Asesino salvaje, estafador y bígamo: una nueva investigación asegura haber descubierto la verdadera identidad de Jack el Destripador

El libro del periodista australiano Garry Linnell revela detalles hasta ahora desconocidos

La identidad de Jack el Destripador es una de los mayores misterios de la historia de los crímenes mundiales
La identidad de Jack el Destripador es una de los mayores misterios de la historia de los crímenes mundiales

Lo llamaron el “mayor criminal del siglo”: un asesino, estafador y bígamo que degolló a dos de sus esposas y acabó salvajemente con la vida de sus cuatro hijos. Ahora, nuevas investigaciones sugieren que Frederick Deeming podría haber sido también el asesino en serie más infame de la historia: Jack el Destripador.

“Empecé a investigar la extraordinaria vida y los crímenes de Deeming con la intención de escribir un libro sobre un excéntrico fontanero y antiguo marinero de Lancashire que se convirtió brevemente en el hombre más odiado del mundo a finales del siglo XIX”, explica Garry Linnell al Daily Mail, pero, explica, “ese plan se convirtió rápidamente en un desconcertante viaje a un mundo gótico repleto de afirmaciones sobre posesiones fantasmales, casas encantadas y personajes poderosos -incluido un futuro Primer Ministro australiano- que creían poder hablar con los muertos”.

El autor de “The Devil’s Work: How Australia hunted and hanged the serial killer who shocked the world” (El trabajo del diablo: cómo Australia persiguió y ahorcó al asesino en serie que conmocionó al mundo “) revela que Deeming pasó décadas vagando por el planeta y aprovechándose de los inocentes y crédulos antes de ser capturado y ahorcado por las autoridades australianas en mayo de 1892, tras el descubrimiento del cuerpo en descomposición de su segunda esposa.

"The Devil’s Work", el nuevo libro de Garry Linnell
"The Devil’s Work", el nuevo libro de Garry Linnell

En su sensacional juicio por asesinato en Melbourne, Deeming afirmó que el fantasma de su madre muerta lo despertaba regularmente por la noche instándole a matar a las mujeres que amaba. El juicio fue noticia de primera plana en todo el mundo y más de 10.000 personas celebraron en las calles la mañana de su ejecución. “Para entonces, ya existían fuertes sospechas de que Deeming era también el culpable de los asesinatos de Jack el Destripador, en los que al menos cinco mujeres fueron asesinadas y sus cuerpos desmembrados en el barrio londinense de Whitechapel en otoño de 1888″,afirma Linnell.

“La creencia de que los asesinatos de los que se sabe que Deeming es el autor... son del mismo tipo que los cometidos en Whitechapel está ganando terreno en los círculos oficiales”, informó The New York Times en un artículo de primera página la mañana en que fue ahorcado.

Quién era Frederick Deeming y por qué podría ser Jack el Destripador

“Su vida comenzó de la misma manera que terminó, envuelta en la superstición”, afirma el autor del libro.

Apodado “Fred el Loco”, Deeming lucía un gran bigote pelirrojo claro que le caía sobre los labios, llevaba joyas caras y a menudo se vestía con ropa formal “como si fuera a asistir a un funeral”.

Se casó con una galesa, Marie James, en 1881 y la pareja viajó a Australia, donde encontró trabajo como fontanero y gasista.

“Pero nunca estuvo lejos de los problemas. En 1882 pasó seis semanas en la cárcel de Sidney por robo y varios años más tarde fue encarcelado de nuevo por desacato al tribunal tras estafar a clientes y no pagar una serie de facturas”, revela. Y agrega que para entonces, Marie estaba embarazada del cuarto hijo de la pareja cuando la vida juntos comenzó a ser una pesadilla: su marido era un conocido mujeriego que mantenía abiertamente relaciones con varias camareras de Sidney, a las que regalaba costosas joyas que había robado.

Tras salir de la cárcel, adoptó un nuevo alias y se llevó a su familia a Sudáfrica, donde, según varios testimonios, organizó una serie de estafas por valor de decenas de miles de libras y afirmó haber contraído la sífilis de una prostituta. Más tarde regresó a Inglaterra con un cachorro de león a su lado, al que se jactaba de haber salvado tras matar a sus padres con sus propias manos en una cueva africana.

