
Los monos capuchinos barbados aumentan la caza de pequeños vertebrados cuando escasean los alimentos vegetales, según un estudio que analizó durante 45 meses cómo estos primates recurrieron a presas animales cuando hubo menos frutas y verduras disponibles.
En PLOS One se publicó este análisis basado en observaciones obtenidas en Fazenda Boa Vista, Brasil, a cargo de un grupo liderado por Susana Carvalho y Noemi Spagnoletti. Dos conjuntos fueron estudiados en la investigación, que propuso una conexión entre dichas prácticas y eventuales hábitos de alimentación entre ancestros del ser humano.
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De acuerdo con el reporte de Phys.org, los científicos buscaron identificar qué factores empujan a los primates a cazar. El estudio partió de una comparación con otros simios y monos, ya que los humanos son los únicos miembros vivos de este grupo que cazan de forma habitual animales más grandes que ellos mismos.
Observación durante más de 5.000 horas

El equipo observó a los animales entre 2006 y 2010, y reunió más de 5.000 horas de seguimiento. En ese lapso documentó 446 episodios de consumo de pequeños animales, con un predominio de lagartos, que representaron 43% de los casos, y roedores, con 28%. Esto equivale a una tasa promedio de 6,34 eventos por cada 100 horas de observación.
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Phys.org detalló que entre esos registros aparecieron además los primeros casos documentados de estos capuchinos comiendo zarigüeyas, iguanas y crías de aves en nido. Ese hallazgo amplió la lista de presas ya conocidas en esta especie.
El estudio también encontró diferencias entre machos y hembras, ya que los primeros cazaron con mayor frecuencia y eligieron presas más peligrosas, entre ellas serpientes. Esa variación mostró que la conducta no dependió solo del ambiente, sino también del sexo de los animales.
Además, detectaron diferencias por edad. Los adultos consumieron vertebrados con más frecuencia que los infantes, mientras que los juveniles no mostraron una diferencia estadísticamente significativa frente a los más grandes.
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Menos fruta, más presas animales

Los autores indicaron que la dieta cambió según las condiciones ambientales: cuando los alimentos vegetales resultaron menos accesibles, aumentó la caza de vertebrados. Esa asociación fue uno de los puntos centrales del trabajo.
La investigación agregó que los capuchinos tendieron a consumir de forma preferente el cerebro y las vísceras de sus presas; esa elección parece apuntar a tejidos con alta densidad de grasa, un aspecto que los investigadores vincularon con carencias nutricionales.
“Cuando analizamos 45 meses de datos, vemos que los pequeños vertebrados, como lagartos, roedores y serpientes, constituyen una fuente de alimento clave cuando hay menos fruta disponible, y son objetivos preferenciales para sus cerebros y vísceras”, afirmó Susana Carvalho, una de las autoras principales.
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El análisis no solo vinculó la caza con la menor disponibilidad de fruta, también detectó que la tasa de depredación aumentó con la lluvia, mientras que la temperatura y la humedad influyeron en la probabilidad de registrar estos episodios.
Una posible pista sobre ancestros humanos

Los resultados, según el artículo, sugieren que los capuchinos recurren a presas vertebradas en momentos de escasez de alimentos vegetales. Ese patrón ya había sido planteado para antepasados humanos durante períodos de cambios climáticos.
El estudio sostuvo que la caza de piezas pequeñas pudo ser una etapa previa a la explotación de animales mayores. “Podría haber sido una importante fuente de nutrición para los antepasados humanos durante períodos de escasez de alimentos, proporcionando un paso previo a la explotación de presas más grandes”, señaló Carvalho.
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La investigadora agregó que “ahora es necesario reanalizar el registro fósil para buscar evidencia de la depredación de pequeños vertebrados”.
Qué proponen los investigadores

En 32 de 50 eventos colectivos hubo transferencia de carne o de otras partes del animal entre miembros del grupo, una conducta que el estudio considera relevante para entender las relaciones alimentarias entre estos primates.
Los autores señalaron que futuros estudios podrían confirmar estos patrones en capuchinos y otros primates. También indicaron que la investigación fósil podría buscar pruebas comparables en las presas de los primeros humanos para evaluar si los parientes vivos actuales sirven como modelo para entender el origen evolutivo de los hábitos depredadores humanos.
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Carvalho, directora de ciencia del Parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique, afirmó que “este estudio subraya la necesidad crucial de realizar trabajo de campo de observación a largo plazo para comprender de forma fiable el comportamiento de las especies de primates longevas y altamente adaptables”.
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