La redacción de Baza, uno de los canales de Telegram más influyentes de Rusia, se vio sacudida por una operación policial que incluyó la irrupción de fuerzas antidisturbios en el domicilio de su director, Gleb Trifónov, y el arresto de 4 periodistas.
“La policía realizó registros en la redacción de Baza y también fueron efectivos antidisturbios al apartamento del director, Gleb Trifónov, con quien no se ha vuelto a contactar”, informó el propio canal de Telegram.
El paradero de Trifónov permanece desconocido, mientras colegas, familiares y abogados intentan, sin éxito, obtener información sobre su situación. El caso, que involucra presuntas filtraciones de información confidencial por parte de agentes de policía, ha encendido las alarmas en el entorno mediático ruso y ha puesto en el centro del debate la relación entre la prensa, las fuerzas de seguridad y el Estado.
La operación policial no se limitó a la sede principal de Baza en Moscú.
Según detalló el propio canal en su plataforma, los registros se extendieron a oficinas ubicadas en las regiones de Krasnodar, Krasnoyarsk y Bélgorod, abarcando así un amplio espectro geográfico. La magnitud del despliegue policial y la participación de efectivos antidisturbios subrayan la gravedad con la que las autoridades rusas abordan el caso.
De acuerdo con la información publicada por EFE, el canal de Telegram comunicó: “Actualmente desconocemos el paradero de Trifónov, ni sus colegas, ni familiares, ni abogados han podido saber de él”, una declaración que refleja la incertidumbre y preocupación que rodea a la desaparición del director.
Poco después de los registros, el Comité de Instrucción de Rusia anunció la apertura de un caso por abuso de poder contra agentes de policía acusados de filtrar información confidencial a Baza. Esta decisión marca un giro en la investigación, ya que no solo se investiga al medio receptor de la información, sino también a los funcionarios encargados de protegerla.
Según informó EFE, la investigación se centra en determinar el alcance de las filtraciones y la posible connivencia entre periodistas y agentes estatales.
Baza ha ganado notoriedad en los últimos años por su capacidad para publicar información exclusiva y de alto impacto, muchas veces antes que los medios tradicionales.
Algunas plataformas independientes han vinculado a Baza con estructuras estatales, aunque el canal mantiene que su información proviene de usuarios anónimos, a quienes recompensa económicamente por sus aportes. Esta práctica, que implica la compra de datos confidenciales, ha sido objeto de controversia y ha generado tensiones con las autoridades.
Según la agencia TASS, las fuerzas de seguridad confiscaron material que “corroboraba que el medio compraba información para su posterior publicación”, lo que añade un elemento clave a la investigación y refuerza la hipótesis de que el canal habría construido parte de su reputación a partir de filtraciones remuneradas.
El caso de Baza no es un hecho aislado en el panorama mediático ruso. A principios de junio, la policía detuvo a tres periodistas del portal oficialista de noticias de la región de los Urales, Ura.ru, en un caso también relacionado con la publicación de filtraciones provenientes de las fuerzas de seguridad.

Según relató el propio medio, los registros se realizaron de forma violenta y los agentes hicieron uso de la fuerza contra los empleados de la empresa. Esta secuencia de acontecimientos sugiere una intensificación de la presión estatal sobre los medios que difunden información considerada sensible o confidencial.
La reacción de la comunidad periodística no se hizo esperar.
El Sindicato de Periodistas ruso, una organización cercana al Kremlin, emitió un comunicado en el que calificó de “inaceptables estas medidas contra la prensa”. La intervención del sindicato añade una dimensión política al caso, ya que evidencia el malestar que generan las acciones policiales en el seno de la propia estructura mediática oficialista.
El modus operandi de Baza ha sido objeto de debate tanto dentro como fuera de Rusia. El canal, que se ha consolidado como uno de los más populares en la red social Telegram, basa su modelo en la recepción de información de usuarios anónimos, a quienes ofrece recompensas monetarias. Esta dinámica, según han señalado diversas fuentes, plantea interrogantes sobre la ética periodística y la legalidad de la obtención de datos confidenciales.
La agencia TASS informó que durante los registros, las fuerzas de seguridad incautaron documentos y dispositivos electrónicos que demostrarían la existencia de pagos a informantes, lo que podría constituir una violación de la ley rusa sobre secretos de Estado y protección de datos.
La desaparición de Trifónov tras la intervención policial ha generado inquietud entre sus colegas y familiares. El canal de Telegram reiteró: “Ni sus colegas, ni familiares, ni abogados han podido saber de él”, una frase que resuena en el contexto de otros casos recientes de detenciones y desapariciones de periodistas en Rusia.

La falta de información oficial sobre su paradero alimenta las sospechas de que podría encontrarse bajo custodia policial o en un centro de detención, aunque hasta el momento las autoridades no han emitido ningún comunicado al respecto.
El contexto en el que se produce esta operación es especialmente delicado. En los últimos años, el gobierno ruso ha endurecido las medidas de control sobre los medios de comunicación y ha incrementado la vigilancia sobre las plataformas digitales. La popularidad de Baza y su capacidad para difundir información sensible han convertido al canal en un objetivo prioritario para las autoridades. Según EFE, la investigación abierta por el Comité de Instrucción busca no solo identificar a los responsables de las filtraciones, sino también establecer si existió una red de complicidad entre periodistas y funcionarios públicos.
La intervención policial en las oficinas de Baza y en el domicilio de su director se inscribe en una tendencia más amplia de represión contra la prensa independiente y los canales de información alternativos en Rusia.
El caso ha suscitado preocupación entre organizaciones internacionales de derechos humanos y libertad de prensa, que ven en estos hechos una amenaza a la libertad de expresión y al derecho de la sociedad a recibir información veraz y oportuna.
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