Un escritor australiano detenido en China por presunto espionaje se negó a emitir una “falsa confesión”: “Lucharé hasta el final”

Yang Hengjun, quien escribía un popular blog sobre actualidad del gigante asiático, fue arrestado en enero de 2019 al llegar al país. ¨Nunca confesaré algo que no he hecho", aseguró desde prisión. Los detalles de su calvario

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Yang Hengjun
Yang Hengjun

En enero del año pasado, el escritor chino-australiano Yang Hengjun fue interceptado por agentes de seguridad en el aeropuerto chino de Guangzhou y detenido sin causa aparente. Lo acompañaban su esposa, Yuan Ruijuan, y su hija, quienes quedaron en estado de shock al ver como se lo llevaban las fuerzas de seguridad.

Poco después, lo acusaron de espiar para Australia, algo que tanto el escritor como Canberra niegan enfáticamente.

Yang es un ex diplomático chino que se convirtió en académico y novelista. Obtuvo la ciudadanía australiana en 2002, pero durante los últimos años había estado viviendo en Nueva York.

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Apodado “el fomentador de la democracia”, el Dr. Yang escribía un blog sobre la actualidad y las relaciones internacionales de China, pero no había criticado directamente a sus autoridades en los últimos años. No obstante, fue detenido ni bien llegó al gigante asíatico.

Dos meses después de ser arrestado fue acusado formalmente de presunta “participación en actividades delictivas que ponen en peligro la seguridad nacional de China”.

Desde entonces, Yang ha estado en prisión. Según cuentan sus familiares, durante los últimos 19 meses se ha negado a realizar lo que califica como una falsa confesión y continúa manteniendo su inocencia.

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La familia de Yang nombró al destacado abogado chino de derechos humanos Mo Shaoping, quien anteriormente defendió al premio Nobel de la Paz encarcelado Liu Xiaobo en un juicio en 2009. La semana pasada recién se le permitió por primera vez acceder al centro de detención de Beijing donde se encuentra detenido el escritor de 55 años para reunirse con él.

En un mensaje a su familia , Yang afirmó ser inocente y aseguró que luchará hasta el final. ¨Nunca confesaré algo que no he hecho", dijo.

Su amigo y colega académico, Feng Chongyi dijo la semana pasada a la BBC que según el sistema legal chino quedan seis semanas para que los fiscales lleven el caso a los tribunales, y pidió al gobierno de Australia ¨hacer todo lo posible ¨para asegurar su liberación.

El presidente chino Xi Jinping. Foto: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins
El presidente chino Xi Jinping. Foto: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

Yang ha sido interrogado durante largos períodos durante su detención, según señalaron sus amigos. Y funcionarios australianos aseguraron que ha enfrentado interrogatorios diarios encadenado.

¨Este es un sistema diseñado para quebrantar a las personas y obligarlas a confesar", dijo al respecto Elaine Pearson, directora de Human Rights Watch Australia.

Los funcionarios consulares australianos tuvieron acceso a un enlace de video con Yang el lunes, el primero de este año, luego de que se suspendieran las visitas en medio del coronavirus.

Las relaciones entre Australia y China se han vuelto cada vez más tensas desde que Canberra, conjuntamente con otras cuatro naciones, presentara un documento en el que se llama a una investigación sobre el origen de la pandemia del coronavirus. En concreto, las naciones ponen en duda la transparencia de Beijing sobre su manejo.

La escalada en las tensiones se ha manifestado en forma de nuevas detenciones de naturaleza similar a la de Yang. El gobierno australiano reveló la semana pasada que en agosto una exitosa presentadora de la televisión australiana, Cheng Lei, fue detenida en secreto en el gigante asiático. Indicó a su vez que personal consular pudo visitar a Cheng mediante un enlace de video, pero no se le dijo por qué había sido detenida.

Solo el pasado martes, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Lijian, ofreció una vaga respuesta: en una conferencia de prensa, dijo que Cheng era “sospechosa de llevar a cabo actividades ilegales que ponen en peligro la seguridad nacional de China”.

En tanto, otros dos periodistas australianos dejaron China en las últimas horas, temerosos de correr la misma suerte. Bill Birtles, corresponsal en Beijing de la cadena ABC, y Michael Smith, periodista en Shanghái de la Australian Financial Review (AFR), se refugiaron durante varios días en oficinas diplomáticas de su país antes de que se les permitiera salir del país acompañados por diplomáticos australianos. Llegaron a Sídney el martes por la mañana.

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