
2020 termina con la primera venta comercial de carne cultivada en laboratorio, sin cría ni faena de animales. Singapur se convirtió en el primer país que reguló el producto —en este caso, carne hecha a partir de células de pollo— para consumo humano y el restaurante 1880 hizo la primera compra comercial, que para la compañía Eat Just, una startup de San Francisco, fue la primera venta. Los bocados de pollo se sirvieron por primera vez el 19 de diciembre.
La hamburguesa original de carne cultivada data de 2013: el holandés Mark Post, profesor de la Universidad de Maastricht, y su equipo, tomaron células de una vaca, las hicieron crecer en condiciones artificiales hasta que se convirtieron en músculo, y el músculo fue molido para crear una hamburguesa. Desde aquel momento se abrió una enorme expectativa: “Lo que comemos y el modo en que lo producimos tiene enormes implicaciones para la salud de la humanidad y para el planeta en el que vivimos”, planteó Axios.
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Pero si bien las carnes cultivadas a partir de células “podrían contribuir a un suministro de alimentos más sostenible”, todavía son demasiados los desafíos “científicos, de regulaciones y de consumo” por superar.

La noticia de Singapur tiene importancia en este contexto; además de Eat Just y Mosa Meats (la empresa que creó el profesor Post para trabajar a escala industrial), en el mundo existen al menos 60 emprendimientos de carne cultivada a partir de células, según Lux Research. Desde 2013, la inversión del capital de riesgo en el sector se multiplicó por 100, y llegó a USD 314 millones este año.
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“Como mínimo ocho startups construyen u operan plantas de producción piloto para tratar de bajar el precio”, siguió Axios. “La carne cultivada todavía tiene un costo de fabricación de entre USD 400 y USD 2.000 por cada kilo, contra el actual precio al consumidor de USD 4 la libra de carne molida (unos USD 8 por kilo) en los Estados Unidos”.
El futuro del negocio se basa en dos cuestiones: reducir la presión sobre el planeta y reducir la crueldad contra los animales. “Cada año se matan aproximadamente 70.000 millones de pollos, 1.500 millones de cerdos, 550 millones de ovejas, 460 millones de cabras y 300 millones de reses para satisfacer la creciente demanda mundial de carne”, precisó Axios; la pesca no ofrece un panorama superador.
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Si se compara por cada caloría, el impacto en el planeta y en el clima que causan los productos de carne animal es el mayor. Y si bien existen millones de vegetarianos y veganos, hay un fenómeno sociocultural que se ha cumplido religiosamente: a medida que aumenta el ingreso en los países en desarrollo, “la gente en general tiende a preferir la carne, lo queramos o no”, dijo Kate Krueger, experta técnica en carne y pescado alternativo.
Un estudio del Instituto Alemán de Tecnología de los Alimentos concluyó que, debido a la energía necesaria para aumentar la escala de la producción de carne cultivada, inicialmente su huella ambiental será varias veces la del pollo convencional, si las empresas no usan energías limpias. Por otra parte, producir un bistec requiere una estructura 3D para las células, algo que por ahora no se ha logrado.
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El último factor a considerar es al aceptación del consumidor. Para ello jugará un papel central el etiquetado, y ya hay presiones de la industria de la carne convencional para impedir que la hecha en laboratorio use la palabra carne.
Aunque el crecimiento de este rubro parezca lento, “la carne hecha a partir de células cultivadas sigue siendo la clase de tecnología sustentable más promisoria” para producir proteína animal para la alimentación humana, según Axios. La Agencia de Alimentos de Singapur dio “un paso histórico en el sistema alimentario”, según dijo a The New York Times el director ejecutivo de Eat Just, Josh Tetrick. “Hemos comido carne durante miles de años, y cada vez que hemos comido carne hemos tenido que matar a un animal. Hasta ahora”, agregó.
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