La historia del karateca cubano que enseñó a pelear a los agentes de la KGB rusa durante la Guerra Fría

En 1978 Raúl Rizo viajó a Moscú para enseñar su karate operativo a los servicios de seguridad rusos, cambiando para siempre la forma en que las artes marciales se impartían en la URSS

Domingo Rodríguez Oquendo, mejor conocido en el mundo de las artes marciales como Raúl Rizo, fue un maestro karateca cubano que entrenó a agentes rusos de la KBG en un estilo de combate cuerpo a cuerpo que desarrolló durante la Guerra Fria.
Domingo Rodríguez Oquendo, mejor conocido en el mundo de las artes marciales como Raúl Rizo, fue un maestro karateca cubano que entrenó a agentes rusos de la KBG en un estilo de combate cuerpo a cuerpo que desarrolló durante la Guerra Fria.

Corría noviembre de 1978 cuando el maestro Domingo Rodríguez Oquendo, mejor conocido en el mundo de las artes marciales como Raúl Riso, desembarcó en Moscú proveniente de Cuba. Su misión, era entrenar a media centena de agentes del servicio secreto soviético en una disciplina de combate que había desarrollado, el “karate operativo”, que adaptaba el arte marcial japonés al combate cuerpo a cuerpo y era practicado, en esos años de Guerra Fría, por la guardia personal de Fidel Castro.

Todo comenzó a principios de ese año, cuando Castro invitó al vicepresidente de la KGB, Vladimir Pirozhkov, a que presenciara en La Habana una sesión de entrenamiento de sus oficiales de seguridad. Pirozhkov estaba de visita oficial a Cuba como parte del intercambio de experiencias de la URSS con otros países socialistas.

Cuba era el gran aliado en Latinoamérica, el único bastión del socialismo en la región, en un tiempo donde el poder global se dividía entre los polos capitalistas, con Estados Unidos a la cabeza, y el mundo socialista comandado por la URSS.

Así el segundo hombre de la KGB, el servicio de inteligencia militar de la Unión Soviética, conocería al hombre responsable de cambiar para siempre la forma de combate cuerpo a cuerpo de sus espías secretos, Raúl Rizo.

Durante la década de los 60 este maestro karateka cubano, que llegó a ostentar el rango de Coronel del Ejército de Cuba, se dedicó a perfeccionar su arte del “karate operativo”, que consiste en una adaptación del estilo clásico de Okinawa de Jyoshinmon Shorin-Ryu el cual aprendió en Japón.

El estilo Shorin-Ryu fue desarrollado por Shoshinahan Hoshu Ikeda y se basa en una filosofía que enseña un “sendero de paz y armonía”, pues guarda relación con la filosofía Zen y las creencias de que para alcanzar el éxito, incluida la enseñanza del karate, se debe estar en armonía con la vida que nos rodea y con todo el universo.

Que este estilo de karate llegara a convertirse en la nueva forma de combate de los espías soviéticos fue la obra de Rizo, quien consideraba que el Jyoshinmon Shorin-Ryu solo podía ser practicado de manera individual sobre el tatami.

El maestro cubano desarrollaría entonces su propio estilo, cuya aplicación estaría enfocada en el combate sin armas y que encontraría un lugar en el entrenamiento de las unidades del servicio militar cubano, las fuerzas armadas y las fuerzas del orden público en general.

Para tal fin, el maestro cubano mantendría los movimientos más letales del karate para neutralizar al enemigo. Se centraba en los puntos más vulnerables del adversario y combinaba los puños y patadas con llaves de jiu jitsu para crear así el “karate operativo”.

Tan popular llegó a ser este estilo de pelea cuerpo a cuerpo entre los oficiales del Ejército de Cuba que durante la década del 70 en la isla existía el refrán: “El karate es un arma de la Revolución”.

Del Sambo al Karate cubano

A finales de la década del 70 en Rusia el karate no era muy bien visto. La postura oficial de lo que entonces se llamaba la URSS era considerar este deporte japonés algo propio del capitalismo.

Incluso, las autoridades soviéticas intentaron prohibirlo en varias oportunidades, aunque nunca llegó a existir una restricción legal para practicarlo.

