
Los aerosoles de aceites esenciales eliminan cucarachas alemanas al contacto, pero pierden eficacia cuando se secan, según un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Kentucky en Scientific Reports.
De acuerdo con Phys.org, el equipo probó 4 productos comerciales sobre insectos de laboratorio y una población doméstica resistente a insecticidas, mediante aplicaciones directas y residuos en superficies.
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Las cucarachas alemanas (Blattella germanica) son las que suelen vincularse con infestaciones dentro de las viviendas. Se refugian en grietas, detrás de electrodomésticos, paredes y armarios, por lo que suelen permanecer fuera del alcance de quienes intentan combatirlas con un aerosol.
La aplicación directa causó una mortalidad superior al 96%

El trabajo fue realizado en el laboratorio de Zachary DeVries, profesor asociado de entomología y titular de la cátedra de la Fundación Bill Gatton en la Universidad de Kentucky.
Para las pruebas utilizaron 2 grupos: una población de laboratorio sensible a los insecticidas y otra recolectada en una vivienda, con alta resistencia a esas sustancias. La comparación permitió observar si los productos actuaban de forma similar.
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Cuando los aerosoles se aplicaron de manera directa, más del 96% de las cucarachas murió en 7 días. Casi todas las evaluaciones llegaron al 100% de mortalidad, según los resultados del estudio.
“Murieron inmediatamente”, afirmó Daniela Jackson, autora principal de la investigación y graduada en biotecnología agrícola y médica por la Universidad de Kentucky en 2025. Ella trabaja actualmente en el Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.
La investigadora advirtió que ese resultado aislado puede llevar a una conclusión equivocada sobre el funcionamiento de estos compuestos en un hogar. “Si el estudio se hubiera detenido ahí, los productos habrían parecido altamente efectivos”, señaló.
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Los residuos secos tuvieron un alcance limitado

El control de una infestación depende, sin embargo, de que el insecticida alcance a los animales escondidos y conserve su acción tras la aplicación. Para estudiar ese aspecto, el equipo colocó 3 de los productos sobre baldosas de cerámica y madera de pino.
Los restos del aerosol se dejaron secar durante 24 horas, una semana o un mes. Después, los investigadores expusieron a las cucarachas a esas superficies para medir su mortalidad luego del contacto con el material ya seco.
Los resultados fueron menores que los obtenidos con el rociado directo: casi todos los tratamientos residuales eliminaron a menos de la mitad de los insectos, mientras que la mayoría provocó una mortalidad inferior al 10%.
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El mejor resultado alcanzó un 78% de mortalidad, por debajo del 90% de eficacia establecido en la guía federal de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para las afirmaciones sobre el rendimiento de plaguicidas. DeVries sostuvo que esas cifras podrían incluso ser superiores a las que se registrarían en una casa.
Los ejemplares evitaron al principio las zonas tratadas

Los experimentos de seguimiento con video mostraron que los residuos recién aplicados hicieron que los individuos evitaran las baldosas tratadas. Esa reacción repelente disminuyó casi por completo después de 24 horas, al mismo tiempo que descendía la eficacia en los ensayos posteriores.
“Las cucarachas se vieron obligadas a permanecer en las superficies tratadas durante 4 horas, mucho más tiempo del que probablemente permanecerían en un mismo lugar dentro de una casa”, explicó DeVries sobre las condiciones de la evaluación.
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Los aceites esenciales se evaporan con rapidez, un factor que ayuda a explicar la diferencia entre la alta eficacia del contacto directo y el resultado limitado de los residuos. El aerosol puede matar a la cucaracha que recibe el producto, pero deja poca protección una vez que la superficie se seca.
El especialista resumió la dificultad de combatir la plaga con un ejemplo: “Ves una, y hay 20 más en algún otro lugar”. Según indicó, hallar a todos los ejemplares sería la condición necesaria para que un método de contacto resolviera el problema, algo que no ocurre en una infestación doméstica.
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Las etiquetas pueden crear expectativas que el producto no cumple

Jackson explicó que numerosos insecticidas a base de aceites esenciales son considerados plaguicidas de riesgo mínimo y están exentos del proceso estándar de registro ante la EPA. Esa menor exigencia puede facilitar el desarrollo y la venta de nuevos productos, aunque las afirmaciones de eficacia reciben menos revisión.
Un envase puede asegurar que mata a estos organismos, incluso si su efecto exige localizar y empapar de aerosol a cada insecto. Para las familias que enfrentan una plaga dentro de su vivienda, esa diferencia entre la promesa y el uso real puede ser importante.
DeVries señaló que el problema puede afectar especialmente a hogares de bajos ingresos, donde los ejemplares son frecuentes y el control profesional resulta difícil de pagar. Además, la presencia de estos insectos expone a las familias a alérgenos vinculados con el asma y otros problemas de salud.
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“No es razonable esperar que los residentes busquen y rocíen cada cucaracha para cumplir con lo que indica la etiqueta”, afirmó el investigador. Tanto DeVries como Jackson recomendaron usar cebos insecticidas, que las cucarachas consumen e ingieren, como método para combatir una infestación.
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