen". La nota describió el arresto de Abdel Moneim Aboul Fotouh, figura de la Hermandad Musulmana, indicando que "Aboul Fotouh se unió a una creciente lista de personas detenidas y proscritas en la carrera presidencial".

Al Sisi, quien fue elegido en 2014, buscaba un segundo mandato y dejó en claro que no toleraría la disidencia que él y sus funcionarios sostienen que podría descarrilar los logros que el país ha alcanzado en los últimos cuatro años.

Otro artículo reciente del periódico estadounidense USA Today indicó que "con la reelección de Al Sisi, los jóvenes sentirán que Egipto se habrá perdido". Y el autor del texto habló con ciudadanos insatisfechos soñando con una nueva revolución. Por lo que no debería sorprender si después de un tiempo la gente sale a la calle nuevamente en protestas repentinas.

Lo cierto es que el camino hacia un Egipto mejor atraviesa una escena política saludable y equilibrada, sobre todo a través de las personas que tienen la esperanza de un futuro mejor y prometedor, que confían en el liderazgo del presidente y en la capacidad de tomar decisiones basadas en la confiabilidad. Esas personas son las que han sufrido el año de gobierno del ex presidente Mohamed Mursi y la Hermandad Musulmana luego de la caída del gobierno de Hosni Mubarak.

Lo que los egipcios deben hacer es mirar hacia adelante y no olvidar su pasado, mirarse al espejo y no adherir a justificaciones fáciles que van desde la "mala suerte" a un "pasado difícil", un "presente horrible" o un "futuro sombrío".

La oportunidad para Egipto de retomar el liderazgo árabe regional que nunca debió concesionar -como lo hizo ante las mal llamadas "primaveras árabes"- puede abrirse en su horizonte político si su dirigencia logra constituirse en el socio y nexo entre el mundo árabe y Occidente, no solo en la necesaria lucha contra el terrorismo islamista, también en su marcha a la modernidad y al desarrollo que señale el camino a otros estados árabes de la región.

Ahora que las elecciones presidenciales terminaron, es hora de que los egipcios vuelvan a las lecciones aprendidas en el pasado.