El Cártel de García Luna: la red de los altos mandos de la PF permitió la tortura y asesinato de 12 agentes

Un reporte de la periodista Dolia Estévez reveló traiciones dentro de la corporación

Ramón Pequeño García (izquierda), Genaro García Luna (centro) y Cárdenas Palomino (derecha)  (Foto: Especial)
Ramón Pequeño García (izquierda), Genaro García Luna (centro) y Cárdenas Palomino (derecha) (Foto: Especial)

A lo largo de sus carreras policiacas, Genaro García Luna, Ramón Enrique Pequeño García, Luis Cárdenas Palomino e Iván Reyes Arzate, traicionaron a sus subalternos, permitiendo que fueran torturados, asesinados y violados por conveniencia propia y del grupo delincuencial al que servían, como ocurrió hace 11 años en Michoacán.

En su columna en el portal Sin Embargo, la periodista Dolia Estévez recordó que la semana pasada, García Luna, Pequeño García y Cárdenas Palomino fueron acusados de haber pertenecido al sindicato criminal que dirigía el ex secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón Hinojosa.

La Corte Este de Nueva York dio a conocer una nueva acusación contra Genaro García Luna que reemplaza la de diciembre, acusándolo de asociación delictiva junto con Pequeño y Cárdenas Palomino para traficar cocaína a cambio de sobornos multimillonarios del Cártel de Sinaloa. García Luna está preso en Nueva York. Pequeño y Cárdenas son considerados “fugitivos” y destacó que extraoficialmente se sabe que Estados Unidos pidió su arresto con fines de extradición.

Iván Reyes Arzate, testigo colaborador de la Fiscalía, señalado como fuente de la información en la que se basó el nuevo encauzamiento, también preso en Nueva York desde el pasado mes de enero. Y aunque el expediente de Reyes se encuentra aparte, también se desahoga en la misma corte neoyorquina y bajo el mismo juez.

Reyes Arzate y Genaro García Luna (Foto: especial)
Reyes Arzate y Genaro García Luna (Foto: especial)

Dolia Estévez destaca que Pequeño, Reyes Arzate y otros cercanos a García Luna, que siguen en cargos gubernamentales, fueron entrenados en la Academia de la DEA en Quántico, Virginia. Aprobaron los exámenes y polígrafos que les aplicó la agencia estadounidense como condición para ganarse su confianza.

En 2008, Pequeño nombró a Reyes Arzate director de la Unidad de Investigaciones Sensibles (SIU) de la extinta Policía Federal, grupo operacional y de espionaje creado, aprobado y financiado por la DEA. Está acusado de recibir cientos de miles de dólares del narco mientras era titular de la SIU. Tenía acceso a información “sensible” de ambos gobiernos que luego vendía a los cárteles.

Estévez destacó que la conexión de la DEA en el entramado de crímenes, intrigas, traiciones y corrupción es algo sobre lo que se habla poco en la prensa o en los tribunales estadounidenses.

“Los agentes de la DEA prefieren señalar con dedo flamígero a México, que responder cómo es que tantos de sus socios mexicanos, palomeados y graduados en su academia, estaban coludidos con el crimen organizado mientras colaboraban con ellos y cumplían sus órdenes”, resaltó la periodista.

“Cuáles fueron los métodos represivos tipo Gestapo que utilizó García Luna para controlar e intimidar. Quién resguardaba la información que permitió las ejecuciones de comandantes desleales. Quiénes decidieron sacrificar a los 12 policías en Michoacán en 2009. Se arriesgó Calderón a tener reuniones presenciales con los capos. Es (in)creíble que no sabía nada de lo que sucedía bajo sus narices como dice”, escribió en su columna.

Dolia Estévez habló con una fuente confidencial que protagonizó y atestiguó los hechos y quien le dio detalles de lo que sucedió, por lo que pidió hablar bajo condición de anonimato por temor a represalias.

Nadie se manda solo

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El 13 de julio de 2009, un grupo de élite de once hombres y una mujer, perteneciente a la sección de Antidrogas de la Policía Federal, cuyo titular era Ramón Enrique Pequeño, fueron enviados a Arteaga, Michoacán, a realizar trabajo encubierto.

