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Alertan que el humo de incendios en Europa y Norteamérica reactiva la alarma por daños a largo plazo

Expertos sostienen que la exposición acumulativa puede generar consecuencias persistentes y reclaman respuestas preventivas sostenidas, con medidas que protejan a grupos vulnerables cuando la contaminación se mantiene baja

El humo de incendios en Europa y Norteamérica reactiva la alarma por daños a largo plazo en la salud pública (REUTERS/Pedro Nunes)
El humo de incendios en Europa y Norteamérica reactiva la alarma por daños a largo plazo en la salud pública (REUTERS/Pedro Nunes)
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Más de 250.000 personas fueron evacuadas en Europa mientras Canadá registra cerca de mil incendios activos en sus bosques boreales, en lo que los científicos advierten que puede convertirse en una crisis de salud pública con efectos que se prolongarán durante años. La crisis climática, alimentada por la quema de combustibles fósiles, agrava las condiciones de sequía que hacen posible la rápida expansión de estos focos.

Según informó The Guardian, una ola de incendios arrasa simultáneamente regiones de América del Norte y Europa, con consecuencias inmediatas que van desde la destrucción de viviendas y bosques hasta la generación de nubes tóxicas de humo que afectan a ciudades a cientos de kilómetros de distancia. En Estados Unidos, la tercera gran ola de calor del último mes resecó la vegetación e impulsó incendios en Washington, el este de Oregón e Idaho, cuya columna de humo podría llegar hasta Florida.

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El humo no respeta fronteras

El impacto del humo trasciende ampliamente las zonas directamente afectadas por las llamas. Un estudio reciente reveló que las partículas microscópicas presentes en el humo de incendios forestales elevan el riesgo de hospitalización en personas mayores que viven a cientos de kilómetros de los focos activos.

“El costo cardiovascular del humo de los incendios forestales se extiende mucho más allá de las líneas de fuego y mucho más allá del día en que el cielo se vuelve anaranjado”, sostuvo Kai Chen, profesor asociado de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Yale y coautor del estudio, en declaraciones recogidas por The Guardian.

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Los casi mil incendios activos en los bosques boreales de Canadá generaron una nube tóxica que penetró en las principales ciudades canadienses y estadounidenses. La situación escaló al plano político cuando el presidente Donald Trump acusó al país vecino de “envenenar” el aire de su país, con amenazas de represalias que The Guardian describió como desconcertantes dado el origen climático del fenómeno.

En Europa, el panorama no es menos grave. Los incendios que afectan al Reino Unido, Francia y España obligaron a evacuar a más de 250.000 personas. El primer ministro español, Pedro Sánchez, en declaraciones tomadas por el propio medio británico, declaró que “toda la península ibérica sufre los efectos de la emergencia climática de una manera muy concreta”.

Más de 250.000 personas fueron evacuadas en Europa mientras Canadá registra cerca de mil incendios activos en sus bosques boreales (BC Wildfire/Handout via REUTERS)
Más de 250.000 personas fueron evacuadas en Europa mientras Canadá registra cerca de mil incendios activos en sus bosques boreales (BC Wildfire/Handout via REUTERS)

Las heridas que no cierran con la lluvia

Mientras el mundo observa los incendios en curso, un nuevo estudio publicado este lunes arroja luz sobre lo que ocurre años después de que las llamas se extingan. El Estudio de Exposición a Incendios Forestales de Maui (Maui Wildfire Exposure Study), dirigido por investigadores de la Universidad de Hawái, evaluó las condiciones de salud de los sobrevivientes del devastador incendio de 2023, que dejó más de 100 muertos y destruyó varios miles de edificios en la segunda isla más grande del archipiélago.

Los resultados revelan que, si bien las condiciones materiales y económicas mejoraron en términos generales, una porción significativa de la población aún carga con secuelas físicas y psicológicas. Casi la mitad de los adultos evaluados reportó síntomas depresivos persistentes, y casi uno de cada cinco presentó estrés postraumático. El estudio, que incluyó exámenes a más de 2.500 participantes, también detectó un aumento en los niveles de presión arterial y obesidad, así como mayor prevalencia de trastornos emocionales entre niños y adolescentes.

“El progreso es real y debe ser reconocido. Pero las consecuencias biológicas, emocionales y sociales de un desastre no desaparecen en el mismo cronograma que la remoción de escombros o la reconstrucción”, afirmó Alika Maunakea, codirector del estudio y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Hawái, en declaraciones recogidas por The Guardian.

Christopher Knightsbridge, terapeuta de salud mental con base en Lahaina —la ciudad costera prácticamente arrasada por el fuego—, advirtió que los niños pueden aparentar resiliencia mientras aún cargan efectos emocionales y físicos profundos. “Apoyar a los niños significa apoyar a toda la familia, incluyendo su vivienda, seguridad alimentaria, rutinas diarias y acceso a atención de confianza”, agregó.

Expertos reclamaron políticas de salud pública de largo plazo, centros de aire limpio y medidas preventivas aun cuando la contaminación por humo se mantenga baja (Europa Press)
Expertos reclamaron políticas de salud pública de largo plazo, centros de aire limpio y medidas preventivas aun cuando la contaminación por humo se mantenga baja (Europa Press)

Respuestas de largo plazo ante una amenaza creciente

Frente a un escenario en que los incendios forestales se vuelven más frecuentes e intensos, expertos y científicos reclaman políticas de salud pública con visión de largo plazo. Entre las propuestas que ganan respaldo figura la creación de “centros de aire limpio”: espacios habilitados por las autoridades donde la población pueda refugiarse de la contaminación atmosférica durante episodios de humo.

Un estudio publicado en 2025, que analizó una cohorte de adultos mayores del sur de California, encontró un aumento del 7 % en la mortalidad a lo largo de tres años atribuible a la exposición al humo de incendios. Sus autores recomendaron que la activación de medidas de salud pública no dependa únicamente de la intensidad del humo, dado que los efectos a largo plazo pueden ser dañinos incluso con niveles bajos de exposición.

“A medida que los incendios forestales se vuelven más frecuentes y graves en el contexto del cambio climático, con California en alto riesgo, entender cómo estos incendios nos afectarán a largo plazo es fundamental para impulsar una mejor respuesta de salud pública”, señaló Lara Schwarz, científica especializada en salud ambiental en la Universidad de California en Berkeley que lideró esa investigación, según detalló The Guardian.

Los investigadores del estudio sobre Maui subrayaron que el monitoreo y la intervención sostenidos son indispensables tras un evento de estas características, dado que los impactos pueden persistir durante años.

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