
En la lista de los más buscados de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) no sólo se encuentran hombres sino también mujeres a las que se acusa de una serie de delitos relacionados con el narco.
Una de estas mujeres, a la que se identifica como una fugitiva casi tan peligrosa como al “Narco de narcos”, Rafael Caro Quintero, es Ana María Félix “La Doña”, uno de los 181 objetivos prioritarios de la agencia, quien tomó la ciudad de Los Angeles como su centro de operaciones.
Las autoridades le siguen la pista desde hace años por ser la presunta responsable de cruzar cargamentos de heroína desde México y distribuirlos por todo el sur de California.
Aunque su grupo criminal se desarticuló hace una década, “La Doña” desapareció sin que las autoridades pudieran establecer el nombre del cártel mexicano que le surtía la droga y las pandillas que la ayudaban en la distribución.
De acuerdo con su ficha de búsqueda, de los pocos datos que se conocen de ella se sabe que tiene color y ojos cafés y que su último domicilio conocido fue en Paramount, California.
Pero se desconocen datos fundamentales como su fecha y lugar de nacimiento, aunque se presume que es mexicana, edad y datos familiares.
Según la DEA, al menos 22 personas (la mayoría hombres) obedecían las órdenes de “La Doña”.
Agentes antinarcóticos le siguieron la pista a su célula criminal desde 2010 y lograron desarticularla, pero “La Doña”, apodo que se ganó por la similitud entre su nombre y el de la actriz María Félix, se fugó.

Su ficha de búsqueda advierte que quien la encuentre “tome precauciones” y la describe como una mujer de alta estatura y complexión delgada.
Su grupo usó varios métodos para no ser detectado: en ocasiones los traficantes escondían la droga en la suela de sus zapatos para cruzar las garitas peatonales y ya en este lado de la frontera la ponían dentro de las luces traseras de sus autos o de globos de colores para entregarla a sus compradores, de acuerdo con un reporte de Univision.
La DEA siguió a los distribuidores de Félix hasta estacionamientos de restaurantes, negocios y centros comerciales en Los Ángeles, Pico Rivera, Montebello, South Pasadena y otras ciudades.
A pesar de estar en la lista de los más buscados desde hace casi una década, se sabe que hasta 2011 estuvo en contacto con sus cómplices, que en distintas ocasiones burlaron la vigilancia en la frontera, e incluso con algunos de sus consumidores

“La Tía”, como también se le conoce, se encuentra en la misma lista que los cabecillas de los cárteles Jalisco Nueva Generación (CJNG) y de Sinaloa, Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho” e Ismael “El Mayo” Zambada, respectivamente.
Sin embargo, no se especifica cuánto se ofrece a quien proporcione información que lleve a su captura. Mientras que por los otros narcos mexicanos que aparecen en la misma lista se ofrecen entre USD 20 y 10 millones, la primera es la cifra histórica que se ofrece por el “Narco de Narcos”, Rafael Caro Quintero, a quien se le busca por la tortura y asesinato del ex agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar en 1985.
“La Doña” no es la primera mujer mexicana que se encumbró en el mundo del narco. Ignacia Jasso, “La Nacha”, y María Dolores Estévez Zulueta, “La Chata fueron dos mujeres que durante la primera mitad del siglo pasado dominaron el narcotráfico en México y establecieron las bases para un negocio que capta parte importante de los USD 52. 844 millones de dinero ilícito que al año se mueven en México (según el dato de Global Financial Integrity a 2013) y que representa entre 2 y 3% del Producto Interno Bruto (PIB).
“La Chata” fue pionera en infiltrar los cuerpos de inteligencia en México para sobornarlos y corromperlos, una muestra son sus siete ingresos y salidas de distintas prisiones en las que sólo cumplía sentencias cortas.
Hasta ahora ha sido el único criminal declarado enemigo público número uno por un decreto del Presidente de México. Sin embargo, hay quien considera que su aportación al mundo del narco está sobrevalorada, pues mientras Ignacia Jasso llegó a controlar el comercio de drogas en estados importantes, como Sinaloa y Chihuahua, el dominio de Estévez Zulueta se limitó a la zona del popular barrio de La Merced, en la Ciudad de México y sus operaciones se concretaban al narcomenudeo.
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