
A unos 25 metros bajo las aguas que rodean la isla japonesa de Yonaguni, se encuentra un enigma que ha capturado la atención de científicos y aventureros por igual. Según informó DW, estas estructuras submarinas, con sus escalones y terrazas de apariencia perfecta, han generado un intenso debate sobre si son el resultado de una civilización perdida o simplemente una formación geológica natural.
Este fenómeno, conocido como la “Atlántida japonesa”, fue descubierto en 1986 por Kihachiro Aratake, un instructor de buceo que exploraba la zona en busca de nuevos paisajes para el turismo. El hallazgo de Aratake, situado a unos 100 kilómetros al este de Taiwán, fue tan impactante que rápidamente atrajo la atención de investigadores de la Universidad de Ryukyu.
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La teoría de la civilización perdida
Uno de los defensores más fervientes de la teoría de que estas estructuras son de origen humano es Masaaki Kimura, profesor emérito de geofísica. Kimura ha dedicado décadas al estudio del sitio y sostiene que las formaciones podrían ser los restos de una ciudad antigua, posiblemente construida por el pueblo Jōmon hace más de 10.000 años, cuando el nivel del mar era más bajo. Sin embargo, Kimura ajustó posteriormente su estimación a una antigüedad de entre 2.000 y 3.000 años, según publicó IFL Science.
El profesor ha identificado lo que él considera marcas de cantera en la piedra y figuras que parecen haber sido esculpidas, como una esfinge submarina que, según él, se asemeja a un rey chino o de la antigua Okinawa, declaró a National Geographic en 2007.
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Además, argumenta que la actividad sísmica de la región podría haber contribuido a que una ciudad entera quedara sumergida, recordando un tsunami en 1771 que devastó Yonaguni con olas de hasta 40 metros, causando cerca de 12.000 muertes, según el periódico Yomiuri Shimbun.
“Lo que dice el profesor Kimura no es exagerado en absoluto. Es fácil darse cuenta de que esas reliquias no fueron causadas por terremotos”, aseguró el experto Toru Ouchi, un profesor asociado de sismología en la Universidad de Kobe, quien buceó personalmente en el sitio.
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“Es geología básica”
No obstante, esta teoría no está exenta de controversia. Robert Schoch, profesor de la Universidad de Boston y geólogo, ofrece una perspectiva diferente. Tras su inmersión en el sitio, Schoch concluyó que las formaciones son el resultado de procesos geológicos naturales, relató DW.
Según explicó a National Geographic, las areniscas tienden a fracturarse a lo largo de planos, creando bordes rectos, especialmente en áreas con alta actividad tectónica.
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“Supe que no era artificial. No es tan regular como muchos afirman, y los ángulos rectos y la simetría no cuadran en muchos lugares”, afirmó Schoch. “Es geológica básica”.
El geólogo y buceador profesional Wolf Wichmann también apoya la teoría de la formación natural. En un artículo para Spiegel Online, Wichmann describe cómo las superficies y paredes de las terrazas siguen patrones de erosión natural, con características como canales de oleaje y agujeros formados por erizos de mar, que son claramente identificables como fenómenos naturales.
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Un argumento significativo contra la teoría de la civilización perdida es la cronología. Si el monumento fuera artificial, habría sido construido antes de quedar sumergido, lo que implicaría una antigüedad de más de 12.000 años, anterior a cualquier civilización sofisticada conocida, incluso a Göbekli Tepe. Esto desafiaría la comprensión actual del desarrollo de las sociedades humanas complejas, que se cree surgieron después del desarrollo de la agricultura, detalló IFL Sciene.
El consenso científico actual sostiene que las grandes construcciones monumentales surgieron tras el desarrollo de la agricultura, que permitió excedentes alimentarios y estructuras de poder centralizadas. Si se demostrara que Yonaguni es artificial, “sería necesario reescribir por completo la historia”, exclamó NDTV.
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La falta de evidencia contundente
A pesar de las características intrigantes de Yonaguni, como los pasadizos estrechos y los ángulos de 90 grados, los defensores de la teoría de la civilización perdida no han podido presentar pruebas concluyentes. Algunos entusiastas han vinculado el monumento con el legendario continente perdido de Lemuria, una hipótesis sin respaldo científico sólido.
El científico japonés Takayuki Ogata, también de la Universidad de Ryukyu, sugiere que la estructura es una formación natural, considerando las formaciones rocosas similares en los alrededores y su conexión con un macizo rocoso mayor. Esto indica que las capas bien definidas del yacimiento se formaron gradualmente debido a la actividad sísmica de la zona.
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Más allá del debate científico, el monumento Yonaguni se ha convertido en un destino popular para buceadores, a pesar de las fuertes corrientes que representan un riesgo, detalló DW. Además de su interés arqueológico y geológico, el sitio es hogar de una rica biodiversidad, incluyendo tiburones martillo.
Los lugares dentro del monumento han recibido nombres evocadores como “Triangle Pool” o “Waterway”, alimentando la narrativa misteriosa que rodea estas formaciones submarinas. Como describe Süddeutsche Zeitung, “si Ariel, la sirena, asomara de repente por detrás de las piedras, no sería ninguna sorpresa”.
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