Por esos años las fuerzas especiales del Ejército soviético y los agentes de la KGB eran entrenados en el Sambo, una forma de combate que se remonta al final de la revolución rusa de 1917 cuando Lenin se dio a la tarea de modernizar el ejército.

El combate cuerpo a cuerpo era uno de los pilares de esa modernización, por lo que se constituyó un comité denominado “Formación General de Militares” cuya tarea era estudiar las diferentes artes marciales propias o extranjeras y trazar un plan para que dichas técnicas fueran enseñadas en el Ejército Rojo.

Entre las disciplinas autóctonas están el Chidaoba georgiano, el Koch de Armenia, el Trîntǎ de Moldavia, el Khapsagay de Mongolia y el Kurash de Uzbekistan. Pero también exportó el Judo de Japón, gracias al maestro Vasili Sergéyevich Ochschépkov, creando así un estilo de combate único que sigue siendo usado en Rusia, practicado entre los deportes nacionales y del que incluso es experto su actual presidente Vladimir Putin.

Pero la visita a Cuba de Pirozhkov lo cambió todo pues el oficial soviético quedó fascinado con el estilo exhibido por Rizo y al regresar a Moscú presentó un informe al entonces jefe de la KGB, Yuri Andrópov, sobre la forma de karate cubano de la que había sido testigo. Dicho estilo, se lee en documentos rusos de la época, superaba en sus características prácticas a todas las disciplinas tradicionales del mundo oriental.

Así se dio el arribo del maestro Rizo a Moscú, acompañado de su ayudante y estudiante Ramiro Chirino, iniciando tres meses de intensos entrenamientos con jornadas de hasta 12 horas al día y que introdujeron un nuevo estilo de pelea en los agentes de la KGB.

Para febrero de 1979 el maestro karateca cubano había logrado graduar a 50 agentes de la KGB como instructores de “karate operativo”, para siempre cambiando la forma en que las artes marciales se impartían en la potencia de oriente.

Estos instructores llevarían el legado de Rizo a la enseñanza del Sambo y otras formas de artes marciales que aún subsisten en Rusia hasta el día de hoy.

El padre del Karate-do en Cuba

Cuando murió Raúl Rizo en 2011 varios medios cubanos recogieron su muerte, catalogándolo como el “padre del Karate-do” en la isla. Un reconocimiento que se ganó por una vida dedicada a la enseñanza de la diferentes disciplinas marciales en el país castrista.

Desde la temprana edad de 20 años Rizo empezó su camino en las artes marciales, primero practicando Kung Fu con el Maestro Rufino Alay, un cubano de ascendencia china que abriría la puerta a las disciplinas orientales en la isla.

Pero Raúl labraría su propio camino, viajando a Japón para graduarse como 6to. Dan Maestro Jyoshimon Shorin Ryu y 4to Dan Maestro en Kobudo.

Durante su formación en Japón el maestro Rizo trabajaba en la embajada cubana durante el día y estudiaba por las noches en la Escuela Tradicional de Artes Marciales Ikeda en Tokio. En 1976 regresaría a Cuba y empezaría a enseñar por su cuenta.

Raúl Rizo, creador del karate operativo.
Raúl Rizo, creador del karate operativo.

Duró dos años para graduar a sus primeros estudiantes, que recibieron por primera vez en la historia del karate cubano las categorías de 2do y 3er Dan, de instructores y entrenadores.

El maestro Rizo llegó a ser el presidente de la Federación de Karate de Cuba y de la Comisión de Defensa Personal.

Su estilo particular de combate cuerpo a cuerpo bautizado “karate operativo”, se enseñó en muchos países del mundo, como Angola, Mozambique y Nicaragua.

Tuvo muchos detractores, quienes lo acusaban de alejarse del espíritu del karate tradicional, pero también muchos adeptos que resaltaron siempre sus valores éticos y sus enseñanzas de vida usando las artes marciales.

En vida alcanzó a declarar que aunque enseñó en muchos lugares, nadie como los rusos a la hora de practicar el karate operativo.

Cuando murió Domingo Rodríguez Oquendo, conocido como Raúl Rizo, era una figura reconocida y admirada en Rusia, pero desconocida para la mayoría del pueblo cubano.

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