Rusia-Norcorea: los socios del mal

Los camaradas Vladimir Putin y Kim Jong Un envían señales de alarma a Occidente. También a China

Compartir
Compartir articulo
Kim Jong Un y Vladimir Putin en el cosmódromo de Vostochny, en la región rusa de Amur, donde mantuvieron la cumbre armamentista. (KCNA via REUTERS)
Kim Jong Un y Vladimir Putin en el cosmódromo de Vostochny, en la región rusa de Amur, donde mantuvieron la cumbre armamentista. (KCNA via REUTERS)

Después de un banquete que incluyó entre otros varios platos, ensalada de pato y albóndigas de cangrejo, muy bien regado con vinos rusos, los camaradas Vladimir Putin y Kim Jong-un brindaron por lo que el norcoreano calificó de “lucha sagrada” contra el imperialismo occidental. Una escena que podría haber sido protagonizada por los humoristas de Monty Python. Pero es real y peligrosa. Una alianza por la que Rusia podría acceder a un armamento que necesita imperiosamente para su invasión a Ucrania y Corea del Norte a una tecnología de última generación, que hasta ahora no tenía, para continuar con su carrera nuclear.

“Putin y Kim salen ganando de este acuerdo transaccional, pero también ganan geopolíticamente al dar la impresión de que sus países con armas nucleares están cooperando militarmente y enviando una advertencia sobre las posibles consecuencias a los aliados de Estados Unidos y a los socios afines que apoyan a Ucrania”, explicó Duyeon Kim, del Center for a New American Security. “Con esta cumbre, Kim también está señalando a Washington, Seúl y Tokio que Rusia le cubre las espaldas en el noreste de Asia”.

A pesar de la pobreza extrema en la que viven los norcoreanos y el aislamiento absoluto, esta sociedad extremadamente militarizada cuenta con un enorme arsenal de artillería que a Rusia le cuesta fabricar o comprar en otros mercados. Se calcula que en los primeros 12 meses de la guerra, las fuerzas rusas dispararon más de diez millones de proyectiles. Claro que no se trata del armamento más moderno y sofisticado. Son municiones fabricadas en plantas obsoletas que Norcorea conserva desde los años 50, cuando recibía la ayuda del dictador ruso, Joseph Stalin, y sus sucesores. Durante una de las tantas crisis con Corea del Sur, en 2010, el régimen de Pyonyang lanzó una gran cantidad de estos cohetes y misiles. Más del veinte por ciento tuvo fallas, o no llegaron a destino o no explotaron. Pero para un ejército desesperado por municiones como el que Putin tiene combatiendo en el este y el sur ucraniano, una efectividad cercana al 80% sería suficiente.

Kim Jong Un llega a la cumbre con Putin en su tren de interiores lujosos y demasiado lento a causa del blindaje que tiene. (KCNA via REUTERS)
Kim Jong Un llega a la cumbre con Putin en su tren de interiores lujosos y demasiado lento a causa del blindaje que tiene. (KCNA via REUTERS)

La guerra en Ucrania se está librando en cuestión de metros, no de kilómetros. Las líneas de defensa en capas levantada por los rusos con zanjas, campos minados y dientes de dragón para impedir el paso de los tanques, está haciendo muy difícil el avance en la contraofensiva ucraniana. Las fuerzas de liberación se mueven lentamente y si bien están logrando crear cuñas importantes entre las defensas, es probable que no puedan llegar a romper antes del invierno la línea de suministros que viene de la península de Crimea como era su propósito. En este contexto, la munición norcoreana podría ser efectiva para mantener a raya a los ucranianos mientras los campos estén helados y les sea difícil avanzar con su infantería mecanizada.

El lugar de la cumbre, la base aeroespacial del Cosmódromo de Vastochny, parecería haber sido escogido con mucho cuidado por los dos líderes. Es que Kim quiere a cambio acceso a la tecnología rusa de misiles, que podría mejorar el alcance, la fiabilidad y la flexibilidad del sistema de lanzamiento de armas nucleares de Corea del Norte. Kim está obsesionado en alcanzar su desarrollo armamentista nuclear y hasta ahora tenía las puertas cerradas a las nuevas tecnologías no sólo por parte de Estados Unidos y Europa sino también de China, e incluso, de Rusia. Moscú había firmado en el 2000 el acuerdo global para limitar el programa armamentístico norcoreano. Todo esto ya quedó en el olvido. Ahora, Pyonyang parecería estar en una posición fuerte para exigir a Rusia la ayuda que necesita para el lanzamiento de sus sistemas de misiles de largo alcance –quiere amedrentar a Japón e intentar llegar a la costa oeste de Estados Unidos- así como nuevos sistemas de satélites y submarinos.

