
Shanghái ha sido una de las ciudad de China más afectadas por las restrictivas y extremas políticas gubernamentales para controlar los nuevos brotes de la pandemia, hasta el punto de haber confinado a la mayor parte de sus 26 millones de residentes a principios del mes pasado.
El confinamiento ha causado muchos problemas en la ciudad, con la economía casi que detenida, la escasez de alimentos y muchos inmigrantes quedando sin trabajo y sin hogar debido a los cierres de obras de construcción, empresas y prohibición de las ventas ambulantes
Tal fue el caso de una mujer no identificada que llegó a los titulares de prensa chinos y se hizo viral en redes sociales por estar viviendo en una cabina telefónica durante la etapa más dura del bloqueo y a pesar de no tener a donde ir, fue evacuada del lugar por autoridades sanitarias de la ciudad.

La mujer, supuestamente una trabajadora migrante de unos 50 años, vivió en ese pequeño espacio durante todo abril, ocasionalmente sacaba a pasear a su perro y aireaba su manta al sol. Sus condiciones de vida salieron a la luz solo cuando un residente de un apartamento de gran altura al otro lado de la calle documentó su existencia, y su eventual desalojo, en una serie de fotos en las redes sociales chinas, donde generaron un torrente de ira por el maltrato de la ciudad a alguien sin hogar.
Para muchos en Shanghái, las aparentes dificultades de la mujer se sumaron a la frustración de los residentes con un encierro prolongado que ha llevado a una escasez generalizada de alimentos y duras, a veces absurdas, acciones de cumplimiento.
En un incidente reciente los funcionarios del gobierno rompieron la puerta de un departamento para arrastrar a sus residentes a la cuarentena. En otro caso, un residente de un asilo de ancianos de 75 años fue colocado en una bolsa para cadáveres destinada a un crematorio, pero fue encontrado con vida cuando los trabajadores lo subieron a una camioneta.
Otro caso que se hizo viral fue el de un trabajador anciano detuvo un camión en la carretera pidiendo alimento de manera desesperada. “Soy un trabajador. Me voy a morir de hambre”, dijo el anciano, que lloró después de que el conductor le diera plátanos y galletas.

Los detalles sobre la vida de la mujer desalojada de la cabina telefónica han subrayado una desigualdad económica profundamente arraigada que solo se vio agravada por las caóticas respuestas de la ciudad a la pandemia.

Ella era una inmigrante, como miles de personas más que quedaron sin posibilidad de encontrar trabajo mientras la ciudad se paralizaba. Sin poder tener sustento ni lugar para vivir, se hizo un espacio en la cabina telefónica, pero otros como ella tuvieron que dormir sobre cartones en los estacionamientos, en camas improvisadas debajo de los puentes o en tiendas de campaña instaladas en la acera.
Los trabajadores migrantes constituyen un tercio de la fuerza laboral en China, y son los que más se han visto afectados por los cierres de la pandemia al depender en mayor medida del trabajo informal.
Pero como muchos trabajadores que sobreviven con trabajos temporales, las dificultades económicas de la mujer son anteriores al cierre reciente. En una entrevista con China Youth Daily el martes, la mujer dijo que comenzó a vivir fuera de la cabina telefónica en enero.

Eso fue hasta que policías con batas blancas llegaron una medianoche la semana pasada. Arrojando sus pertenencias en la acera y sellando la cabina con cinta adhesiva, desalojaron a la mujer de su único refugio. Sosteniendo a su perro contra su pecho, la mujer salió descalza y desapareció bajo la lluvia. Según el diario estatal China Youth Daily , rechazó la oferta de alojamiento de las autoridades y prefirió vivir sola.

La situación sigue siendo crítica, pese a que en los últimos días el gobierno de Shanghái empezó a dar señales de liberalización de las medidas. No obstante, una subida en los casos de COVID-19 podría acabar con estas intenciones y regresar a la ciudad a los días más duros del confinamiento.
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