En Ponce, Puerto Rico, el desembarco y movimiento de tropas estadounidenses continuó este fin de semana en el marco del refuerzo militar más intenso que Estados Unidos ha desplegado en el Caribe en más de tres décadas. Según observó un equipo de Reuters en el terreno la madrugada del sábado, personal y material bélico fue trasladado desde un buque militar estadounidense hasta instalaciones logísticas ubicadas junto al puerto, preparándose para su posterior reubicación en el Campamento Santiago, epicentro de los ejercicios planificados para los próximos días. Este operativo se inserta en el despliegue anunciado por Washington desde agosto, ampliado en los últimos meses como parte de la estrategia para ejercer presión sobre Venezuela y combatir redes criminales en la región.
Las imágenes registradas mostraron a decenas de soldados descendiendo ordenadamente de los vehículos de transporte y formando filas junto a varios autobuses bajo la supervisión de la Policía Militar. Los efectivos portaban mochilas y equipamiento personal, desplazándose en un perímetro vigilado donde la rutina de desembarco se desarrollaba sin contratiempos. En simultáneo, otros grupos descargaban cajas, contenedores y armamento liviano desde camiones y vehículos tácticos, una logística que se extendía por la explanada durante la mañana. Una línea constante de vehículos militares permanecía a la espera mientras el flujo de personal avanzaba hacia los puntos de embarque, en un proceso coordinado y eficiente.
Sobre el mar, la jornada incluyó maniobras de la Marina estadounidense con las embarcaciones de colchón de aire LCAC (Landing Craft Air Cushion), que fueron captadas desplazándose frente a la costa de Ponce. Los vehículos ejecutaron aproximaciones a tierra, navegación a diferentes velocidades y trayectos de ida y vuelta al atardecer, como parte de los ejercicios típicos de entrenamiento anfibio. Las maniobras requerían precisión y coordinación en cada ciclo, marcando el ritmo de las operaciones tanto en el mar como en tierra.
Las actividades en Puerto Rico se desarrollan en el contexto de una acumulación militar iniciada a finales de agosto de 2025. De acuerdo con datos del Departamento de Defensa de Estados Unidos citados en comunicados públicos y consultados por Reuters, la operación involucra el portaaviones USS Gerald R. Ford, seis destructores, tres buques anfibios, un crucero lanzamisiles, un submarino nuclear y un despliegue aéreo que incluye aeronaves de patrulla marítima P-8A Poseidon, bombarderos B-52H Stratofortress, drones MQ-9 Reaper y helicópteros, además de unidades de fuerzas especiales. El contingente total supera los 7.000 soldados desplegados en diferentes locaciones caribeñas.
El incremento de la presencia militar en Puerto Rico coincidió con actividades aéreas de alto perfil durante la semana. El miércoles, dos bombarderos B-52H sobrevolaron el noreste de Curazao, cerca de la costa de Venezuela, según registros de la plataforma Flightradar24 verificados por Reuters. Uno de los bombarderos, identificado con el número de cola 61-0035 y el indicativo “PARKA11”, partió desde la Base de la Fuerza Aérea de Minot, en Dakota del Norte, y tras varias horas de vuelo fue reportado en el espacio aéreo caribeño junto a una segunda aeronave del mismo tipo, conformando lo que expertos consultados describieron como una formación estratégica de disuasión. Estos aparatos, operativos desde la década de 1950, integran el núcleo de las misiones globales de disuasión y alerta temprana de Estados Unidos.
El despliegue de bombarderos siguió a la llegada de seis aviones P-8A Poseidon, destinados a patrullas marítimas y operaciones de detección. El Departamento de Defensa sostiene que estos medios forman parte clave del sistema de vigilancia aplicado a rutas relacionadas con el tráfico de drogas y el desplazamiento de embarcaciones sospechosas. Washington atribuye esas actividades a organizaciones criminales transnacionales, especialmente al Cártel de los Soles, designado grupo terrorista por la administración estadounidense y señalado de operar en complicidad con altos mandos del ejército venezolano.
Desde marzo de 2020, fiscales federales han presentado cargos por narcotráfico y terrorismo contra Nicolás Maduro y aliados de su entorno, mientras la oferta de recompensa del Gobierno estadounidense por la captura de Maduro se mantiene en USD50 millones y en hasta USD10 millones por algunos de sus colaboradores, conforme a información del Departamento de Estado y documentos judiciales citados por Reuters.
El refuerzo militar de Estados Unidos en el Caribe coincide, además, con la confirmación de “planes de contingencia” del Pentágono para escenarios relacionados con una eventual salida de Maduro. Declaraciones recogidas por medios estadounidenses a funcionarios del Gobierno de Donald Trump han sostenido que la operación antidrogas abarca acciones terrestres, marítimas y aéreas bajo la premisa de seguridad nacional y control migratorio.
Durante toda la jornada del sábado, el personal militar estadounidense continuó con el desembarco de equipo, la preparación logística y los ejercicios costeros. Las maniobras de los vehículos anfibios LCAC en el área marítima se extendieron hasta el final de la tarde, integrando a las unidades que posteriormente serían trasladadas al Campamento Santiago para una nueva fase de los entrenamientos en los días siguientes, según constató Reuters.
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