
El fundador de Villa Vie Residences, Mikael Petterson, reconoció que se siente “el villano” tras la suspensión de las operaciones del crucero residencial Odyssey, que dejó varados a cerca de 200 pasajeros en Camboya. Los residentes recibieron siete horas de aviso para abandonar el barco, que permanecía amarrado en el puerto de Sihanoukville.
La compañía había ofrecido cabinas permanentes para viajar por el mundo durante años. Sin embargo, las reparaciones de una nave con tres décadas de antigüedad, los cambios en los itinerarios, los recargos por combustible y las deudas acumuladas pusieron en riesgo el proyecto, según informó el New York Post.
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Petterson afirmó que analiza la posibilidad de solicitar la quiebra después de que fracasaran las negociaciones con un potencial inversor. “Me siento fatal”, dijo a Business Insider, según reprodujo el New York Post.
La suspensión dejó a los residentes con siete horas para desembarcar
Villa Vie Residences comunicó en octubre la interrupción inmediata de sus actividades mientras el Odyssey permanecía en el puerto camboyano. La empresa atribuyó la decisión al aumento de los costos operativos, obligaciones impagas y una deuda creciente. Los cerca de 200 residentes recibieron el aviso de desembarcar con apenas siete horas de anticipación.
Barbara Fiegel, de 62 años, quien vivía en el barco junto a su pareja desde diciembre de 2024, contó a Business Insider que no podía dejar de llorar al enterarse de la noticia, según reprodujo el New York Post. Al igual que otros pasajeros, había convertido el crucero en su hogar después de adquirir una de las unidades ofrecidas como residencia permanente.
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Las cabinas costaban entre USD 119.999 y USD 439.999, de acuerdo con el New York Post. El plan comercial incluía 509 habitaciones y ofrecía a los compradores la posibilidad de navegar durante el resto de sus vidas. El itinerario inicial contemplaba un recorrido de tres años y medio por más de 400 puertos.
El fundador sostuvo que busca una alternativa para los afectados. “Soy el villano de esta historia, pero hago todo lo que puedo para apoyar a los residentes con una solución”, declaró. La empresa señaló que intentará asistir a pasajeros, tripulantes y empleados durante los próximos 60 días, un período en el que prevé avanzar con una reestructuración y una recapitalización.
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Las fallas técnicas de un barco de 30 años demoraron el inicio del proyecto
Petterson compró el Odyssey a la naviera Fred. Olsen Cruise Lines a principios de 2024. El viaje inaugural estaba previsto para mayo de ese año desde el Reino Unido, pero las obras de renovación en los astilleros de Belfast detectaron problemas en los ejes de los timones, los tanques de aguas grises, los motores y las certificaciones requeridas por las autoridades marítimas.
El barco partió finalmente a fines de septiembre de 2024, cuatro meses después de la fecha anunciada, tras superar las pruebas de navegación. Su primera escala programada fue Brest, en el norte de Francia. En los meses siguientes recorrió Europa occidental, el noroeste de África y el Caribe; luego atravesó el Canal de Panamá y llegó a distintos destinos de América del Sur.
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Las dificultades operativas continuaron durante el viaje. Los cambios en el programa, las demoras por mantenimiento y los cargos adicionales llevaron a algunos residentes a abandonar de forma definitiva el buque, pese a la inversión realizada para comprar sus cabinas.
Petterson vinculó el encarecimiento del combustible con la guerra en Irán. Antes del inicio del conflicto, aseguró que el Odyssey pagaba habitualmente entre USD 600 y USD 700 por tonelada métrica de combustible. Para marzo, el valor se había acercado a USD 2.000 por tonelada, de acuerdo con datos de la publicación especializada Ship & Bunker reproducidos por el New York Post.
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La empresa no descarta solicitar la quiebra
La compañía afirmó que, desde el inicio del conflicto a fines de febrero, redujo el consumo de combustible mediante una menor velocidad de navegación y estadías más prolongadas en puerto. Esas medidas no alcanzaron para compensar el aumento de precios, indicó en un comunicado.
Petterson sostuvo que trasladar la totalidad del incremento a los residentes no era una alternativa viable. También reconoció que una empresa del tamaño de Villa Vie Residences no puede protegerse ante la volatilidad de los precios mediante coberturas financieras, como sí lo hacen las principales líneas de cruceros.
Hasta la semana pasada, el fundador negociaba una inyección de capital con un inversor que podía aportar fondos para sostener las operaciones. La caída de ese acuerdo dejó a la compañía sin opciones inmediatas, según relató. “Nadie que haya intentado los cruceros residenciales tuvo éxito, y nosotros llegamos más lejos que cualquiera”, afirmó.
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Villa Vie informó que durante los próximos 60 días trabajará en una reestructuración y una recapitalización. La compañía advirtió que el resultado de esas gestiones no está asegurado.
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