Baño turco, visita conyugal a toda hora y dos guardias: el Chapo Guzmán en Puente Grande

Un abogado que se entrevistó con el narcotraficante mexicano mientras se encontraba preso en el Cefereso 2 reveló cómo Guzmán Loera se sentía el rey de la prisión

"El Chapo" y el penal federal de Puente Grande (Fotoarte: Steve Allen/ Infoabe)
"El Chapo" y el penal federal de Puente Grande (Fotoarte: Steve Allen/ Infoabe)

El 16 de marzo del año 2000 a las 10:00 el abogado José Antonio Ortega Sánchez tenía una cita en el Centro Federal de Readaptación Social de Puente Grande, Jalisco con el narcotraficante Joaquín el Chapo Guzmán, detenido en 1993 por su presunta participación en el crimen del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Ortega y su socio fueron notificados por un funcionario de la cárcel que el recluso no estaba listo para su entrevista y que tendrían que esperar un rato, el momento se convirtió en 12 horas, lapso durante el cual los abogados fueron llevados a una habitación contigua a la oficina del director de la prisión donde había una impresora y una computadora y no al cuarto donde se realizaban las audiencias con los detenidos.

La cadena estadounidense CNN obtuvo en 2016 la copia del testimonio que el Chapo había rendido ese día ante Ortega Sánchez, entonces representante legal de la Arquidiócesis de Guadalajara, quien investigaba el crimen del prelado.

En poco tiempo, Guzmán Loera se llegó a convertir en el rey de la prisión (Foto: Reuters/ Bernardo de Niz)
En poco tiempo, Guzmán Loera se llegó a convertir en el rey de la prisión (Foto: Reuters/ Bernardo de Niz)

Cuando el abogado le preguntó al Chapo sobre el motivo de su retraso la respuesta que obtuvo fue: “Mire, tenía mi visita conyugal hoy. Luego fui al baño turco y luego tenía que tomar una siesta para poder saludarlo como usted se merece”, según los relató el licenciado.

Y aunque usaba el clásico uniforme color crema que visten todos los reclusos, no usaba las esposas y siempre estaba acompañado por dos guardias.

Cuando se realizó la audiencia, Guzmán Loera ya era el cabecilla del Cártel de Sinaloa (CDS), el que operaba desde su encierro.

El cardenal Posadas Ocampo fue asesinado el 24 de mayo de 1993 en un un fue cruzado entre la gente del "Chapo" y el Cártel de los Arellano Félix (Foto: Cuartoscuro)
El cardenal Posadas Ocampo fue asesinado el 24 de mayo de 1993 en un un fue cruzado entre la gente del "Chapo" y el Cártel de los Arellano Félix (Foto: Cuartoscuro)

“De acuerdo con Ortega, Guzmán Loera no se comportaba como un prisionero, sino como la persona a cargo, y los guardias, como sus asistentes personales. Guzmán les ordenó traer café y bebidas sin alcohol para todos los presentes. Los guardias inmediatamente cumplían”, cita la cadena.

El Chapo era el dueño de esa prisión en ese momento. Era como si nos hubiera invitado a su casa. Nos ofreció café sabiendo muy bien que la audiencia iba a durar varias horas”, agregó el abogado.

Durante esa entrevista, el Chapo declaró que llegó al aeropuerto de Guadalajara, lugar donde fue asesinado Posadas Ocampo, manejando un auto Grand Marquis modelo 1991 y cuando empezó a caminar empezó en el estacionamiento el tiroteo con gente del Cártel de los Arellano Félix, quienes buscaban matar a Guzmán Loera.

Según el abogado, las experiencia fue frustrante, pues a pesar de que la diligencia duró hasta las 5:00 horas del día siguiente, Guzmán Loera no proporcionó más información sobre el crimen de Posadas Ocampo. A la mayoría de las preguntas respondió con un “no recuerdo” y lo único que aseguró fue que sus hombres no habían disparado ninguna bala ese 24 de mayo de 1993 en la central aérea.

José Antonio Ortega Sánchez, el abogado que esperó al "Chapo" Guzmán durante 12 horas (Foto: Cuartoscuro)
José Antonio Ortega Sánchez, el abogado que esperó al "Chapo" Guzmán durante 12 horas (Foto: Cuartoscuro)

Según él, parecía como si el abogado que actuaba como el fiscal del gobierno hubiera entrenado a El Chapo diciéndole “usted no tiene que responder eso” o “ellos lo quieren atrapar”.

El Chapo pudo escapar de la prisión federal de Puente Grande el 19 de enero de 2001 en un carro de lavandería, lo que fue la primera fuga en la historia de una cárcel de máxima seguridad en México.

Antes de su huida, Guzmán Loera dejó toda una historia en Puente Grande que incluyó su relación con la reclusa Zulema Hernández con quien mantenía un noviazgo mientras recibía visitas de su segunda esposa; fiestas en las que abundaban el alcohol, las drogas y las mujeres.

Una de las pocas fotos de Zulema, la amante del "Chapo" en Puente Grande, que se encuentran en la red (Foto: archivo)
Una de las pocas fotos de Zulema, la amante del "Chapo" en Puente Grande, que se encuentran en la red (Foto: archivo)

En su libro Los malditos 2, el periodista Jesús Lemus, quien estuvo recluido en la misma prisión detalló las historias que sobre Guzmán Loera se cuentan en Puente Grande, narradas por los mismos presos.

Uno de ellos fue Noé Hernández, el Gato, acusado de abuso sexual contra menores de edad.

El Chapo era el único interno que tenía acceso a un teléfono celular el que a veces prestaba a otros reclusos para que pudieran hablar con sus familiares, ya que las reglas establecían que solo podían tener acceso a los teléfonos de la prisión por 10 minutos cada 12 días.

En algunas ocasiones pedía comida al exterior, la que repartía entre los presos. Su llegada a la cárcel federal marcó el inicio de grandes fiestas en las que había alcohol, música, mujeres y comida.

De acuerdo con la narración de Lemus, Guzmán Loera no solo era el único que tenía un teléfono propio sino que también el único al que se le permitía pasear libremente por todos los módulos de la cárcel en los que platicaba con los reclusos, quienes siempre le pedían distintos tipos de favores.

Según lo relatado por El Gato, cuando los reos veían que del exterior empezaba a llegar mucha comida era la señal de que el Chapo estaba organizando una fiesta. Generalmente pedía borrego, carnitas, contraba grupos musicales, los más allegados al narcotraficante podían beber whisky y todo el resto, solo cerveza.

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