La historia de Jack El Destripador es una de las grandes leyendas londinenses
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Pero impulsado por una obsesión por las mujeres no tardó en aparecer en Hull haciéndose pasar por Harry Lawson, un rico pastor australiano y propietario de una mina de oro. A principios de 1890 se casó con Nellie Matheson, la hija de 21 años de una viuda local. Pero al intuir que las autoridades le acorralaban tras estafar a un joyero local, escapó en un barco hacia Uruguay.

Detenido y deportado a Inglaterra, pasó nueve meses en la prisión de Hull antes de aparecer en el pueblo de Rainhill, en Merseyside. Haciéndose pasar por un alto funcionario del ejército llamado Albert Williams, alquiló una casa llamada Dinham Villa y comenzó a cortejar a otra joven, Emily Mather.

Poco antes de casarse con Mather, la primera esposa de Deeming y sus hijos llegaron a Rainhill y se instalaron en su casa alquilada mientras él se trasladaba a una habitación del hotel local. Dijo a los sospechosos lugareños que sus visitantes eran su hermana y los hijos de ésta y que sólo se iban a quedar por poco tiempo. “En pocos días los asesinó a todos y los enterró bajo el suelo de la cocina de la casa, que luego cubrió con varias capas de cemento”, describe con estremecedor detalle Linnell .

Su raid violento siguió. Se casó con Emily Mather en septiembre de 1890, se lmudaron a Autralia y en la Nochebuena de ese año la mató con un hachazo en la cabeza, luego la degolló y la enterró bajo la piedra de la chimenea del segundo dormitorio de la casa.

Pero cuando Rounsefell se preparaba para emprender el largo viaje a Australia Occidental, se descubrió el cadáver de Emily Mather. Una persecución nacional sin precedentes dio lugar rápidamente a la detención de Deeming, que fue devuelto a Melbourne bajo fuerte vigilancia para ser juzgado por su asesinato.

“Y fue entonces cuando los acontecimientos tomaron un giro decididamente espeluznante”, advierte Linnell.

A principios de la década de 1890, la cuasi-religión del espiritismo se había convertido en un fenómeno mundial y era enormemente popular en Melbourne y Sydney. Sus seguidores creían en una vida después de la muerte que permitía a los muertos comunicarse con los vivos, y los salones de la clase media se utilizaban regularmente para organizar sesiones de espiritismo.

El abogado principal de Deeming en su juicio por asesinato fue Alfred Deakin, un futuro Primer Ministro de Australia que también era un espiritista convencido que afirmó en una ocasión que tenía poderes hipnóticos y que podía controlar a otras personas mediante órdenes mentales. Su esposa, Pattie, era también una destacada médium conocida por canalizar mensajes de los muertos con su letra.

El juicio atrajo a enormes multitudes y sólo los que tenían una entrada podían acceder a él. Las pruebas y la naturaleza de sus crímenes fueron tan sensacionales que el Museo de Cera Madame Tussauds de Londres recreó la cocina donde se descubrieron los cuerpos de la primera esposa y los cuatro hijos de Deeming. En pocas semanas, también exhibió una efigie de tamaño natural de Deeming, con su enorme bigote.

Uno de los reporteros que cubrió el juicio para una audiencia internacional fue Sidney Dickinson, nacido en Boston, corresponsal de The New York Times, cuya esposa, Marion, también organizaba sesiones de espiritismo, leía las palmas de las manos de la gente y afirmaba tener la capacidad de ver fantasmas y las almas perdidas de los muertos.

Deeming fue condenado a muerte después de que Deakin no lograra convencer al jurado de que su cliente estaba loco. Pocos días antes de su ejecución, Deeming recibió dos visitas en su celda: Sidney y Marion Dickinson... La pareja estadounidense creía que Deeming era Jack el Destripador y le convenció para que les dejara hacer un molde de yeso de su mano derecha -la misma mano que había provocado tantas muertes en lados opuestos del mundo- con la esperanza de que las líneas de su palma revelaran su verdadera identidad.

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