
Trece de junio de 2009. Policías federales habían llegado esa madrugada a Arteaga, Michoacán, en busca de 12 agentes que la noche anterior habían caído en manos de uno de los jefes de La Familia Michoacana: Servando Gómez, alias “La Tuta”.
En el domicilio donde los federales fueron sorprendidos había manchas de sangre. Los policías municipales y los sicarios de “La Tuta “que se los llevaron los ataron con los cables de sus propios teléfonos celulares. Recogieron sus armas, sus equipos, sus pertenencias. Y también la camioneta que los agentes tenían estacionada a las puertas de la casa, la cual apareció quemada horas más tarde en Apatzingán.
La célula de agentes federales que había sido enviada al pueblo para ubicar al capo estaba formada por tres investigadores de campo (dos hombres y una mujer) que se hacían pasar por estudiantes normalistas, y por nueve elementos del Grupo de Operaciones Especiales que nunca salían de la casa, y cuya única misión consistía en brindar seguridad a los otros tres.
Sin embargo, Arteaga estaba totalmente coptado. Los municipales trabajaban para “La Tuta”. Militares le filtraban información. Las calles se hallaban bajo la vigilancia de los halcones. Ninguno de ellos detectó a los falsos estudiantes. Pero la madre de “La Tuta”, que vivía en una casa contigua a la que ellos habían rentado, sí. Los sorprendió desde un piso alto y le avisó a su hijo: “Aquí hay gente rara que no es del pueblo”.

Los municipales les abrieron paso a los sicarios. Estos entregaron a los agentes al cuñado del Chayo: El Chucky. Fue él quien los torturó, y quien grabó la indescriptible tortura en un video de seis minutos.
“Me aventé 12 güeyes”, se escucha en la grabación difundida por el periodista Héctor de Mauleón, en El Universal.
A la mañana siguiente, Arteaga estaba infestado de federales. Los miembros de La Familia respondieron apilando los cuerpos semidesnudos en una carretera. También subieron el siniestro video a Youtube.
Las autoridades señalaban desde entonces que La Tuta, que lideraba el cártel de Los Caballeros Templarios y detenido en febrero de 2015, era el responsable del asesinato de los agentes.

Para la Policía Federal esto marcó un antes y un después. Se prometió a la familia de las víctimas detener a los culpables. En los hechos, La Familia Michoacana comenzó a ser desarticulada desde aquel día de junio. Cayeron “El Chayo”, “Kike Plancarte”, “La Tuta”, jefes regionales y jefes de plaza. Cayeron los policías que los habían protegido.
El impacto del multihomicidio llevó a que el 13 de julio se instituyera como el día de la Policía Federal, en homenaje a los caídos por órdenes de La Tuta.
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