
Human Rights Watch (HRW) denunció este domingo en un informe que en las zonas de Ucrania bajo control ruso se cometieron “ejecuciones sumarias” y “otros graves abusos” que podrían constituir crímenes de guerra.
La ONG documentó -entre el 27 de febrero y el 14 de marzo- decenas de casos en que las fuerzas rusas cometieron lo que constituirían crímenes de guerra contra civiles en zonas ocupadas en las regiones de Kharkiv, Chernígov y Kiev. Según un comunicado de la organización, dichos casos incluyen una violación, dos ejecuciones sumarias, de seis hombres en una ocasión y de uno en otra, y otras instancias de violencia y amenazas contra civiles.
El 13 de marzo, un soldado ruso golpeó y violó repetidamente a Olha (HRW no reveló su nombre real para preservar su identidad), una mujer de 31 años en Malaya Rohan, un pueblo en la región de Kharkiv que las fuerzas rusas controlaban en ese momento.
Los soldados rusos entraron al pueblo el 25 de febrero, dijo Olha. Ese día, unos 40 aldeanos, en su mayoría mujeres y niñas, se refugiaron en el sótano de una escuela local. Estaba allí con su hija de 5 años, su madre, su hermana de 13 años y su hermano de 24 años.
Alrededor de la medianoche del 13 de marzo, un soldado ruso ingresó a la fuerza a la escuela. Olha relató: “Rompió las ventanas de vidrio en la entrada de la escuela y golpeó la puerta”. Un guardia abrió.

El soldado, que portaba un rifle de asalto y una pistola, se dirigió al sótano y ordenó a todos los presentes que se alinearan. La mujer estaba en la fila sosteniendo a su hija, que estaba dormida. Él le dijo que le diera la niña, pero ella se negó. Le dijo a su hermano que se adelantara y ordenó al resto del grupo que se arrodillara o, dijo, dispararía a todos en el sótano.
El soldado ordenó a su hermano que lo siguiera para ayudar a encontrar comida. Se fueron y regresaron una o dos horas después. El soldado se sentó en el suelo.
“La gente comenzó a preguntar si podían ir al baño y él los dejó, en grupos de dos y tres”, contó Olha. Después de eso, la gente comenzó a acomodarse para pasar la noche. El soldado se acercó a su familia y le dijo que lo siguiera.
El soldado la llevó a un salón de clases en el segundo piso, donde le apuntó con un arma y le dijo que se desnudara. Ella contó: “Me dijo que le practicara sexo oral. Todo el tiempo sostuvo el arma cerca de mi sien o me la puso en la cara. Disparó dos veces al techo y dijo que era para darme más ‘motivación’”. La violó y luego le dijo que se sentara en una silla.
Olha seguía desnuda tras el brutal ataque y tenía mucho frío en la escuela sin calefacción. Preguntó si podía vestirse, pero el soldado le dijo que solo podía ponerse la blusa, no los pantalones ni la ropa interior. “Mientras me vestía, el soldado me dijo que era ruso, que se llamaba [nombre omitido] y que tenía 20 años. Dijo que le recordaba a una chica con la que iba a la escuela”, narró.

El uniformado después le pidió que fuera al sótano a buscar sus cosas, para poder quedarse en el salón de clases con él. Ella lo rechazó. “Sabía que mi hija lloraría si me veía”, dijo.
El soldado tomó un cuchillo y le dijo que lo hiciera como él dijo si quería volver a ver a su pequeña. Luego la violó nuevamente, le puso un cuchillo en la garganta y le cortó la piel del cuello. También le cortó la mejilla con el cuchillo y parte del cabello. La golpeó en la cara con un libro y la abofeteó repetidamente.
Aproximadamente a las 7 de la mañana del 14 de marzo, el soldado le dijo que le buscara un paquete de cigarrillos. Bajaron juntos. Le pidió al guardia que le diera algunos cigarrillos al soldado. Después de que el soldado consiguió los cigarrillos se fue.
Ese día, ella y su familia caminaron hasta Kharkiv, donde los voluntarios le brindaron asistencia médica básica. Se mudaron a un refugio antibombas.
“Tengo suerte de estar viva”, dijo. Y agregó que las autoridades del consejo de Malaya Rohan estaban en contacto con ella y su madre; y que estaban preparando una denuncia penal, que planean presentar ante la oficina del fiscal de Ucrania.
Human Rights Watch recibió otras tres denuncias de violencia sexual por parte de soldados rusos en otras aldeas de la región de Chernihiv y en Mariupol, en el sur, pero no ha podido verificarlas de forma independiente.
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