
Un esqueleto de dinosaurio que salió al mercado en 2023 con un precio pedido de USD 20 millones perdió más de la mitad de su valor después de que la ciencia determinara que no pertenece a un Tyrannosaurus rex. El fósil, ahora bautizado Jodi, será rematado el próximo 27 de octubre en Sotheby’s Nueva York con una estimación de entre USD 6 millones y USD 9 millones.
Según informó Forbes, el ejemplar fue exhibido en Londres en 2023 bajo el nombre de Chomper y presentado como un posible T. rex juvenil. Sin embargo, una investigación publicada en 2025 trazó un debate paleontológico de más de 80 años: los restos más pequeños y estilizados hallados junto a estructuras óseas del gran carnívoro no corresponden a crías de esa especie, sino a un género distinto llamado Nanotyrannus.
PUBLICIDAD
Jodi pasó de ser un joven T. rex a integrar un linaje con solo tres especímenes conocidos
El dinosaurio fue descubierto en 2019 en un rancho de Montana, Estados Unidos, por Jodi Pierson, y excavado por el paleontólogo comercial Clayton Phipps. Tiene aproximadamente 67 millones de años, mide casi seis metros de largo y unos dos metros de alto, conserva alrededor del 70% de su estructura ósea y posee un cráneo casi íntegro con cerca de 50 dientes.

Cassandra Hatton, vicepresidenta y responsable mundial de Ciencia e Historia Natural de la casa de subastas, explicó que el Nanotyrannus convivió con el T. rex, pero ambos ocupaban nichos ecológicos diferentes. Según la especialista, se trataba de un animal más liviano y veloz, con extremidades más largas y una dentición distinta a la del depredador más célebre del Cretácico.
PUBLICIDAD
A pesar de la rebaja en su valuación, Jodi es extraordinariamente raro: pertenece a un linaje representado por apenas tres ejemplares en todo el mundo. Sin embargo, llega a la puja sin el reconocimiento masivo que acompaña al nombre T. rex, un dinosaurio instalado en la cultura popular a través de museos, libros y películas.
Un Tyrannosaurus rex se vendió por USD 50,13 millones y multiplicó el récord de la categoría
El coleccionismo de restos de dinosaurios atraviesa un momento de expansión sin precedentes. Tres meses atrás, Sotheby’s vendió a Gus, un esqueleto de T. rex considerado uno de los más grandes y completos ofrecidos hasta la fecha, por USD 50,13 millones. La cifra estableció una nueva marca mundial y superó ampliamente la estimación previa, que oscilaba entre USD 20 millones y USD 30 millones.
PUBLICIDAD

La plusmarca anterior también surgió de la misma firma. En julio de 2024, Apex, un Stegosaurus de unos 150 millones de años, alcanzó USD 44,6 millones. El comprador fue el multimillonario estadounidense Ken Griffin, fundador de Citadel, quien luego expresó su intención de evaluar un préstamo de la pieza a una institución del país.
La escalada resulta notable si se observa la trayectoria del segmento. Cuando la casa de subastas vendió en 1997 a Sue, uno de los T. rex más célebres, el precio fue de USD 8,2 millones. En menos de tres décadas, el techo de la categoría se multiplicó por más de seis.
PUBLICIDAD
La tensión entre coleccionismo privado e investigación científica crece con cada remate
El aumento sostenido de los precios genera una consecuencia directa: museos y universidades encuentran cada vez más difícil competir contra compradores particulares. La Society of Vertebrate Paleontology (SVP) sostiene que la venta de restos de vertebrados científicamente relevantes solo debería concretarse si las piezas permanecen bajo custodia pública, disponibles para investigación, educación y exhibición.

Un estudio publicado en 2025 contabilizó 61 fósiles de T. rex en colecciones públicas y 71 en manos privadas. De acuerdo con ese trabajo, si los especímenes captados por el circuito comercial estuvieran accesibles para la ciencia, la cantidad disponible para estudio se duplicaría.
PUBLICIDAD
Los defensores del mercado privado plantean el argumento inverso: buena parte de esos hallazgos nunca se habría concretado sin buscadores independientes y paleontólogos comerciales que exploran terrenos privados y financian excavaciones. El propio Jodi fue localizado y extraído por actores del ámbito comercial antes de convertirse en pieza clave de una discusión científica que llevaba décadas sin resolverse.
La venta del 27 de octubre permitirá medir cuánto pesa la diferencia entre un nombre con reconocimiento global y una rareza científica con apenas tres representantes conocidos. La ciencia ya modificó la identidad de Jodi y, al menos por ahora, también su cotización esperada.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD



