
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan mantenía en la noche del jueves (hora local) una reunión de emergencia con miembros del gabinete y altos funcionarios luego de que tuviera lugar un nuevo ataque aéreo por parte del régimen sirio, liderado por Bashar Al Assad, en la disputada región de Idlib.
Aunque el gobierno de Ankara incialmente indicó que el hecho dejó un saldo de nueve muertos, luego la elevó a 22. Pero el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, una ONG, aseguró que la cifra en realidad asciende a 34.
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Horas antes, el gobierno ruso de Vladimir Putin, que apoya a Damasco, había acusado a Ankara de violar un acuerdo entre ambas partes en 2018 al proveer ayuda militar -en forma de fuego de artillería y el uso de drones- a los rebeldes que combaten las fuerzas del régimen.
La ofensiva del gobierno de Bashar al Assad apoyada por Moscú ha provocado en un mes el éxodo de cerca de un millón de civiles, el mayor éxodo en tan poco tiempo desde el inicio de la guerra siria en marzo de 2011. La ONU advierte que la situación humanitaria de los campos de refugiados es catastrófica.
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El ataque es el último de una ya larga lista que contribuye al aumento de las tensiones en la región, pese a los numerosos llamados por parte de la comunidad internacional a una desescalada. Un día antes se habían expresado al respecto los ministros de Relaciones Exteriores de 14 países de la Unión Europea en una columna publicada en el periódico francés Le Monde.
Los 14 ministros, entre ellos el francés Jean-Yves Le Drian, el alemán Heiko Maas y la española Arancha Gonzalez, también advirtieron que la lucha contra el “terrorismo” invocada por Moscú, que apoya la ofensiva militar del régimen de Bashar al Assad en la provincia, no puede justificar “violaciones masivas del derecho internacional humanitario”.
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Sin embargo, ese mismo día otro ataque aéreo del régimen de Al Assad resultó en la muerte de 19 civiles, entre ellos ocho menores. Y un día antes de ello, Rusia rechazó a un posible alto al fuego. El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, rechazó detener la ofensiva en la región de Idlib, al considerar que sería como “capitular frente a los terroristas”. “Esto no es un problema de derechos humanos, es capitular frente a los terroristas e incluso premiar sus actividades”, dijo Lavrov en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra.
Los jefes de Estado de Rusia y Turquía se reunirán el 5 de marzo con sus homólogos de Francia y Alemania, Emmanuel Macron y Angela Merkel, respectivamente, para abordar el asunto. Erdogan no precisó el lugar de la cumbre, pero ya había informado a periodistas que Macron y Merkel proponían Estambul. Putin tenía que dar su aprobación.
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El conflicto entre las facciones está enmarcado dentro de la guerra civil siria y se remonta diciembre de 2019 cuando, con el apoyo de Rusia, el régimen sirio lanzó una ofensiva contra la región de Idlib, el último gran bastión yihadista y rebelde en el territorio.
Rusia y Turquía habían llegado a un acuerdo un año antes cuando sus jefes de Estado determinaron la creación de una franja de entre 15 y 20 kilómetros de ancho, que abarca las provincias de Hama, Idlib, Alepo y Latakia, para dividir las posiciones de las tropas sirias y la oposición armada. Turquía había establecido allí 12 puestos de observación como parte de su objetivo de mantener a raya las acciones de Damasco en la región.
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Sin embargo, desde enero el régimen encabeza una ofensiva para recapturar la provincia y ataca los puestos de observación. Ankara ha retribuido los ataques y mientras las conversaciones entre ambas facciones continúan estancadas -más allá de la cumbre acordada- la retórica crece en intensidad.
De hecho, Erdogan ha manifestado que una ofensiva militar de Ankara es “inminente”. Durante los últimos días Ankara ha estado desplegando importantes refuerzos militares en la región. “Estamos decididos a hacer de Idlib una región segura para Turquía y para la población local, a cualquier precio”, añadió.
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De efectivamente traducir las palabras en acciones, Turquía llevaría a cabo su cuarta operación militar en el marco de la guerra civil Siria. Las anteriores fueron el Escudo del Éufrates (2016), Rama de Olivo (2018) y Primavera de la Paz (2019). No obstante, todas estas tuvieron lugar en la frontera y fueron dirigidas principalmente contra fuerzas kurdas, a las que Ankara vincula con organizaciones terroristas dentro de su propio territorio. Por ende, esta nueva ofensiva sería la primera vez que Ankara se lanza en lo profundo del territorio sirio.
Las hostilidades ya han tenido efectos devastadores sobre la población. El 17 de febrero, el secretario general adjunto de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock, denunció que el conflicto ha llegado a “un nivel horrible” y precisó que el número de desplazados ya ha superado al millón.
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