
El presidente ruso, Vladimir Putin, celebró su cumpleaños con el lanzamiento de un misil hipersónico. Pero en las calles de Moscú, el colectivo activista Pussy Riot le tenía preparada otra sorpresa menos gratificante para él: varios edificios gubernamentales fueron decorados con banderas LGBT, una afrenta para las posturas conservadoras -y en muchos casos abiertamente homofóbicas- del líder del Kremlin.
Las coloridas banderas fueron colgadas en el exterior de las sedes del Servicio de Seguridad Federal en Lubyanka, en la Corte Suprema, en el Ministerio de Cultura y en la comisaría del distrito de Basmanny, así como en una oficina de la presidencia.

A través de un mensaje en su cuenta de Facebook, el colectivo punk recordó la promesa incumplida de Putin de no perseguir a las minorías sexuales. “Al mismo tiempo (que hacía la promesa), el gobierno estaba matando a los homosexuales en Chechenia, aprobando leyes transfóbicas (para “fortalecer la institución de la familia”), persiguiendo a los padres de los niños nacidos de madres sustitutas”, enumeró el grupo en su denuncia.
Además, señalaron que el polémico cambio Constitucional, que le permite a Putin mantenerse en el poder por varios años más, estuvo cargado por propaganda con “horribles videos homofóbicos con el objetivo de convencer a nuestros ciudadanos rusos de que permanecer en la familia del mismo sexo es peor que vivir en un orfanato para un niño”.

Por ello, sostiene que eligieron las banderas LGBT “como regalo a Putin como símbolo de la falta de amor y libertad” del mandatario ruso.
El comunicado estuvo acompañado con una serie de exigencias, como investigar los asesinatos homofóbicos en Chechenia, el cese de acoso contra los activistas y la legalización de las parejas del mismo sexo. También, se sugirió que el 7 de octubre sea el Día de la Visibilidad de los LGBTQ.
Este jueves, tras la viralización de las imágenes, la policía detuvo a dos integrantes del grupo, sin informar los motivos. No es la primera vez en que integrantes son aprehendidas por sus desafíos a las autoridades rusas.
Tal vez la más recordada fue la ocasión que configuró su aparición en la conversación pública rusa y mundial en febrero de 2012, cuando irrumpieron encapuchadas en la catedral Cristo Salvador de Moscú a cantar a los gritos su ‘plegaria punk’: “Virgen María, Madre de Dios, llévate a Putin, ¡llévate a Putin, llévate a Putin!/ Las mujeres darán niños y amor ¡Mierda, mierda, la mierda del Señor!”. Fueron apenas 40 segundos por los que las activistas pasarían en una prisión los siguientes 18 meses de su vida.
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