Estratégicamente, la semana pasada, Corea del Norte botó su primer “submarino táctico de ataque nuclear” operativo y lo asignó a la flota que patrulla las aguas entre la península coreana y Japón. El submarino Nº 841 -llamado Héroe Kim Kun Ok en honor a una figura histórica norcoreana- será uno de los principales “medios ofensivos submarinos de la fuerza naval” de Corea del Norte, dijo el líder Kim Jong Un en la ceremonia de botadura. Aunque hay dudas sobre su efectividad. La nave parece ser un submarino modificado de la clase Romeo de la era soviética, que Corea del Norte adquirió a China en la década de 1970 y lo reformó. Cuenta con 10 escotillas para tubos de lanzamiento de misiles balísticos y de crucero. Pero, básicamente, se trata de una tecnología anticuada, es ruidoso, lento y de alcance limitado. Rusia podría entregarle submarinos convencionales mucho más efectivos que ese.

Kim y Putin durante su recorrida del cosmódromo donde se llevó a cabo la cumbre en la que ambos líderes se comprometieron a cooperar militarmente. (Europa Press/Contacto/Russian Presidency)
Kim y Putin durante su recorrida del cosmódromo donde se llevó a cabo la cumbre en la que ambos líderes se comprometieron a cooperar militarmente. (Europa Press/Contacto/Russian Presidency)

Pero el encuentro, no sólo tuvo un propósito de intercambio militar. Fue, sobre todo, una advertencia a sus rivales regionales. Leif-Eric Easley, catedrático de la Universidad Ewha de Seúl, afirma que, si sólo querían un acuerdo secreto sobre armamento, los dos líderes no tenían por qué reunirse en persona. “El despliegue diplomático de Putin y Kim pretende reivindicar el éxito a la hora de desafiar el orden internacional liderado por Estados Unidos, evitar la excesiva dependencia de China y aumentar la presión sobre sus rivales en Ucrania y Corea del Sur”, afirmó a la agencia Reuters.

También hay un tiro por elevación a China. No es que el régimen de Xi Jinping sea precisamente un enemigo. Todo lo contrario, es aliado y tiene una relación cercana con ambos dictadores. Su pela de fondo es con Estados Unidos para determinar quién va a liderar la revolución científico-tecnológica en la segunda mitad del siglo. Para este propósito, la guerra rusa en el corazón de Europa es de gran valor. Una lucha prolongada como la que se vislumbra ahora, desgasta y divide a la elite de Washington. Y Corea del Norte depende absolutamente de todas las importaciones, desde alimentos hasta autos, que llegan desde Beijing. Pero una proliferación nuclear en su “patio trasero” no le conviene de ninguna manera.

Kim Jong Un y su par ruso, Vladimir Putin, escuchan las explicaciones sobre el lanzamiento de cohetes por parte del director del cosmódromo de Vostochny. (Sputnik/Mikhail Metzel/Kremlin via REUTERS)
Kim Jong Un y su par ruso, Vladimir Putin, escuchan las explicaciones sobre el lanzamiento de cohetes por parte del director del cosmódromo de Vostochny. (Sputnik/Mikhail Metzel/Kremlin via REUTERS)

Si Rusia, Corea del Norte y China se sienten amenazadas, tiene sentido que traten de apoyarse mutuamente mediante asociaciones o incluso alianzas para contrarrestar a Estados Unidos. Pero cada país tiene un historial limitado a la hora de hacer funcionar este tipo de relaciones, explica Mason Richey, profesor de la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros de Seúl. “Me resulta difícil imaginar que Xi, Kim y Putin puedan confiar el uno en el otro lo suficiente como para formar una verdadera alianza concertada a largo plazo”, agregó. “Puede que les interese... pero es difícil que los dictadores cooperen entre sí”.

Por ahora, la amistad Putin-Kim parece sólida. “Rusia emprendió un combate sagrado para proteger su soberanía y seguridad contra las fuerzas hegemónicas. Estoy absolutamente convencido de que el heroico ejército ruso y su pueblo heredarán brillantemente la tradición victoriosa, demostrarán con seguridad la valiosa dignidad y el honor en los frentes de la operación militar especial”, lanzó en su brindis el norcoreano que había llegado en su super tren blindado. Putin puso cara de Putin, sacó su mejor semisonrisa, brindó por la salud del obeso Kim y le prometió que pronto lo visitará en Pyonyang. El espumante de los viñedos del Mar Negro sirvió para sellar este peligroso nuevo eje político-militar.