
Cuando nuestro país sufrió el golpe de la influenza A-H1N1, los Institutos Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) y el de Ciencias Médicas y Nutrición, fueron los que se reconvirtieron para atender a los enfermos; sin embargo, según explica Gustavo Reyes Terán, titular de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacional de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE) el número de infectados esperados de COVID-19, requirió que un mayor número de hospitales se destinara a la atención de esta enfermedad.
Los hospitales designados como “COVID” no atienden nada diferente a este padecimiento, todo su personal e insumos se destinan a darle seguimiento a los enfermos que, confirmados o con sintomatología, acuden para revisión.
Sin embargo, para los pacientes de los hospitales reconvertidos de Covid estos días son la sala de espera más larga en sus respectivos padecimientos. Tras más de 140 días y con la marca de los 50 mil muertos superada, estos centros de salud no parecen tener una fecha de regreso a sus actividades normales, por lo que los usuarios podrían pasar el resto del año sin la atención que recibían hasta antes de marzo.
Todas las consultas fueron suspendidas hasta nuevo aviso y, en el IMSS y el ISSSTE, sólo se han seguido surtiendo las recetas, mes con mes, por las que algún familiar puede pasar, con el fin de evitar que los enfermos se acerquen a las unidades.
Tan sólo el Hospital General de Zona No. 89 de Guadalajara, Jalisco, atendió en el mes pasado 12 mil 700 pacientes en consulta externa de especialidades, 231 partos y cesáreas y 956 cirugías. Estos números, multiplicados por 4 meses y por los más de 18 hospitales reconvertidos en el país dan como resultado miles de personas a la deriva en sus respectivos tratamientos, que pueden ir desde aquellos para el cáncer hasta para las tan mencionadas diabetes e hipertensión, comorbilidades que se ubican entre las primeras causas asociadas a las muertes por COVID-19.

A este respecto, en 2018 en México habían 8.6 millones de personas mayores de 20 años con diabetes; mientras que aquellas con hipertensión se ubicaban en 15.2 millones de personas. Estas enfermedades, año con año, elevan su incidencia sin que exista un programa claro o política pública del gobierno federal para afrontarlas.
La Federación Mexicana de Diabetes estima que apenas el 55% de los diabéticos recibe un tratamiento adecuado para controlar la enfermedad. Por su parte, los pacientes con obesidad generalmente carecen de un tratamiento adecuado, pues los profesionales de la salud no están capacitados para brindarlo, en lugar de ello, son estigmatizados y relegados hasta que desarrollan padecimientos crónicos o mortales.

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