
El parlamento de Italia se encuentra discutiendo una nueva iniciativa que podría marcar un antes y un después en la relación de la nación europea con los animales equinos. El proyecto de ley, presentado por Michela Vittoria Brambilla, propone que caballos, burros y mulas sean reconocidos como mascotas, lo que implicaría la prohibición de la carne y la ilegalización de su sacrificio para consumo humano.
La propuesta apunta a un cambio cultural de fondo, según explicó Brambilla, quien además preside la asociación defensora de los derechos animales.
La diputada, parte del partido Noi Moderati y miembro de la coalición de gobierno de Giorgia Meloni, sostiene que “los equinos siguen siendo explotados de diversas maneras” y que “los amigos no se comen”, en referencia a la profunda transformación de la percepción social de estos animales.
La funcionaria considera que la ley representa “una oportunidad extraordinaria para lograr un cambio cultural que ya es querido por la mayoría de los italianos”, recogen The Guardian y Wanted in Rome.
La iniciativa reconoce no solo el papel tradicional de los equinos en la agricultura o el transporte, sino también su creciente presencia como compañeros en el deporte, la terapia y la vida familiar. Los defensores de la ley argumentan que, en pleno siglo XXI, es tiempo de alinear las leyes con la empatía y la ética predominante entre la ciudadanía.

Medidas complementarias para el proyecto
Michela Vittoria Brambilla contempla en su propuesta sanciones severas para quienes infrinjan la posible prohibición del sacrificio de caballos, burros y mulas con fines de consumo humano. De ser aprobada, la ley impondría penas de prisión de hasta tres años y multas que pueden alcanzar los USD 120.000 (€100.000) a quienes participen en la matanza de equinos.
Además de los castigos, el texto incorpora medidas complementarias orientadas a la protección y control de los animales. Entre estas, destaca la implantación obligatoria de microchips y la creación de un sistema nacional de seguimiento. Estas herramientas buscan asegurar la trazabilidad y el bienestar de los animales a lo largo de su vida.
Para facilitar la transición de quienes hoy dependen económicamente de la industria, el proyecto de ley también prevé la creación de un fondo de USD 7 millones (6 millones de euros) destinado a ayudar a los criadores a adaptar sus actividades a la nueva normativa, explica The Guardian.

Por el momento, la propuesta cuenta con un respaldo transversal en el parlamento italiano, recibiendo apoyo tanto de partidos de la coalición gobernante como de sectores opositores. Brambilla recibió adhesiones de distintas bancadas, un aspecto que refleja la sensibilidad en torno al debate de los derechos de los animales.
Asimismo, Wanted in Rome asegura que organizaciones como la Internacional para la Protección Animal (OIPA) destacan que los caballos poseen complejidades cognitivas y emocionales que justifican una protección especial. Estos grupos remarcan la necesidad de redefinir la relación de la sociedad con los equinos, priorizando su bienestar y su rol como compañeros.
Desde la tradición equina al panorama actual
La carne de caballo ha sido durante siglos parte de la gastronomía en varias regiones italianas, con especial presencia en Apulia, Campania, Sicilia, Lombardía, Véneto y Emilia-Romaña. Platos característicos como la brasciola di cavallo (un guiso típico), las albóndigas y el pesto con carne forman parte de la identidad culinaria local, especialmente en ciudades como Verona, Salento y Catania, enfatizan los medios.
A pesar de esta arraigada tradición, el consumo ha experimentado una disminución significativa en la última década. Datos de la agencia nacional de estadísticas Istat indican que el número de equinos sacrificados en Italia bajó de más de 70.000 al año en 2012 a alrededor de 22.000 en 2024.

El país sigue figurando entre los mayores importadores y consumidores de carne de caballo en Europa, aunque la tendencia muestra una caída constante, impulsada tanto por factores culturales como por una preocupación ética cada vez más extendida entre la población.
Diversas encuestas avalan el cambio de percepción con respecto a estos animales en cuanto al consumo. Un estudio publicado por Ipsos en mayo de 2025 revela que solo el 17 % de los consumidores afirma comer carne de caballo al menos una vez al mes.
Entre quienes han dejado de consumirla, el 42% señala razones de empatía hacia los animales, mientras que el 31% ya considera a los equinos como mascotas, lo que evidencia la transformación en su estatus social.
Otro sondeo, citada por The Guardian, muestra que el 83% de los italianos no consume carne de caballo, lo que respalda la afirmación de Michela Vittoria Brambilla sobre el respaldo de la mayoría de la sociedad a un cambio cultural en esta materia.
Estos datos subrayan una tendencia clara: la reducción del consumo responde tanto a factores culturales como a la influencia de campañas de concienciación y del activismo animalista, que ha logrado instalar el debate sobre la protección de los equinos en el centro de la agenda pública.
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