“Fue una decisión pésima de Pequeño mandar a tantos a un pequeño poblado. No pasaron desapercibidos. Fueron capturados por sicarios de Servando Gómez, ‘La Tuta’, líder de La Familia Michoacana. Utilizaron el celular de uno de los detenidos para llamar a la Policía Federal. Inicialmente, esta negó que eran elementos suyos, pero tras las súplicas de las víctimas, lo admitieron”, escribió Estévez.

Ramón Pequeño y los jefes directos de los capturados decidieron no hacer nada. Fueron cruelmente torturados y asesinados. La compañera, violada por más de uno de los sicarios. Fue el día más negro para la Policía Federal.

En las estructuras de gobierno del ámbito policial nadie tomaba decisiones, sin antes consultarlas con la cúpula. Nadie a ese nivel se mandaba solo. Pero lo que normalmente sucedía era que los que mandaban, ordenaban a los de más abajo hacer el trabajo sucio para así no ver involucrado su nombre, resaltó.

La periodista destacó que la autorización de abandonar a los agentes llegó de más arriba y, de acuerdo a la cadena de mando que existía, el siguiente nivel superior de Pequeño era García Luna. Decidieron sacrificarlos porque servía para justificar la guerra contra grupos delincuenciales que rivalizaban con el Cártel de Sinaloa. Fue el pretexto para el despliegue de miles de elementos por tierra, mar y aire poco después en Michoacán.

Los 12 compañeros asesinados eran diez elementos del Grupo Especial de Operaciones, así como un hombre y una mujer del área de la Dirección de Investigación contra el Crimen Organizado, pertenecientes a la sección Tercera o sección Antidrogas, de la que era titular Pequeño.

Dolia Estévez destacó que una parte de esa plantilla del área Antidrogas que dirigía Ramón Pequeño sigue en el Gobierno actual. Los que eran escoltas, ahora son directores de áreas. Se los trajo Francisco Almazán Barocio, actual jefe de la Policía de Investigación de la Fiscalía General de Justicia de la CDMX, sucesor de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad de la CdMx.

En 2009, cuando asesinaron a los policías, Almazán Barocio trabajaba bajo la órdenes de Ramón Pequeño y era jefe inmediato de algunos de los compañeros sacrificados. Recibió entrenamiento de la DEA.

Sobre Pequeño -destaca la periodista- se sabía que tenía vínculos políticos muy fuertes con el Gobierno actual, como asesor de Alfonso Durazo.

Dolia Estévez destacó el desmentido realizado por el propio Durazo en su cuenta de Twitter asegurando que Pequeño “no ha tenido ni tiene nada que ver” con la administración de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana que dirige.

Miedo a desaparecer

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La comunicadora destacó que cuando Genaro García Luna fundó la AFI, había cierta admiración de muchos, porque estaba evolucionado la policía. Los sueldos habían mejorado, también las prestaciones, los uniformes, el parque vehicular, las armas. Sin embargo, al paso de los años y de los cambios de nombre, todo eso se fue perdiendo.

En el sexenio de Calderón, en el que García Luna tuvo todo el poder, la admiración fue menos. Era más miedo que otra cosa debido a lo poderoso que se volvió. Miedo a su poder y a los mandos que estaban junto a él. Miedo a decir, “no se acerquen porque desaparecen”.

Se sabía que era intocable. Que podía hacer lo que quería. La única gente que lo admiraba era su familia o sus muy allegados. Que más que nada eran lamebotas. García Luna amenazaba con hacer lo que le diera la gana al que se le interpusiera y más dentro de la corporación. Tenía el control de todo el país, destacó Estévez.

No sé si García Luna personalmente llegó a matar, pero tenía a su grupo. Por ejemplo, sus escoltas eran muy agresivas. Los escoltas de su mujer también. Él tenía vehículos para su familia, para todos los que él quería. Todo era pagado por el erario público. La gasolina. Los vehículos, el servicio, las llantas, todos los gastos. Comida, muchos lujos, una vida llena de excesos pagada por el pueblo mexicano”, escribió la periodista.

