CDMX: las esculturas de gran tamaño que nadie sabe cómo llegaron a Insurgentes Sur

Las magnas obras fueron erigidas en el marco de los juegos olímpicos del 68

La cuarta estación de la ruta se titula Sol, elaborada por el japonés Kiyoshi Takahashi (Foto: Twitter/@YaaxGroup)
La cuarta estación de la ruta se titula Sol, elaborada por el japonés Kiyoshi Takahashi (Foto: Twitter/@YaaxGroup)

Insurgente Sur sí tiene su encanto y no, no está en sus antros. Una de las arterias principales que atraviesa la Ciudad de México de norte a sur alberga un fragmento de un corredor monumental compuesto por más de 20 esculturas gigantes.

Al pasar la vista por la gran avenida en su entronque con Periférico Sur, se puede ver una gran variedad de obras monumentales de varios colores y formas abstractas: se trata de La Ruta de la Amistad y tiene sus orígenes en los Juegos Olímpicos de 1968, llevados a cabo en México.

Este corredor cultural fue una idea del arquitecto de origen alemán, Mathias Goeritz, conocido por obras como las Torres de Satélite, el Museo Experimental Eco o La Corona del Pedregal en el centro escultórico de la UNAM.

La cuarta estación de la ruta se titula Sol, elaborada por el japonés Kiyoshi Takahashi. Sigue en pie desde 1968 gracias a varios procesos de restauración (Foto: Twitter/@YaaxGroup)
La cuarta estación de la ruta se titula Sol, elaborada por el japonés Kiyoshi Takahashi. Sigue en pie desde 1968 gracias a varios procesos de restauración (Foto: Twitter/@YaaxGroup)

La Ruta fue propuesta por Goeritz a Pedro Ramírez Vázquez, quien fue el presidente del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos. El proyecto se aprobó en un intento de reflejar la hermandad y la paz entre naciones dentro de en un contexto mundial lleno de conflictos civiles, protestas y manifestaciones sociales, además de los problemas internos que desembocaron en la matanza de Tlatelolco. Por ello, la comitiva mexicana quiso hacer uso de las artes, y no solamente del deporte, para escribir un discurso bajo el tema de la amistad en el marco de la XIX olimpiada.

Fue así que el arte y la cultura fueron un elemento clave en las Olimpiadas de 1968, volviendo al ambicioso proyecto una especie de Olimpiada Cultural, coordinada por la hija de Diego Rivera, Ruth Rivera. Para la elaboración del ambicioso plan se convocó a artistas plásticos y arquitectos de todo el mundo con el fin de que cierto número de naciones participara en la creación de una obra abstracta monumental que utilizara la paz y la hermandad como eje discursivo.

La estación 3 se titula "Muro articulado", obra del Herbert Bayer, de origen austro-estadounidense (Foto: Twitter/@arqcommx)
La estación 3 se titula "Muro articulado", obra del Herbert Bayer, de origen austro-estadounidense (Foto: Twitter/@arqcommx)

El proyecto rápidamente cobró relevancia, pues logró unir a diversos artistas de todo el mundo en un área específica, sumado a que fue una idea disruptiva en su época al contener estructuras abstractas de tan inmenso tamaño.

Para participar en el proyecto, se establecieron tres condiciones. La primera, que fueran esculturas monumentales que ayudaran a mejorar el espacio urbano. La segunda, que serían discutidas colectivamente con la intención de establecer soluciones plásticas que se relacionaran con la ciudad. Y por último, el concreto se establecía como material obligatorio.

Por su parte, una de las condiciones no escritas pero sí acatadas era que pudieran ser visibles por el ojo humano a alta velocidad, por lo que fueron colocadas en las principales avenidas del sur de la ciudad: Periférico Sur e Insurgentes Sur.

Mapa de las esculturas de La Ruta de la Amistad sobre Insurgentes Sur
(Foto: mexico68.org)
Mapa de las esculturas de La Ruta de la Amistad sobre Insurgentes Sur (Foto: mexico68.org)

En un principio fueron construidas 19 esculturas con alturas entre los 5 y los 18 metros. También, se sumaron tres esculturas más que fueron colocadas en la entrada de los tres principales recintos deportivos que serían utilizados en el evento: el Estadio Azteca, la Villa Olímpica y el Estadio Olímpico.

Dentro de los artistas mexicanos que fueron elegidos para representar al país, fueron Helen Escobedo, Jorge Dubón y Ángela Gurría, quienes fueron escogidos por un comité integrado por críticos de arte, arquitectos y autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Trébol de Insurgentes sur y Periférico (Foto: Twitter/@vickyvidal1)
Trébol de Insurgentes sur y Periférico (Foto: Twitter/@vickyvidal1)

Así, se construyó uno de los atractivos culturales más importantes de la Ciudad de México, con participación de artistas de Suiza, Checoslovaquia, Japón, Hungría, Bélgica, Estados Unidos, España, Polonia, Austria, Italia, Uruguay, Israel, Marruecos, Francia, Países Bajos y Australia.

La ruta fue innovadora y única en su tiempo, pues lograba conjugar la escultura con el paisaje. Además dicha intervención urbana se convirtió en el corredor cultural más largo del mundo con más de 17 kilómetros.

El sol Bípedo, obra de Pierre Székely, representante de Hungría y Francia (Foto: Twitter/@arqcommx)
El sol Bípedo, obra de Pierre Székely, representante de Hungría y Francia (Foto: Twitter/@arqcommx)

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