
En el desierto de Gobi, en Mongolia, se hallaron los restos fósiles de un pterosaurio que, según un estudio publicado en la Revista de Paleontología de Vertebrados, es el depredador más grande que haya volado sobre la Tierra: la envergadura de sus alas llegaba a 36 pies, casi 11 metros, el equivalente a un avión pequeño.
El trabajo de Takanobu Tsuihiji y Brian Andres —entre otros investigadores de diversas universidades de Mongolia, Japón y los Estados Unidos— estimó que el reptil volador gigante pertenece a un grupo todavía no muy conocido, los azdárquidos. Vivió hace 70 millones de años en una zona tierra adentro, árida pero no desértica como hoy. "Este paisaje cretáceo estaba repleto de dinosaurios, y sus crías deben haber sido alimento ideal para los grandes carnívoros", analizó National Geographic.

Tsuihiji, Andres y sus colegas compararon a la criatura descubierta con los dos pterosaurios más grandes que se conocen hasta el momento: el Quetzalcoatlus, hallado en Texas en la década de 1970, y el Hatzegopteryx, un azdárquido más bajo y fornido que apareció en Rumania en la década de 1990. De la compulsa surge que estos animales tenían un alto aproximado de 18 pies, casi 5,5 metros, y un aire a una jirafa, sólo que alada.
"El equipo todavía no declaró que el fósil mongol sea una nueva especie, dado que los restos están muy incompletos. Pero es el primer pterosaurio de este tamaño que apareció en esa parte del mundo", explicó John Pickrell en su artículo para la revista de la sociedad científica.

Eso no afecta la importancia del hallazgo: "Aunque fragmentario, el espécimen pertenece a un individuo gigantesco, lo cual extiende la cobertura de estos pterosaurios gigantes hasta Asia", escribieron los autores de la investigación.
Los paleontólogos descubrieron el fósil en 2006, en el área de Gurilin Tsav del desierto de Gobi. Buuvei Mainbayar, de la Academia de Ciencias de Mongolia, desenterró parte de la primera vértebra y se la mostró a su colega Tsuihiji, de la Universidad de Tokio. El japonés lo reconoció de inmediato como parte de un pterosaurio, sólo que de un tamaño tan grande que no se había encontrado antes.

Así el equipo regresó y estudió el resto del espécimen. Como los huesos estaban tan rotos, al comienzo no pudieron entenderlos. Pero luego de años de armar el rompecabezas, se encontraron con varias vértebras que tenían las características de las de los azdárquidos, aunque algunas eran hasta cuatro veces más grandes. Los autores estiman que el animal podría haber pesado unas 5,5 toneladas.
Así comenzaron a armar su hipótesis. En conjunto, las cifras de tamaño y peso apuntaron a un superdepredador que podía levantar vuelo en segundos y capturar todo —incluidos dinosaurios más pequeños— lo que cupiera en sus picos. Nuevos análisis permitirán establecer si este nuevo pterosaurio marca un récord en el volumen de los animales voladores.
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