El movimiento feminista en México visto por una investigadora de la UNAM

El ensayo expone los detalles y particularidades de un nuevo movimiento “joven y radical”

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Las manifestaciones feministas de los últimos años son diversas e incluyentes (Rebecca Blackwell/AP Foto)
Las manifestaciones feministas de los últimos años son diversas e incluyentes (Rebecca Blackwell/AP Foto)

El 1 de septiembre de 2020, la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales publicó su último número del año. Uno de los textos que contiene es un artículo de la doctora en Sociología, Lucía Álvarez Enríquez, titulado “El movimiento feminista en México en el siglo XXI: juventud, radicalidad y violencia”.

Ahí, la doctora Álvarez reonoce la herencia del movimiento feminista actual y explica las características que lo distinguen de las corrientes anteriores. Lo califica como “álgido y novedoso [...] diversificado, diferente a los feminismos anteriores, sin un liderazgo específico y unificado, con demandas centradas en la violencia por razones de género, pero con derivaciones e implicaciones en otros ámbitos del feminismo y de la condición de desigualdad, con un lenguaje muy ‘propio’, directo y confrontativo”.

De acuerdo con su análisis, la renovación de la lucha feminista y de género en México está motivada por tres situaciones contextuales graves e innegables. La primera es el aumento generalizado de la violencia de género, desde la violencia económica y el acoso hasta las violaciones y el feminicidio.

La segunda es la ineficacia de la justicia en el país y la tendencia de la sociedad y las autoridades a normalizar comportamientos violentos. Ambas son causas de un contexto de impunidad para los delitos de género.

“Pese a toda la parafernalia jurídica e institucional existente, los agresores saben bien que “no pasa nada”, y en última instancia se harán acreedores a sólo un castigo menor. De aquí que sea la impunidad una de las causas de mayor agravio para las mujeres que han sido víctimas de violencia, al mismo tiempo es uno de los desencadenantes de la rabia y de la movilización en curso”, escribe la académica.

En febrero de 2020, el feminicidio de Ingrid Escamilla desató una serie de manifestaciones para exigir una resolución justa del caso (Foto: Andrea Murcía/Cuartoscuro)
En febrero de 2020, el feminicidio de Ingrid Escamilla desató una serie de manifestaciones para exigir una resolución justa del caso (Foto: Andrea Murcía/Cuartoscuro)

La tercera está directamente relacionada con los grupos de hombres que manifiestan rechazo, animadversión, “resentimiento e incluso de un odio manifiesto ante la creciente autonomización y empoderamiento de éstas (las mujeres), que se ha traducido en una suerte de ‘ánimo vengativo’”.

A pesar de que estas situaciones siempre han estado presentes, su visibilización y la persistencia de las mismas alimentan una corriente feminista distinta a las olas del siglo XX y de la primera década del siglo XXI.

Las demandas y logros de generaciones anteriores van desde “el libre ejercicio de la sexualidad y la maternidad voluntaria” hasta la tipificación de los delitos sexuales, la denuncia de la violencia de género y la incidencia en el ámbito público.

Más allá de las similitudes, el movimiento, particularmente a partir del 2019, se distingue por otros lenguajes, por la adopción de las redes sociodigitales como plataformas comunitarias, por la juventud de las protagonistas visibles y “por fuertes exabruptos y explosiones de rabia contra los hombres, las instituciones, los medios y las complicidades silenciosas; de aquí también los mecanismos radicales y disruptivos que han implementado; el [..] hartazgo ante la falta de respuesta de las instituciones y el uso incluso de la violencia como medio para sacudir y llamar la atención”.

Esta corriente distinta, explica la doctora Álvarez, ocurrió en dos etapas. La primera es consecuencia de la guerra contra el narcotráfico y la violencia generalizada que desencadenó, tiene origen en algunas movilizaciones esporádicas a partir de casos específicos como el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio en Ciudad Universitaria.

El feminicidio de Lesvy Berlín Osorio encendió el movimiento contra la violencia de género en la UNAM  (FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM)
El feminicidio de Lesvy Berlín Osorio encendió el movimiento contra la violencia de género en la UNAM (FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM)

La académica marca el inicio de la segunda etapa con la “marcha de la diamantina”, en agosto de 2019, cuando miles de mujeres marcharon en la Ciudad de México para denunciar la violación de una mujer por cuatro policías de la capital y para exigir su castigo ante la ineficacia de las autoridades.

“En tales condiciones, la exigencia, la indignación y la rabia fueron mucho más allá de la ‘demanda cívica’ y ‘la petición formal’ [...] Se asume de manera cada vez más clara el uso de la violencia como recurso o herramienta legítima para la negociación de las demandas del movimiento”, escribió la investigadora.

Las reacciones a esta identidad de propuesta distinta han sido variadas, particularmente desde las autoridades responsables de la seguridad. “La respuesta del presidente de la República fue errática, poco empática e insensible ante la gravedad de la situación. Reconoció el problema de violencia hacia las mujeres, pero minimizó su impacto real en la realidad del país y la urgencia de atenderlo; insistió, en cambio, en encauzar todo esto por la vía de una ‘cultura de paz’”, recuerda.

Por eso, las manifestaciones han justificado usar la exigencia antes que la negociación que caracterizó a otras generaciones.

CNDH  - MEXICO - BLOQUE NEGRO - 02102020
La toma de las oficinas de la CNDH mostró que el movimiento crece aún durante la pandemia (FOTO: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM)

De acuerdo con Álvarez Enríquez, una de las muestras de la solidez del movimiento es la capacidad que ha tenido para expandirse, diversificarse y adoptar causas distintas como las de “víctimas de violencia y de desaparición forzada, derechos humanos, ambientalistas, indígenas, trabajadoras, estudiantes, colectivos artísticos y culturales, entre otros”.

En 2020, a pesar de la pandemia, el movimiento feminista demostró seguir creciendo. Desde el paro general “Un día sin nosotras”, hasta la toma de las instalaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (tres días después de la publicación del ensayo), pasando por diversas manifestaciones para exigir justicia por los feminicidios que marcaron el año, el movimiento feminista es creativo, contundente, efectivo y esperanzador.

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