
Cuando la gente se queja porque trabaja demasiado no sólo se lamenta: también se jacta. Aunque nadie quiere quiere parecer un padre feliz de perderse un acto de la escuela de los hijos o una mujer que conduce su auto con pocas horas de sueño, hay algo de vanagloria. Pero, en realidad, es una señal que habla de manera negativa sobre la eficiencia.
"Estamos condicionados para pensar que trabajar todo el tiempo es algo bueno, una señal de diligencia, de virtud y del propio valor", escribió Jason Gay, columnista de The Wall Street Journal. Trabajar todo el tiempo equivale a ser importante. Pero "¿y si trabajar todo el tiempo fuera un síntoma de disfunción, no de excelencia? ¿Si fuera terriblemente ineficiente, una receta para el agotamiento y el reemplazo y el colapso?".
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Esa es la premisa del libro It Doesn't Have to Be Crazy at Work (El trabajo no tiene que ser de locos), de Jason Fried y David Heinemeier Hansson, fundadores de la empresa de software para el ámbito laboral Basecamp. "Es una conversación que debemos tener con urgencia", agregó.
"Hemos pasado mucho tiempo re-imaginando el espacio de trabajo en el siglo XXI sin reconsiderar el trabajo en sí. Cantamos loas a beneficios como las mesas de ping-pong y las patinetas y las barras para servirse helados, pero son básicamente trampas para ratones que mantienen a los empleados en la oficina". En el caso del emprendimiento de Fried and Hansson, se ofrecía a los trabajadores vacaciones ilimitadas, hasta que notaron que eso inquietaba a la gente. "Ahora insisten en que sean tres semanas".
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En realidad, el trabajo es más eficiente cuantas menos de esas estridencias entorpecen su realización. "Las horas pueden ser una cantidad civilizada y productiva", asoció el autor. "Se pueden evitar los correos electrónicos en el fin de semana".
Tras ironizar sobre Elon Musk, famoso por trabajar tantas horas en Tesla que duerme bajo los escritorios, y también por no poder cumplir con los plazos de finalización de sus proyectos, el artículo citó al desarrollador de video juegos Dan Houser, quien reveló que el esfuerzo de haber cumplido semanas de 100 horas semanales para terminar un juego tuvo un efecto negativo en el desempeño en comparación con las semanas habituales, de 45 horas.
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Fried y Hansson creen que la eficiencia radica en una estrategia iconoclasta en el mundo laboral, que ellos llaman "la empresa calma": un enfoque que ataca el caos, la ansiedad y el estrés. "La productividad no mejora cuando se trabajan más horas, sino cuando se desperdicia menos tiempo y cuando hay menos cosas que induzcan distracción y estrés persistente".
"El agotamiento continuo no es una medalla de honor, es una marca de estupidez", escribieron los autores, también creadores de un libro anterior sobre el tema, Rework. "De las 60, 70 u 80 horas semanales que se espera que mucha gente dedique al trabajo, ¿cuántas de esas horas se emplean en el trabajo en sí? ¿Y cuántas se desperdician en reuniones, se pierden en distracciones, se malogran por prácticas ineficientes de negocios? La mayor parte".
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La cultura laboral dominante no se debe a que de pronto haya más trabajo para realizar. "El problema es que ya casi no hay tiempo dedicado sin interrupciones a hacerlo". La gente trabaja más pero logra menos: empleados, empleadores, emprendedores, profesionales. Y con tantas horas, además de la ayuda de la tecnología, la carga no disminuye. "Se vuelve más pesada", en realidad.
Basecamp, explicaron, funciona como una empresa calma, y lleva 20 años de ganancias aunque "no está impulsada por el estrés, el ahora mismo, el apuro, las noches hasta tarde ni las promesas imposibles". Sus empleados no lucen falsamente ocupados. Aunque se dedican a la tecnología no se centran ni en el capital de riesgo ni en Silicon Valley: "Nuestro staff de 54 personas se distribuye en unas 30 ciudades alrededor del mundo".
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No sólo trabajan 40 horas (32, en realidad, durante el verano) sino que pagan a su equipo las vacaciones: "No los días de vacaciones, sino las vacaciones mismas".
En el ámbito laboral que crearon hay momentos de estrés, desde luego, porque "así es la vida". No todos los días son fáciles. "Pero hacemos lo posible para asegurarnos que sean las excepciones", agregaron. "El caos no debería ser el estado natural del trabajo. La ansiedad no es un pre-requisito para el progreso. Pasarse todo el día sentado en reuniones no es necesario para tener éxito".
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