
El estrecho de Ormuz se ha convertido en un escenario de máxima tensión para la navegación comercial, con buques cisterna, cargueros y cruceros enfrentando riesgos crecientes de ataques y detenciones. Sin embargo, detrás de la imagen de parálisis, emerge una realidad menos visible: “pasan más barcos de los que se cree”, admitió un ejecutivo del sector citado por el Financial Times.
El episodio más reciente dejó en evidencia la volatilidad de la zona cuando, tras una breve apertura anunciada por Irán, un convoy liderado por el petrolero Akti A consiguió salir del Golfo antes de que embarcaciones de la Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica retomaran el control y atacaran a otros navíos.
Un artículo del Financial Times reveló cómo la ruta hacia aguas seguras implica una carrera contrarreloj. Los convoyes de barcos comerciales, compuestos por petroleros, portacontenedores y cruceros, han debido improvisar estrategias para sortear un entorno donde los ataques con drones y misiles son una amenaza constante. En medio de la incertidumbre diplomática, la travesía por el estrecho puede durar hasta ocho horas, tiempo durante el cual las condiciones de seguridad pueden cambiar por completo.
Ventanas fugaces y decisiones críticas
En la madrugada del sábado, poco después de que Irán declarara el paso “completamente abierto”, el Akti A encabezó la salida de una fila de barcos que llevaban semanas varados cerca de Baréin. Minutos después de su salida, la Guardia Revolucionaria dispuso lanchas en el canal, revirtiendo la frágil apertura y bloqueando nuevas salidas.
La dinámica errática del conflicto obliga a decisiones inmediatas. “Solo pasarán cuando no haya riesgo”, advirtió un ejecutivo naviero citado en el informe. Y agregó una condición clave: “necesitás claridad de que no habrá ataques”, algo que rara vez ocurre en un escenario tan cambiante.
Esta maniobra permitió que el Akti A lograra escapar, mientras otras embarcaciones tuvieron que retroceder o quedaron expuestas. De hecho, algunos barcos dieron media vuelta tras recibir advertencias directas de las fuerzas iraníes.
Ganancias extraordinarias en medio del peligro
El medio británico informó que durante el incidente, algunos buques —como el operado por la petrolera estatal de Azerbaiyán, Socar— también lograron cruzar, generando ganancias considerables por el riesgo asumido. En un mercado tensionado, cada carga que logra salir puede multiplicar su valor.
Sin embargo, el costo humano y económico es elevado. Uno de los episodios más graves ocurrió el 12 de marzo, cuando la tripulación de dos barcos que transportaban nafta para Vitol fue atacada y uno de sus miembros murió.
Estrategias silenciosas y rutas alternativas
Las empresas de transporte y comercialización de energía, como Trafigura, Mercuria y Vitol, han enfrentado semanas de incertidumbre, pérdidas por costos de mantenimiento, seguros y recargos portuarios, además del riesgo de perder naves y cargas.
En ese contexto, han surgido tácticas discretas para atravesar el estrecho. “Hay varias maneras de hacerlo… pero no voy a decir cuáles”, reconoció un alto directivo del sector, dejando entrever el nivel de secretismo que rodea estas operaciones.
Entre las estrategias identificadas aparecen:
- Navegar cerca de la costa de Omán, país con vínculos fluidos con Irán.
- Integrar convoyes con barcos vinculados a Estados aliados.
- Apagar sistemas de rastreo para evitar detección.
Por ejemplo, Trafigura logró evacuar un buque omaní como parte de un convoy de tres, todos con vínculos con ese país. Mercuria, por su parte, consiguió sacar sus tres barcos, aunque evitó detallar el procedimiento.
Un sistema sin reglas claras
El principal obstáculo radica en la falta de un mecanismo formal y seguro para garantizar el paso de barcos comerciales. “No hay un esfuerzo coordinado” para permitir el tránsito, cuestionó otro ejecutivo del sector, quien criticó que los gobiernos están “escondiendo la cabeza en la arena”.

Según el análisis, los buques con respaldo estatal o conexiones diplomáticas tienen más probabilidades de cruzar. En cambio, los operadores privados enfrentan un escenario incierto, donde las reglas cambian en cuestión de horas.
Control, política y tensiones geopolíticas
Irán ha mostrado flexibilidad con barcos vinculados a países aliados, como China o Pakistán, e incluso ha sugerido mecanismos alternativos como peajes en criptomonedas. Sin embargo, la postura se endurece frente a embarcaciones asociadas con intereses occidentales o israelíes.
Las acciones de la Guardia Revolucionaria —incluyendo ataques e incautaciones— reflejan una escalada que algunos analistas vinculan con el bloqueo estadounidense sobre puertos iraníes.
Un flujo constante pese al conflicto
A pesar de todo, el tráfico nunca se detiene del todo. Petroleros, portacontenedores e incluso cruceros han logrado atravesar el estrecho en momentos críticos.
La conclusión es tan simple como reveladora: en uno de los puntos más peligrosos del comercio global, la circulación persiste, impulsada por la necesidad y la oportunidad.
Porque, incluso en medio del conflicto, la lógica del mercado se impone. Y como admiten en voz baja los protagonistas de esta historia, el verdadero secreto es que el flujo nunca se detiene: pasan más barcos de los que se cree.
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