Dolia Estévez recordó que la detención de Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo”, en enero de 2008 en Culiacán, Sinaloa; provocó la ruptura del Cártel de Sinaloa en dos grandes vertientes. Por un lado, la familia Zambada junto con la familia Guzmán y por el otro, los hermanos Beltrán Leyva. Esa división, a su vez, se trasladó a las filas de los altos mandos de la Policía Federal involucrados en sobornos.

“Los comandantes tuvieron que tomar partido entre “El Chapo” y “El Mayo”, o los Beltrán Leyva. Luego empezó la depuración de comandantes. En un lapso de poco más de un año, hubo una serie de asesinatos de mandos de la corporación como Roberto Velasco Bravo (director de Crimen Organizado de la división, entrenado por la DEA en Quántico, recibió un balazo en la cabeza), Édgar Eusebio Millán Gómez (jefe interino de la Policía Federal, ejecutado en una emboscada), Igor Labastida Calderón (comandante de la Policía Federal Preventiva, asesinado en un restaurante), Édgar Enrique Vallardo del Villar (ex comandante de la Policía Federal Preventiva, informante de la DEA, ultimado en un Starbucks) y otros. Todos asesinados en el contexto de la división en el Cártel de Sinaloa. Era gente que les estorbaba porque pertenecía a otro cartel”, destacó.

Otro par de suceso que marcaron la división y la corrupción fue la detención de Jesús Reynaldo Zambada García, “El Rey”, y la narcofiesta en el Desierto de los Leones en búsqueda de Harold Mauricio Poveda-Ortega, “El Conejo”, el primero ligado con el entonces comandante Edgar Enrique Vallardo del Villar (ejecutado en 2009) y el segundo con Víctor Gerardo Garay Cadena (quien acusó a la extinta PGR de fabricar pruebas).

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Los testigos en el juicio a Genaro García Luna (Gráfico: Infobae/Jovani Silva)
Los testigos en el juicio a Genaro García Luna (Gráfico: Infobae/Jovani Silva)

“Se sabía que los autores de las ejecuciones no eran los narcos directamente. Que fue fuego amigo. Era un secreto a voces. Se sabía que los comandantes en ese entonces tenían vínculos con un cártel y García Luna con otro. Había que eliminar a los que estorbaban”, destacó Estévez.

Es muy difícil comprobar que fueron crímenes tramados desde adentro. Finalmente son versiones, pero después llegó gente que estaba alineada a ellos. Desaparecieron los que estorbaban y aparece gente que es de su plena confianza. Claro, se los acreditaron a la delincuencia organizada, pero, ¿cómo es que la delincuencia organizada tenía exactamente los horarios, los domicilios de los comandantes? Esa fuga de información, bajo resguardo secreto, fue muy delicada, destacó.

Esos datos estaban resguardados en el Centro de Mando en Iztapalapa, donde muchas veces se hacían las presentaciones de los detenidos por Ramón Pequeño. También en el bunker que tanto presumía García Luna, donde estaba Plataforma México, con la información de todos los policías. No había acceso con excepción a unos cuantos comandantes relevantes. ¿Quién daba esa información? García Luna era el que partía el queso. El que tenía todo el uso y abuso de la información, escribió Estévez.

A nivel de la policía de a pie, no se sabía qué comandante estaba con qué cartel. Los mandos daban cierta información para que fuera investigada, pero la policía no sabía de dónde venía. Las órdenes venían de García Luna porque Pequeño todo le informaba. La policía no podía hacer una investigación sin que ellos estuvieran enterados.

Los mandos siempre cambian de sexenio a sexenio porque son puestos políticos, son gente de confianza de los presidentes y de los secretarios. Hacen su riqueza, se vuelven ricos, y se van. Pero los policías se quedan, señaló.

La periodista finalizó su columna destacando que hay muchos policías que denunciaron irregularidades que han sido dado de baja de las corporaciones. Algunos con amenazas, otros han sido asesinados.

“La cuestión era deshacerse del policía incómodo. Al elemento que estorbaba, lo iban haciendo a un lado. Si no, lo cambiaban a otra dirección. Como se decía, ‘lo recomendaban’ de mala manera para que, cuando llegara a otro lado, lo castigaran hasta hacerlo renunciar. Todo porque no hizo lo que ellos querían. Muchos otros han salido al exilio, concluyó.

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